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VIAJES

Menorca: mucho más que calas y avarcas

Menorca: mucho más que calas y avarcas
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martes 10 de julio de 2018, 16:57h
No hace falta viajar al Caribe para disfrutar de unas vacaciones idílicas.

Aguas cristalinas, arena blanca, calas de ensueño… y eso es solamente el principio. En realidad no es necesario realizar largos vuelos y escalas interminables para llegar a un destino paradisíaco. Menorca es un claro ejemplo de ello. A menudo nos empeñamos en conocer lugares lejanos cuando tenemos sitios increíbles a poco más de una hora en avión.

Evidentemente, el mayor reclamo de la isla Balear son sus abundantes calas y playas que parecen imágenes robadas de bonitas postales. Todas y cada una de ellas tiene su especial encanto y si se viaja a Menorca es imprescindible visitar al menos las más típicas: cala Pregonda, cala Galdana, cala Macarella, cala Turqueta, Cala en Porter, Son Saura, SaMesquida, Son Bou… Por nombrar algunas, aunque la oferta es tan amplia que si vamos varios días podemos permitirnos el lujo de no repetir. Las calas en Menorca, aunque muy distintas entre sí, se caracterizan por tener aguas cristalinas, fina arena blanca y en muchos casos una frondosa vegetación. Afortunadamente, aún se conservan muchas calas salvajes a las que no siempre es fácil acceder pero el paseo hasta allí merece la pena: poca gente y vistas increíbles constituyen el marco perfecto para disfrutar de un día de playa perfecto si no somos asiduos clientes a los chiringuitos ya que aquí no los encontraremos. Es el caso de cala Escorxada, al sur de la isla, una de las más difícil acceso, ya que se tarda casi dos horas en llegar andando.

Además, viajar a Menorca tiene muchas ventajas para los amantes del deporte ya que la oferta es amplia: submarinismo, buceo, cicloturismo, rutas a caballo, e incluso trailrunning por el Camíde cavalls (o camino de caballos) un precioso sendero que permite dar toda la vuelta a la isla por la costa recorriendo todas sus recónditas calas y atravesando barrancos, bosques y campos. El origen del nombre de este camino se remonta a la época en la que la isla estaba bajo la dominación inglesa y los soldados británicos cabalgaban de costa a costa realizando la vigilancia de la isla. El sendero del Camí de cavalls es de gran belleza y por ello se ha recuperado y señalizado para que se puedan realizar distintas rutas, ya sea caminando, corriendo, en bicicleta e incluso a caballo. Recorrerlo en su totalidad no es cuestión de un rato sino de varias horas (en total son un poco más de 200 kms) pero merece la pena si se dispone de varios días ya que se pueden hacer distintos tramos y recorridos en función de nuestra forma física y del tiempo del que dispongamos. SaMesquida

Para hacer turismo existen varias opciones recomendables aunque en realidad la isla es un sinfín de lugares mágicos que muchas veces nos sorprenden de forma inesperada.

La visita a la fortaleza de la Mola es un plan perfecto para un día nublado ya que se trata del mejor ejemplo de arquitectura militar del siglo XIX que ofrece la isla y desde dónde se pueden apreciar unas vistas espectaculares.

Además, es recomendable visitar el Monte Toro, en el centro de la isla, que cuenta con un mirador desde dónde se puede ver una increíble panorámica de la isla. Muy cerca se encuentra el Santuario de la Virgen del Monte Toro que es la patrona de Menorca y que también merece la pena conocer.

Las puestas de sol en Menorca tienen un encanto especial y más si se disfrutan degustando la ginebra autóctona de la isla Gin Xoriguer, en La CovaD´en Xoroi. Un plan perfecto para saborear una copa en un entorno chill out mientras se pone el sol y se inaugura la noche menorquina. La CovaD´en Xoroi constituye un original concepto de discoteca en un entorno privilegiado de cuevas naturales donde se puede bailar hasta altas horas de la madrugada o tomar una copa en alguna de sus mesas si se prefiere un plan más tranquilo.

Durante los meses de verano, los martes por la noche Mahón ofrece un improvisado escenario con música en directo repartida por los diversos rincones de la ciudad. El plan perfecto consiste en calzarse unas avarcas (el calzado típico menorquín) y pasear por las concurridas calles de Mahón para curiosear por el mercadillo nocturno donde se puede encontrar desde artesanía hasta bonitos pendientes y pulseras hechos a mano. Para descansar, nada como sentarse en una de las numerosas terracitas a degustar un vaso de pomada (bebida típica menorquina a base de ginebra y zumo de limón) mientras escuchamos buena música en directo.

De comer, lo más típico menorquín: el queso de Mahón con denominación de origen, la sobrasada, la caldereta de langosta, la coca menorquina…

No hace falta viajar al Caribe para disfrutar de unas vacaciones idílicas, sencillamente… ¡Mediterráneamente!

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