El PSOE felipista abrió la veda de los nascituri inaugurando el aborto en España bajo tres supuestos que eran una engañifa para que los matarifes extendieran al por mayor certificados de “peligro para la vida de la madre”, situación muy de película mexicana de los años 50. El PSOE felipista también aprobó la fecundación in vitro, donde el homo faber hace homines fabricatos, donde el ser humano se convierte en mercancía. Es curioso cómo el socialismo mientras denuncia la alienación capitalista, convierte en mercancía a los seres humanos. Es curioso cómo el socialismo, denunciando la dialéctica patrón-obrero, devuelve al pater familias el derecho de vida y muerte sobre sus hijos. Incoherencias del afán de poder, que sacrifica la lógica a los votos. Eso sí, en aras de la igualdad el derecho a matar se extendió a la mater familias.
El PSOE zapaterista convirtió el aborto en un derecho. Antes era un delito despenalizado (cuadratura del círculo) y ahora es un derecho. Debe ser por el progreso indefinido. El PSOE zapaterista inauguró el derecho a lo torcido. Pero, como decía Delibes, matar no es progresista.
Hay un descenso alarmante de nacimientos en España. La solución socialista a tamaño problema, con el servilismo del PP, ha consistido en promover la muerte de cientos de miles de españoles (y españolas) por el aborto.
Para completar el círculo de la justicia social, el PSOE sanchista quiere aprobar ahora la eutanasia, cuando la medicina española ha logrado aplicar unos cuidados paliativos del más alto nivel. Pero Sánchez quiere consagrar el derecho al suicidio asistido, o sea, obligar a facultativos a suicidar, y así so capa de libertad absoluta kantiana, aligerar el erario público. Sea lo que fuere es otro atropello a la dignidad humana. Una invitación a los mayores a pedir pista para el despegue. En el buró del ingeniero social, enlazado al mitin irracional y al titular del telediario, todo cuadra. Pero la realidad social convierte a la eutanasia en una agresión psicológica a los mayores al acentuar su autopercepción de seres inútiles y acaba aplicándose a miles de ancianos que no la han pedido (véanse por ejemplo los informes del caso holandés).
La necedad compulsiva e injusta de felipistas, zapateristas y sanchistas contra la vida humana, con la claque del PP, merece realmente la desaparición política de estos agentes que provocan tantos pacientes. Pero no parece que Podemos y Ciudadanos deseen rectificar la senda de agresión a la vida, el primer derecho humano. Tratan de aliviar su conciencia, o lo que queda de ella, defendiendo a esos migrantes y a los toros del acoso taurino. Mas la solidaridad bien entendida empieza por uno mismo. Esos lamentos por las pateras a la deriva no son creíbles cuando en España no está garantizado el derecho a la vida y a la muerte digna (que nada tiene que ver con el suicidio asistido).