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Listas de la vergüenza

Diego Medrano
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diegomedranotelefonicanet /12/12/23
martes 17 de julio de 2018, 20:04h

Pedro Sánchez estaba obsesionado en campaña con la “lista de la vergüenza” por parte de Hacienda. La de los amnistiados fiscales, la del perdón a los muy ricos, la del borrón y cuenta nueva: “Trae el dinero de Suiza, Compi, que aquí no pasa nada”. Decía cosas del tipo: “Si no la publica Mariano será lo primero que hagamos nosotros en cuanto lleguemos al poder”. Parece ser que la iniciativa es complicada, hay inviolabilidad de datos privados, no es posible publicar las cuentas de un ciudadano cualquiera, pero, aparte, según un río de rumores (“El rumor es el florón de las sociedades silenciosas”, decía Luis de Apostúa, decano del periodismo español) es que igual, tal vez, presuntamente, Pedro Sánchez se podría encontrar con muchos amigos de sus siglas en ese conglomerado. ¿Para qué desestabilizar el país de este modo?, se preguntan los cursis. Lo mejor es callar, pasar, fue una iniciativa desafortunada desde el punto de vista moral pero muy buena desde el práctico, hacer caja. Paciencia y barajar, déjalo correr, Pedro, etc…

Lo que nadie parece hacer caso es la lista que a finales de junio (hace un mes), concerniente a finales del 2017 (hace un año) publicó Hacienda con todos los que le deben más de un millón de euros. Rodrigo Rato (expresidente de Bankia), Miguel Bosé (músico), Mario Conde (exbanquero), Daniel Alves (deportista)… 4.315 morosos. El origen de esta segunda lista de la vergüenza nació prendida de las pajas de la polémica: muchos fueron los despachos de abogados y fiscalistas que se opusieron a ella. Su origen, en 2015, tuvo un carácter disuasorio para que pagaran los que no lo hacían, según Cristóbal Montoro. Vamos al dato: 1.821 contribuyentes de la primera lista (2015) han liquidado su deuda por importe de 510 millones de euros. Además, todavía más importante, unos 680 contribuyentes de la lista del año pasado que debían 1.650 millones, ya no figuran en el listado de 2018. Su baja se debe tanto a la cancelación total o parcial de las deudas o por un pacto con la Agencia Tributaria para abonar las cantidades pendientes. Entre ellos el Elche Club de Fútbol, el Albacete, el Aeropuerto de Castellón o la productora Vértice 360. El año pasado también abandonó la lista el motorista Dani Pedrosa. Vaya, vaya, parece que las listas dan sus frutos…

Todo tiene que ver con un inmaterial que para muchos no existe hasta que le señalan con el dedo en un restaurante de alto copete o le siguen por la calle sin disimulo y con una pancarta de deudor: la reputación. La reputación impide hacer negocios, impide fiarse, impide ganar dinero, impide crecer. Siempre lo he dicho: la sospecha es un virus, se te mete dentro y ya no hay vuelta atrás; no existe el fiarse después de haber perdido la confianza por entero. Veo bien las listas de la vergüenza, saber quién es quién, luz y taquígrafos para todos, el fin del negocio negro y de la picaresca de las maletas repletas de billetes al extranjero. Otro dato que parece obviarse o se menoscaba es el del sector inmobiliario: hasta 15 de las sociedades más morosas con el fisco están vinculadas con el sector inmobiliario. Vamos a decirlo más claro: 1.500 millones en este sector (en la cúspide del infausto repertorio se sitúa Reyal Urbis, con una mora de 360 millones). Las constructoras de toda la vida, los chanchullos putrefactos del cemento y tantos de sus dirigentes presumiendo por antena que no sabían leer ni escribir, jamás habían leído un libro y firmaban con una equis (pienso en uno, al que le gustaba mucho Coslada, pero no voy a decir su nombre). El putrefacto negocio del cemento, jamás claro en este país, el de los yates y la “beatiful people” antigua (de Jesús Gil a El Pocero o Sandokán): todos en las revistas del papel cuché como ídolos vacuos todavía no sé de qué, presumiendo de sus fajos, mujeres y horteradas. Decía lord Anson: “Ves los yates de todos esos tíos y no hay una biblioteca mínima en ninguno”.

Hay más listas, las de la compra del español medio, que muchos se han tenido que apretar el cinturón para que sus hijos estudien carreras para las que no hay trabajo. Las de los jubilados, que con seiscientos euros no pueden hacer maravillas y los que no tienen casa se tienen que ir a comprar comida robada a ciertas plazas de Madrid porque no les llega. ¿Son culpables las listas primera y segunda con esta tercera de la que hablo ahora o es un delirio por culpa del calor? ¿No es la mayor vergüenza una lista de la compra que puede finalizarse ni llevarse para el hogar? Solo sé una cosa: Rafael Gómez Sánchez, alías Sandokán, tiene pendiente de pago más de 110 millones con Hacienda. Dicho empresario que llegó a emplear 8.000 trabajadores y pilotar 50 sociedades, duerme desde el pasado diciembre en prisión para cumplir una condena de cinco años de cárcel por su delito contra Hacienda. ¿No creen, señores, que está demasiado solo y podíamos meterle más compinches, en sus mismas condiciones pero que no se sabe, para darle brea y velocidad a los naipes y el tinto de reserva de tapadillo?

Diego Medrano

Escritor

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