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RELATOS

Juan Eduardo Zúñiga: Fábulas irónicas

domingo 05 de agosto de 2018, 15:50h
Juan Eduardo Zúñiga: Fábulas irónicas

Ilustraciones de Fernando Vicente. Nórdica. Madrid, 2018. 112 páginas. 17,50 €.

Por Francisco Estévez

El tiempo de la canícula puede ampliarse hasta el dulce desmayo en la morosa lectura de estos breves, intensos y magníficos relatos, por fin aunados en libro bajo el membrete de Fábulas irónicas (algunos han ido apareciendo en la prensa, ocho de ellos, si mal no recordamos, entre abril de 2002 y agosto de 2004) y que han tenido como interlocutor al avezado profesor Luis Beltrán Almería, quien ha narrado la protohistoria del libro, amén de contextualizarlo y ligarlo con acierto al Stefan Zweig de Momentos estelares de la humanidad: doce miniaturas históricas (léase aquí).

No es azaroso que uno de los más relevantes teóricos mundiales sobre la ironía sea quien se ocupe del libro pues resulta este sentir el hilo rojo que trenza las costuras íntimas acaso invisibles del presente volumen. Y, en honor al marbete de Fábulas irónicas, espere aquí el lector narraciones muy breves con sugerencias didácticas y validez universal, aunque al mismo tiempo la realidad quedará en placentero suspenso, no así la verosimilitud, descompuesta en virtud del distanciamiento irónico. Los protagonistas, sin embargo, serán humanos mas parecieran desfigurados en animales y otras bestias en virtud de sus sentimientos, infames y grotescos.

El mundo literario de Juan Eduardo Zúñiga ha sido bien sintetizado por Fernando Valls y no conviene repetir lo que ya ha sido felizmente enunciado. En el presente libro el madrileño rescata unas deliciosas fábulas, basadas en olvidos históricos, fingidos o no, que trenzan el odio, la ambición, los celos, el desprecio… Situado en pasajes como la Roma clásica, Constantinopla, el mundo ruso (donde hace valer sus amplios conocimientos eslavos), pinta cargado de matices la carcoma del poder o la oscura violencia, frustraciones de distinto pelaje, en suma, con extraordinario pincel. Desde una encomiable lección de irreductible insumisión a manos, ojos y sonrisa de la zarina en “Una tenaz desobediencia” hasta una estupenda reflexión sobre el paso trascendental de la escritura: de acto de magia a registro de historia en “Escrito en las paredes”.

Alguna fábula, sino todas, convendrían ser lectura de recibo en bachilleres y no tan jóvenes. Así “Huelga de hambre en Roma”, donde se condensa un certero mantra: “¿Sabes por qué he obrado así? Pues porque en Roma manda un tirano, y una tiranía crea hombres torpes y vacilantes, que son los que la mantienen. Nos impide decidir como ciudadanos y no sabemos actuar como enemigos. Cuanto más le odiamos, más errores cometemos. La pestilencia del déspota a todos contamina”. Y también sirviera para edificar caracteres el muy actual “Sublime ejemplo” basado en la contumacia del error y las caídas del envanecimiento. Y también sobre el olvido, en suma, y lo vacío que deja el alma.

La recopilación de estos brevísimos relatos son otra muestra más de la exquisita escritura de uno de nuestros mejores cuentistas en lengua española y, en la actualidad, acaso el decano de todos ellos (Madrid, 1919). Y, por tanto, poco que añadir a la trayectoria de Juan Eduardo Zúñiga quien arrastró el cliché falaz de autor secreto. Tras la excelente trilogía de la Guerra Civil Largo noviembre de Madrid (1980), La tierra será un paraíso (1991) o Capital de la gloria (2003), mereció sobradamente el Premio Nacional de la Crítica. Y más tarde, ya en 2016, recibe el Premio Nacional de las Letras Españolas. Pero, en cualquier caso, lo que más debe importarle al curioso lector y al mundo literario en español: vuelve Zúñiga, maestro del relato corto.

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