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TRIBUNA

Pólvora en chimangos

jueves 16 de agosto de 2018, 20:23h

Un clásico del tango, el famoso Cambalache de don Enrique Santos Discépolo parece seguir siendo referencia o espejo de lo que sucede en la melancólica, vapuleada Argentina (Que siempre ha habido chorros, / Maquiavelos y estafaos, / contentos y amargaos, / valores y duble… / Nada es mejor / lo mismo un burro / que un gran profesor / No hay aplazaos / ni escalafón / los inmorales / nos han igualao...). Sin embargo, hacia el exterior este país de los confines del Sur exhibe con orgullo un Papa y una Reina y, alguna vez, en épocas ya remotas, una enseñanza pública y una reforma universitaria que sirvió de modelo en el mundo; pero que ahora, hacia dentro, se parece a la repúbliqueta de una mala novela de García Márquez o de Kafka, dos maestros de la ficción que, sin duda, hubieran alcanzado la categoría de costumbristas de haber nacido entre nosotros.

Frente a estas casi fabulosas sagas de corrupción, que agotan toda capacidad de asombro, los periodistas políticos deben enfrentarse con una dificultad que es tal vez insoluble; esto es, dar a cada caso el dramatismo novelístico para mantener el interés de los atónitos seguidores; aunque eso surge sin el mayor esfuerzo. Con casi dos semanas de vida, el escándalo de los Cuadernos Gloria, o Cuadernos Gates han alcanzado una categoría desconocida en la historia periodística argentina. Esto es, sin duda, por su propia dinámica, contexto y características, y parece no haber nadie en condiciones de frenarlos. Más allá de los cuadernos (o de las meras fotocopias de los cuadernos, porque los originales, se dice, fueron quemados), aparecen otras pruebas demoledoras, sobre todo para el olfato empresarial, que multiplican en las últimas horas la urgencia del establishment por presentarse ante el juez de la causa. Y de ninguna manera es altruismo, sino miedo a la onda expansiva.

Quizá un exquisito del lenguaje (alguno de los cuarenta y seis miembros de la Real Academia de la Lengua de Madrid), digamos, podría incluso objetar la palabra descubierta para la figura jurídica con que muchos han elegido colaborar: “arrepentidos”. ¡Y vaya ironía si las hay! Los coimeros, más que arrepentidos, en este caso, parecen presentarse como rehenes de situaciones que ponen en riesgo desde sus negocios hasta la seguridad física. Si el caso de los cuadernos fuera una obra de un sainete criollo, o una zarzuela (en verdad merecería serlo), se podría decir que desde su estreno, y tras las primeras funciones, el impacto no ha sido el mismo en la platea o en la crítica especializada que en el superpullman o el gallinero. Los deslices de algunos grotescos protagonistas lo confirman. Y hasta nos divierten o indignan, que es lo peor y más perjudicial para la salud.

El sismo que se registra en toda la dirigencia y en los medios difiere de lo que ocurre mayoritariamente en la popular del teatro o de la cancha, harta de tanto disparate. Sucede que vivimos en una sociedad anestesiada y descreída de todo, como consecuencia de la orgía impune de hechos de corrupción de los últimos setenta largos años (no nos limitemos a los doce del kirchnerismo ni a los apenas casi tres del macrismo), que siguen ahora con mucha desconfianza y moderada expectativa el desarrollo vertiginoso de la mayor causa conocida sobre los negociados entre políticos, funcionarios estatales y judiciales, los llamados empresarios, la mayoría de ellos enriquecidos con la obra pública (ahora se denomina “El club de la obra pública” o “La Patria Contratista”). Pero bueno, llamémosle piadosamente de esas ambiguas maneras, por no calificarlos de tránsfugas y vulgares delincuentes con la crudeza que merecen).

Aclaro, que yo me sostengo en percepciones grupales de los que miden cada día la tarea del juez y del fiscal de la causa, pero podrían empezar a cambiar las reglas tras la abrumadora acumulación de pruebas que empiezan a asomar, junto con la caída y las confesiones de ejecutivos y dueños de grandes corporaciones a los que nadie imaginó ver alguna vez tambaleantes en el banquillo de los acusados. Con la revelación de estos hechos que salen a luz, el sistema parece crujir de verdad. ¿Será tan así? ¿O siempre habrá una añeja sombra de duda?

Mientras tanto, esas suspicacias y ese descreimiento cívico tienen consecuencias sociales y políticas graves; a pesar de las evidencias que, como cataratas, surgen de la causa en la que se refugia buena parte de la dirigencia peronista del conurbano bonaerense, sumados ahora los CEOS del actual gobierno macrista. Porque aquí no se salva nadie de estos matrimonio por conveniencia y padeceres (y también placeres de prácticas sadomasoquistas). Pues esta dirigencia –todos de un lado y otro- ya está debidamente expuesta y no resiste ante los hechos y la gran usina que los pone en tela de juicio. Este es uno de los grandes motivos que impiden vislumbrar con certeza las derivaciones político-electorales de los ahora Cuadernos de la Corrupción.

Un sondeo a vuelo de pájaro reafirma la altísima desconfianza en la Justicia que mantienen los argentinos. Coincide en parte con un informe publicado ayer por el diario Clarín. Bastante más de la mitad de los consultados sobre la investigación surgida de los cuadernos afirma que “a la larga no pasará nada”. Grave el caso, por supuesto. Antecedentes no faltan. La mayoría somos hijos de la “bella” Italia y acaso de lo más endeble de la inmigración española. Y si basta un paradigma, nada mejor que el famoso “Mani Pulite”, que culminó en el gobierno de Berlusconi. Y no pasó gran cosa. Ahora bien, si al presente mencionamos (excluyendo a Venezuela que rebasa cualquier copa de locura), nos basta referir al epopéyico y atildado Donald Trump, como el moderno Guillermo de Normandía, que disputa con China el tema de energía nuclear en la Patagonia.

Contra la percepción ampliamente difundida por la encuesta referida, me asombra que sólo la mitad considera que “es cierto que los Kirchner recibían bolsos con dinero”; aunque, como contrapeso, menos de un tercio se animan a afirmar rotundamente que puede “ser mentira”. Ese es, me parece, el núcleo duro del kirchnerismo, que sigue aguantando con firmeza la tormenta aunque le lluevan valijas o bolsos con dólares contantes y sonantes, claro. Lo destacable es que no todos los que rechazan a la exitosa doctora Kirchner la condenan y, tal vez, vacilarían en ponerla entre rejas por el resto de su vida. Casi un cuarto (los indecisos de siempre) prefieren no contestar o decir que no saben.

En ese tortuoso atajo tampoco nos debería llamar la atención la reciente verborrágica irrupción del juvenil diputado Máximo Kirchner, muchacho cerril e impetuoso, digno seguidor de mamá y papá, que en clave de campaña, pero también de contraofensiva (o preventiva, justo cuando empiezan a hervir las versiones de que las causas por corrupción serán parte de la herencia que le ha tocado de sus progenitores) haga acto de presencia. Sus funciones al frente de los negocios familiares, primero, y su rol en el poder político tras la muerte del ambicioso Néstor, empiezan a estar bajo la lupa a partir de ciertos indicios que aparecen en las investigaciones en curso y de algunas declaraciones crípticas escuchadas la semana pasada, que aludirían al diputado nacional e hijo del matrimonio ex presidencial.

También en este escenario de birlibirloque y magos de la retórica insustancial se inscribe la reciente (y, en apariencia, paradójica) reafirmación de los principales intendentes del conurbano y de los señores feudales de las provincias argentinas (llámense gobernadores) y de su disposición a jugar a favor de la doctora y sus fueros parlamentarios, pero con la condición de mantener cierta libertad de movimientos, sin quedar pegados al camporismo ni al llamado cristinismo no peronista. Un acto en los alrededores del conurbano bonaerense los mostró liderando esas tribunas; al mismo tiempo, preparan otro mitin que los acerque tanto como los diferencie. ¡Cosas del hibrido y complejo peronismo!

Como se ve la política líquida del país es muy funcional en tiempos inciertos. Sobre todo en la Argentina del “Viva la Pepa”. Otra encuesta previa a la aparición de los Cuadernos Gate que circuló por los despachos oficiales y por los de algunos conspicuos dirigentes peronistas bonaerenses sigue pesando hasta la aparición de otra encuesta que pueda mensurar con más certeza el impacto de las pruebas y las evidencias en el electorado del conurbano y de las provincias.

En varios de los más grandes distritos el sondeo le daba a la expresidenta una ventaja de 15 puntos sobre Mauricio Macri y algo menos de la mitad sobre la cándida gobernadora María Eugenia Vidal. Pero ojo, siempre arriba, ya que la maltrecha economía le juega en contra a los muchachos de Cambiemos. Eso reactivó en el oficialismo las especulaciones sobre algunas posibles ingenierías electorales para 2019, que incluyen una mayor disposición a evaluar con amplitud -si les conviene, por supuesto- tener elecciones anticipadas, desdobladas o unificadas. Por ahora son solo ejercicios dialécticos esperando que pase el temblor, como diría un escuálido rockero.

Lo cierto es que, aunque la situación judicial de la señora Kirchner se complica a velocidad supersónica, debido a las múltiples causas que la aquejan, no se advierten fugas masivas y ningún senador peronista se avergonzó por haber demorado otra semana la autorización, pedida por el discutido juez Bonadio, para allanar sus domicilios. Ni hablar del desafuero, al parecer palabra non sancta, aunque muchos ya se preguntan cuánto más podrán resistirlo si la causa de los cuadernos sigue con el alud de arrepentidos que en cada declaración le sacan una mano más de pintura a su retrato imperial.

Por eso, buena parte de los propagandistas de la doctora exitosa y de los justificadores intelectuales de la política en penumbras han moderado sus cuestionamientos a los Cuadernos para empezar a alertar sobre los riesgos de colapso del sistema político -que los pondría en tela de juicio, o presos a una buen parte, porque se salvan muy pocos- y económico del país a causa de lo que de esas anotaciones se ha ido comprobando y ampliando. A eso se suman los falsos defensores de un supuesto interés nacional que pregonan el apocalipsis rogando por su salvación personal.

Aunque todo lo expresado parezca ajeno, está demasiado ligado con las urgencias económicas del Gobierno, al que se le derrama la economía como agüita entre los dedos. Además de tratar de controlar las consecuencias negativas que el caso de los Cuadernos pueda tener sobre las cuentas públicas y la actividad privada. Tales razones hacen que el oficialismo busque como objetivo cada vez más urgente definir el presupuesto para 2019 y lograr acuerdos que le permitan aprobarlo. El FMI, que vuelve esta semana a la carga sobre el país, sigue con mucho interés y preocupación este tema. No será sencillo avanzar, aunque quizá el contexto pueda ayudar al Gobierno. Por poco tiempo, obviamente.

La economía que cruje y la corrupción estruendosa no le dan ventajas a nadie. Con el mundo bastante complicado la Argentina va camino de otro molesto corralito y la inflación con un dólar altísimo crea más desocupación y extiende la pobreza. A esto se añade la falta de confianza generalizada y el cuestionamiento creciente a los políticos sin distinciones hace que ningún espacio o dirigente sume con las desgracias ajenas. Y a nadie le sobra poder de veto. Por eso, el Gobierno podría lograr la aprobación en Diputados del ajuste expresado en el presupuesto que debe llegar al Congreso en menos de un mes. Solo tendría que procurarse del quorum. Lo demás, quizá, un simple trámite y algo de dinero a los gobernadores. Con eso, apenas necesitaría sumar para su causa a unos pocos diputados y senadores de otros bloques. Las ausencias harían el resto. Así, la oposición le daría la herramienta que necesita Macri sin pagar el costo de la adhesión ni el precio del obstruccionismo. En eso andan las conversaciones mientras pasan las hojas de los fotocopiados (supuestos Cuadernos). Ya se lo han hecho saber algunos peronistas que no lamentan las desgracias de Cristina, sobre las que aguardan muchas novedades esta semana. Porque el verdadero problema para el peronismo es la doctora Kirchner. ¿Qué hacemos con ella y con el vetusto senador Carlos Menem, con causas pero sin sentencia firme? Aquí nadie tiene sentencia firme ni el ex vicepresidente Amado Boudou ya en prisión. Ahora bien, ¿por qué no interviene la Corte Suprema de la Nación en tales casos de anomalías jurídicas?

La sociedad los mira a todos aún con moderado recelo y cierta expectativa, aunque con suficiente escepticismo, a la espera de parches más o menos tangibles, con algún que otro resultado concreto y -eso sí- “culpables en prisión”. La edad de la inocencia, cuento de Las mil noche y una noche, terminó hace mucho.

El señor juez Claudio Bonadio es un poco “el Viejo Vizcacha” del Martín Fierro. Pero ojo, no confundir. Es juez no confesor ni consejero de los hijos de Fierro. En sus manos -¡Ojalá en sus sabias manos!- aunque muchos lo dudan, están los alcances de una investigación que perturba incluso a sectores del Gobierno. Porque, claro, ¿qué macrista estaría en condiciones de afirmar que, en el futuro, arrinconado, un arrepentido no involucrará a funcionarios de la administración actual y se llevara puesto al presidente? Es la primera conclusión que surge al hablar con abogados y consultores que, convocados por contratistas del famosísimo “Club de Obra Pública”, e incluso antes de saber si serán o no citados, tienen ya delineadas estrategias de contingencia para zafar. Seguramente dirán que ese era el único modo de trabajar en la Argentina desde hace décadas. ¡Qué más da, también se arrepintió Rodión Romanóvich Raskólnikov, el reputado asesino de Crimen y castigo, la célebre novela de Dostoievsky!

Acaso de esas enojosas circunstancias depende la reelección de Macri. Bastarán unos meses para revelarle si llegó para formar parte de una “nueva Argentina” (la esperanza es lo último que se pierde, dice el refrán) que prometió refundar o si, por el contrario, deberá contemplarla desde afuera, como un Messi lesionado. En fin, ¡ojalá no sigamos pólvora en chimangos!

Roberto Alifano

Escritor y periodista

ROBERTO ALIFANO es escritor y periodista argentino, autor de algunos libros de poemas, de relatos y ensayos.

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