¿Cómo calificar a un acto de conmemoración de las víctimas si la figura que lo preside está cuestionada por una pancarta? Una locura. O peor, la institucionalización de un proceso revolucionario sin otro objetivo que el enfrentamiento civil…Varias narrativas pueden escribirse sobre la vejación que sufrió la semana pasada el Jefe del Estado en Barcelona, pero todas harán mención al silencio ominoso del Jefe de Gobierno ante el ataque que hemos recibido todos los españoles en la figura de nuestro máximo representante. Ese silencio cómplice con los golpistas se lo pone difícil al Rey. Hasta ahora era la Jefatura del Estado la única institución que estaba salvando la dignidad de la nación española en Cataluña. Creo que eso desapareció la semana pasada. Sé bien que el artículo 64 de la Constitución tiene maniatado a Felipe VI. El Rey poco puede hacer en términos constitucionales. Pero tendrá que llevar a cabo una acción regia de carácter imaginativo, algo parecido al discurso televisado del 3 octubre, para salir del enredo golpista de los separatistas catalanes.
Sí, los actos de conmemoración de los atentados terroristas de Barcelona marcan una nueva etapa en la escalada golpista de los separatistas. Las novedades de esa celebración están a la vista de todos, pero la mayoría de la prensa tiende a ocultarlas. Ahí tienen la primera singularidad del proceso de destrucción de una nación. La segunda novedad no se refiere tanto a que el Jefe del Estado, símbolo de la unidad y permanencia del Estado-nación, España, haya sido una vez más maltratado e insultado, sino que eso se ha llevado a cabo con la colaboración silenciosa del Gobierno de España. Si Sánchez no aplica ya el 155 o, al menos, pone inmediatamente en marcha el precepto constitucional con un requerimiento previo al jefe del mesogobierno regional, Quim Torra, por sus declaraciones de atacar al Estado español, entonces tendremos que pensar que el encanallamiento institucional es total. Todo sería falso. Se estaría haciendo pasar la anormalidad, la ilegalidad, por algo normal y hasta “legítimo”. Estaríamos instalados en un proceso de revolucionario sin fin.
Por lo tanto, si el Gobierno de Sánchez no reacciona contra el mantenimiento del golpe de Estado perpetrado por la canalla separatista en Cataluña, entonces podría pensarse que lo está alentado o, al menos, silenciándolo. Podría pensarse en un escenario aún más grave, que la prensa lo oculta bajo la cínica acusación de pasividad gubernamental, pero en realidad, el Gobierno actual de España sería el principal efecto de la acción de los golpistas. Huido Rajoy, pues que no puede interpretarse de otro modo su decisión de dimitir dos días después de una tramposa moción de censura, solo quedaría Sánchez como representación máxima de los golpistas catalanes. O sea el gobierno de Sánchez no habría sido doblegado sino que estaría al servicio de los separatistas. No crean que exagero, amigos lectores. Este escenario es tan plausible como cualquier otro.
En fin, si la prensa no quiere ver la situación de total encanallamiento de la vida política, o sea hacer pasar por normal la anormalidad, es por que ejerce una función análoga a la que en el pasado tuvo la férrea censura; sí, los periodistas, tanto los que forman en las filas del periodismo serio y doctrinal como quienes se sitúan en las páginas de la prensa venenosa, amarilla y desmandada, compiten por negar lo evidente. Lo real. “Un Rey en su sitio” afirman sin apenas argumentos los más atrevidos. De risa. No, hombre, no, cómo va estar en su sitio un Jefe del Estado que es maltratado por su Gobierno. Razonen un poco, por favor, ¿cómo alguien en su sano juicio puede aceptar de buena gana que el Jefe del Estado, Felipe VI, hizo lo que debía en la ofensa que los separatistas en complicidad con el Gobierno de España nos infligieron a todos los ciudadanos de España? No, por Dios; es inaceptable que los periodistas den por supuesto que Felipe VI actuó magníficamente, es decir, con cierta prudencia, porque aguantó con entereza la afrenta organizada a todos los españoles por los separatistas. Falso. La Constitución ya es papel mojado. Nada. Las cosas han ido demasiados lejos. El Jefe del Estado tiene que reaccionar de otro modo a no ser que también él coadyuve a que todos los españoles nos acostumbremos a vivir de cubito supino… ante los matones separatistas y sus colaboracionistas.
Sí, sí, los separatistas con la aquiescencia, lo repito las veces que haga falta, del gobierno de Pedro Sánchez nos insultan a todos los españoles en la persona del Jefe del Estado, pero este lejos de pedir explicaciones al Gobierno y al mesogobierno regional, estaría, según la prensa políticamente correcta, obligado a callar y tragar. ¿Es esto normal? ¡Para que queremos un Jefe del Estado que está humillado por los chalaos separatistas y un gobierno que no defiende a la nación española, al pueblo! El Jefe del Estado actuó con entereza hace un año y con inteligencia política en el discurso de octubre contra los golpistas, pero ahora es menester que cambie de registro… por el bien de la institución y de todos los españoles. O Felipe VI responde pronto al Jefe de Gobierno, Pedro Sánchez, o empezará a perder toda la legitimidad que ganó hace unos meses. O Felipe VI llama al Presidente de Gobierno de España a ejercer su oficio de modo decente o los ciudadanos empezarán a desconfiar de su plausibilidad institucional para comenzar a reconstruir las quiebras de la nación española
La pancarta del golpista Torra pone en peligro, ciertamente, la Jefatura del Estado. De España. Porque las ofensas públicas al Rey no son personales, o sea no están dirigidas al hombre Felipe de Borbón, sino al Jefe del Estado, es decir a todos los españoles, no podemos conformarnos con decir “El rey está en su sitio”. Falso. El rey estaba en el cadalso. No vivamos de engañarnos para seguir sobreviviendo. Arrastrándonos. Digamos lo evidente: o el Jefe del Estado llama al orden constitucional al Jefe de Gobierno o la ruina es total.