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NOVELA

Víctor Navajo: La hija del fotógrafo

domingo 26 de agosto de 2018, 18:29h
Víctor Navajo: La hija del fotógrafo

Caligrama. Sevilla, 2018. 492 páginas. 18,95 €. Libro electrónico: 3,99 €.

Por Federico Aguilar

La hija del fotógrafo es la primera novela que publica Víctor Navajo, que en su dilatada existencia -hoy es septuagenario-, se ha dedicado a variados y múltiples oficios. Pero es evidente que su verdadera pasión es la literatura, pues está claro que si bien este es el primer título que ve la luz no es sin duda el único, ni quizás el primero, escrito. De no ser así no hubiera sido posible armar una buena historia, como esta que Navajo nos propone, poblada con personajes atractivos.

La novela comienza con un preámbulo en el que un escritor nos cuenta en primera persona cómo se encontraba, tras dar a la imprenta su última y bien acogida novela, en una etapa de sequía creativa: “Me había convertido en un pozo seco”, y la desazón que esto le produce. Igualmente nos revela cómo halló la solución que pasa por aceptar un consejo: “A un novelista al que le ha abandonado la inspiración siempre le queda el recurso de explorar en su propia vida”. Recuerda entonces que en su adolescencia escribió un diario. Pero ¿dónde está lo que para él es en ese momento tan precioso tesoro? Afortunadamente lo encuentra.

La primera parte de La hija del fotógrafo es ese diario compuesto por Sebastián, y fechado en Jarana entre el jueves 20 de mayo de 1954 y el martes 3 de julio de 1956. Conocemos a través de las páginas de ese diario la existencia de Sebastián en el pueblo, y su ambiente, y, sobre todo, el hecho trascendental que sería determinante en ella: el enamoramiento de Amelia, hija de un fotógrafo combatiente de la División Azul que, tras varias peripecias, se establece en el pueblo de Sebastián. Amelia le promete que será su amiga para toda la vida. Pero el destino les separará y Amelia se va a Madrid y Sebastián le pierde la pista. Pero no se conforma con esa jugada del destino.

La segunda parte, que incorpora elementos sorpresivos, continúa la historia, cargada de emociones, pero no ya mediante los diarios. Se deja la táctica del manuscrito encontrado -en este caso escrito por el propio autor-, para adentrarse en las memorias de un Sebastián que vuelve sus ojos al pasado. Así, el cambio de un narrador juvenil a uno adulto permite a Víctor Navajo la combinación de estilos, sin olvidar nunca la premisa de pensar en el disfrute del lector, lo que aquí se consigue.

La aparición de La hija del fotógrafo demuestra que nunca es tarde si la dicha es buena. Por suerte, Víctor Naranjo, que está escribiendo una nueva novela, no permanecerá en el anonimato como autor sin publicar.

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