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Inglaterra ya no la tiene más larga

Diego Medrano
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diegomedranotelefonicanet /12/12/23
martes 28 de agosto de 2018, 20:09h

El Brexit inglés fue, ante todo, un reto. En primer lugar, sí, frente a la Unión Europea, queriendo lo que decidieron en el 2016 y todavía no han podido conseguir o pactar, salir del club. En segundo lugar, y en cata todavía más profunda, contra Estados Unidos y China. La City de Londres, como centro financiero, presumía de batirse en duelo contra La Defense (París), Potsdamer Platz (Berlín), Azca (Madrid), Quartier Nord (Bruselas), Zuidas (Amsterdam), Kista (Estocolmo), Porta Nuova (Milán), etc. Ellos no solamente querían ser los primeros sino los únicos. Tenían la manguera más larga del planeta, también mayor que China y Estados Unidos, como he dicho, presumiendo de ello a nivel subliminal. Ahora, por supuesto, pagan las consecuencias: llega el acojone a nivel popular, se informa al pueblo de lo que puede pasar, no caben medias tintas, el destape es completo y radical.

Theresa May y su Ejecutivo no han podido ser más claros en Reino Unido: se precisa, siempre y en todo lugar, un Breixit negociado con Bruselas y la Unión Europea. Los partidarios del Breixit más duro (Boris Johnson) son neutralizados por la premier británica. Las medidas inmediatas: los británicos no podrán cobrar su pensión en la Unión Europea y se teme la escasez de medicinas. El ministro grandullón del Breixit (Dominic Raab) aparece por las televisiones presentando las 24 primeras medidas de las 80 pensadas por el Gobierno para evitar el escenario de no deal (sin acuerdo). Queda mes y medio para que se reúna el Consejo Europeo y se lo han explicado muy clarito a Raab, por lo que esto tiene mucho de papelón, desfile cara a la galería y esa tozudez de la “salida pactada”, que siempre es un error sino el peor eufemismo (“O sales o entras, amigo, pero no marees ni te quedes ahí evitando el tránsito”).

El notición: si el 30 de marzo se llega a Bruselas sin acuerdo, el resultado puede ser demoledor. No podrán negociar con Irlanda a nivel de tráfico económico o comercial entre ambos. Los pacientes del Sistema Nacional de Salud sufrirán retrasos en tratamientos innovadores. Los productos de comida orgánica podrán enfrentarse a una situación límite para exportarse puesto que precisan una licencia de la Comisión Europea. Los británicos que vivan en la Unión Europea y tengan cuentas en Reino Unido también pueden tener problemas a la hora de acceder a sus depósitos o a las prestaciones de los contratos de las aseguradoras… Lo más guapo, dedicado a las empresas: si hay falta de acuerdo la libre circulación de bienes entre Reino Unido y Unión Europea se acaba (llegarían así los aranceles para poder comercial en el territorio de los 27).

Un milloncejo largo de británicos vive en la Unión Europea y no sabe lo que hacer. Raab lloriquea por televisión sin llegar a echar lágrima, se seca los labios con un pañuelo blanco, tiene el miedito muy metidito en el cuerpecito. Este vídeo podía retransmitirse, propongo yo, en las escuelas y plazas públicas de Cataluña, para bajar humos, para tener contacto con la realidad, para saber que son molinos y no gigantes lo que hay al final de tantas quimeras y ensoñaciones. Si las cosas van mal, nuestros amiguitos británicos igual tienen que abastecerse de medicamentos, y puede haber una logística que comience a fallar en el funcionamiento de empresas, transporte, infraestructuras, investigación y programas de ayuda. Vaya, vaya… le pisan la manguera a Reino Unido e igual no echa ni gota.

Desciende, asimismo, el porcentaje de europeos que quieren empezar una nueva vida en Reino Unido: salen habitantes pero no entran nuevos. Los últimos datos de la inmigración neta fueron de 87.000 personas (2018), cifra muy diferente de los años gloriosos y sus 189.000 recién llegados (2016). La Oficina Nacional de Estadística señala que se puede hablar de “inmigración negativa”. Madelaine Sumption, directora del Observatorio de la Inmigración de la Universidad de Oxford lo ha dicho a doble espacio y todo seguido: “La baja cotización de la libra significa que los trabajadores que venían en busca de salarios más altos ahora reciben menos que antes, y las condiciones económicas en sus países de origen ha mejorado durante los últimos años. Además, la incertidumbre alrededor del Breixit también parece estar jugando su papel”. ¿Fuga de ciudadanos? De eso nadie quiere hablar, no se sabe.

Inglaterra, Reino Unido, Britania… se desinfla, le pisan la manguera y el chorro baja en altura. Junio del 2016 fue cuando los ciudadanos votaron salir de la Unión Europea: dos años de negociaciones, dos años de humo similares a Cataluña, dos años de mentiras pese a los documentos que ese mismo julio (un mes después) pusieron sobre la mesa tan seguros de sí mismos. Pedían régimen de cooperación aduanero y una regulación común para productos específicos. Era el “sí pero no”, queremos estar fuera pero no del todo, sobremanera si se trata de cobrar. Pedían la indivisibilidad de las cuatro libertades (bienes, servicios, capital y trabajo), algo al que el club de los 27 ha llegado a acuerdos con otros países (Noruega o Suiza). El suflé baja y baja. La Unión Europea habla clarito, sin pausas. Qué pena que los británicos no les puedan hacer un resumen a los catalanes, dos folios, solo para que se dejen de efluvios, embelecos ciegos y sueños de grandeza.

Diego Medrano

Escritor

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