En el tedio del domingo profundo, a eso de las nueve de la noche, asistí a la entrevista televisiva de Ana Pastor a Quim Torra, presidente de la Generalidad, sin apartar la nariz de pantalla y cada vez más intrigado por las palabras de la marioneta a la que el ventrílocuo Puigdemont para estas ocasiones alecciona en galante como es debido. El empecinamiento de este hombre (Torra) sobrepasa todos los límites y solo la cárcel, los barrotes altos y gruesos de la prisión, puede traerle el sosiego necesario para volver a los cauces de la razón civil, porque la otra, la personal, no puede estar más que secuestrada de por vida o en completo desuso. Repetía mantras, rehuía la mirada directa, se escondía tras sus dioptrías, cada cuatro frases una sonrisa de conejo, ratonil, igual de huidiza, inexplicable. Entremos en la espesura con guantes de jardinero y las botas del barro hasta la rodilla.
Mantra 1: “Votar no es un delito”. Se equivoca usted, Torra, nadie en el Estado español puede hacer lo que le da la gana y las urnas son un delito como otro cualquiera. Nadie, blindado por la Constitución, puede poner urnas en la calle para, pongamos un ejemplo, votar la ley sálica, la silla eléctrica, el garrote vil, la expulsión de los negros de España o la ocurrencia del momento. Sí, Torra, votar es un delito. El voto ilegal, además, es una ofensa, daño irreparable para el voto auténtico, que es el que sustenta la Democracia, con mayúsculas, donde el pueblo ejerce su soberanía gracias al mismo y tiene poder para cambiar preceptos, gobiernos, leyes y demás.
Mantra 2: “En Cataluña hay presos políticos y nuestros gobernantes se han tenido que marchar al exilio a buscar justicia”. Ni en España ni en la Generalidad hay presos políticos por la sencilla razón de que aquí no hay ninguna dictadura ni régimen totalitario. Lo que hay es, y usted lo sabe bien, una serie de políticos presos (no son lo mismo dos tazas de té que dos tetazas), de políticos fugados porque se han saltado la ley, han delinquido y han escapado para evitar la pena mayor y el castigo que imponen nuestro Estado. No hay ningún exilio, Torra, y sí la caradura de unos cuantos que ahora no quieren pagar por sus felonías (el expresidente felón Puigdemont el primero) y piensan que con hacer las maletas está todo solucionado.
Manta 3: “El independentismo en Cataluña es del 80 por ciento”. Se lo explicó Joan Tardá, se lo leyó todo seguido Ana Pastor, y usted sigue en las mismas. Solo la mitad de la población de Cataluña (el cincuenta por ciento, arriba o abajo) es independentista, y ese independentismo que no quiere contar con la otra mitad, como bien dijo Tardá, es de puros imbéciles. No se da cuenta, y sigue ajeno al dato, sin saber que esos independentistas con los que cuenta y no existen, Torra, son los que le van a dejar con el culo al aire en cualquier intento serio, legal, gubernamental, de implantar lo suyo. Solo tiene a la mitad de la población, Torra, y puede bajar el agua de la rodilla a los talones, por la sencilla razón de que esos tipos, los suyos, no quieren algo en lo que usted no deja de moverse, retórica y lirismo, que suena a broma para ellos, aspirantes a objetivos claros y sin demagogia.
Mantra 4: “Federalistas y autonomistas no tienen cabida en la manifestación por la República Catalana, que hagan ellos su manifestación”. Su independentismo es de pandereta, pronto acabará devorado en los lodos de sus propias prosas, porque igual, es lo que no se plantea, esos federalistas/autonomistas son mitad y mitad de ese cincuenta por ciento de independentistas, en número total, de los que presume la Generalidad como ochenta o cien por cien de la población. No se entera de nada, Torra, y esos federalistas/autonomistas, que usted saca del independentismo, pronto le van a hacer la cama solo por sentirse más que ofendidos, excluidos. La Republica Catalana, su manifestación de chirigota, acabará en algo muy visual: la puesta en claro, por fin, de quiénes y cuántos son ustedes. No escucha a Tardá, que es perro viejo y listo, y sus ideas son todas ocurrencias, sus mantras provocaciones y sus negociaciones inexistentes.
El señor Torra necesita prisión, barrotes fríos y altos, ventana abierta por la que pasar algo de frío para despertar a los tiempos actuales. Necesitamos el 155, no como corolario, sino como medicamento preventivo. En igual medida, mucho más urgente que lo anterior, es ver a todos los fugados con esposas saliendo del furgón policial para entrar en el Juzgado. Lo de Luis Roldán fue más difícil, al desconocerse su paradero, que esto actual, sabiéndose donde están el numero completo de los delincuentes y todas las condiciones acerca de los mismos. Perder más tiempo, aumentar hasta grados superlativos la ceremonia de la confusión, es lo que quiere Torra para justo eso, seguir en el machito, marioneta de la nada con los hilos sin cortar y retando al Presidente del Gobierno y al Rey, Jefe del Estado. En algo no mintió Torra: Sánchez sí es igual a Rajoy, porque ninguno hace ni hizo nada, la resistencia es soportar el capote, la mueca y el desplante, sin embestir de una puta vez, metiendo a este tío ya en prisión.