¡Bravo! ¡Estupendo! ¡Cojonudo! Ya tenemos Presupuestos, en mayúsculas, un día antes de la Fiesta Nacional. Podemos estalla de euforia: se la ha metido al Gobierno por atrás, sin vaselina, arrancando mucho más de lo deseado, querencias como mordiscos, y Pedro Sánchez, media camisa hecha añicos, ha firmado con el meñique y el pulgar intonso, un poco al vuelo. Se habla de ingresar siete mil quinientos millones, pero los que saben, dicen que no, que son quince mil, y nadie sabe cómo, de dónde ni mucho menos cuándo. Podemos hace su jugada maestra sobre el tapete: si todo es una ruina, no pasa nada, dirán que solo son socios de Gobierno, la culpa es del señor Presidente, y ya tienen el camino libre para Moncloa en 2020. Iglesias lo repite en las entrevistas: “Nuestro objetivo es gobernar en el 2020”. La bota, claro, sobre la cabeza caída de Sánchez. ¿Es el déficit el objetivo de estos presupuestos? No, señor. ¿Es alejar el horizonte electoral? Claro.
Medidas sociales a barullo, tasas a los que más tienen, por encima de cien mil euros, y mucho brillo y lentejuelas en la calle, lo que es maravilloso. La pregunta es simple: ¿de dónde sale el parné? Economistas de prestigio no lo saben, esperan a verlo escrito con letruca pequeña en el BOE, esperan que el Parlamento vote, pero temen otra crisis económica más dura que la anterior. ¿Está la economía española lo suficientemente robustecida para subir el salario mínimo a mil euros, las pensiones a otros mil, ayudas de variado sesgo y calado, viviendas gratis y no sé cuántos más chollos? Lo mejor es cerrar los ojos y no pensar. El FMI, Christine Lagarde, pide a España reiteradamente siempre lo mismo: “Un Gobierno creíble”. Nos mira con las cejas en alto, como dos soldados, la mirada larga y no especialmente simpática, nos dice las cosas muy bajito: no crecéis a más del 2,7 por ciento este año, el que viene menos todavía, el 2,2 por ciento, la desaceleración es menor de la prevista, queremos en Bruselas medidas serias para el 2019, nada de sueños ni hipótesis ni pajas. Solucionar el déficit con los impuestos –Lagarde está segura- será otra hostia como un piano orquestal de grande.
Vuestra recaudación es confusa, sobre el papel y en la práctica, España querida, y vuestras rectificaciones y mensajes contradictorios, no son propios del Club -nos larga Lagarde sin quitarse las gafas. Ligar las pensiones, España amada, al IPC, es de locos, vuestro Pacto de Toledo huele a freiduría con mantelitos de cuadros y jarras de barro. Vuestro ajuste social de las prestaciones sociales, ad hoc, puede hacer peligrar la sostenibilidad financiera del sistema, España mágica. Vincular la revalorización de las pensiones a la inflación, por ejemplo, España loca, añadiría de un tres a cuatro por ciento del PIB a ese desembolso de aquí al 2050, un incremento del gasto en cuarenta y cinco mil millones. Debéis aumentar la cotización mínima para vuestros autónomos, España ciega, y darle otra vuelta a los ingresos máximos sujetos a cotización. Debe alcanzarse un equilibrio en el saldo fiscal hasta que la deuda comience a bajar. La desviación presupuestaria del PIB debe ser del 1,8 para el año próximo, lo pactado, o no renegociaremos más déficit. La barra libre se acabó, a Italia no se lo dimos.
El caso es alejar elecciones, el caso es no salir de Moncloa, el caso es poner en circulación promesas que alegren las peores casas. ¿Cuál será la resaca de todo esto? Lagarde lo advierte sin titubeos: no reviertas, Pedro, por entero la reforma laboral, y cuidado con la mejora de pensiones. Mantén el PIB controlado y no tendrás problemas. Esa ecuación de intentar subir el déficit por medio de impuestos es un error, Pedro, aunque aumentes impuestos de forma selectiva, siempre tendrás que ayudar a financiar gastos adicionales. Sánchez se pone bravo y no cree en Lagarde: Si controlo el déficit lo suficiente, yo esto lo estudié en mi máster, puedo, amiga Cristina, subir los impuestos a la luna y con ello, por supuesto, hacer política social, es más fácil que el mecanismo de un chupete. ¿Cómo dices, guaperas? Mariano, coño, solo pensaba en bajar déficit, hay que darle una alegría al pueblo, también nos puede joder un excesivo déficit acumulado. Si hay una nueva crisis, Cristina, el colchón fiscal para combatirla es emitir deuda. Toda Europa, Cristina de mi alma, puede rescatarse con endeudamientos pequeños. Lo otro es no vivir: pobres de tan ricos, inmóviles por precavidos. ¿Te apetece venir conmigo, Cris, a tocar las castañuelas al Corral de la Morería? ¡Lleva desee 1956 con espectáculo diario y platos españoles!