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Criticar al Supremo, la última torpeza de Sánchez

miércoles 07 de noviembre de 2018, 15:18h

De nuevo, Pedro Sánchez ha tomado una decisión política trascendental con improvisación, con electoralismo y subyugado por el populismo progresista. Horas después de que el Tribunal Supremo fallara que los clientes, y no la Banca, pagaran los impuestos hipotecarios, el presidente del Gobierno ha convocado una rueda de prensa para anunciar que el Consejo de Ministros iba a aprobar un decreto ley para que fuera al revés. Que el sector financiero asumiera esos gastos, que, además, forman parte de la recaudación de las haciendas autonómicas.

Se ha atrevido a denunciar sin matiz alguno la actuación del Alto Tribunal, que según él, debería “hacer autocrítica”. No se puede ser más torpe. El Tribunal Supremo está a punto de iniciar el juicio oral a los dirigentes independentistas acusados de promover un golpe de Estado en Cataluña. Y es esencial que el Gobierno apoye sin fisuras la credibilidad y prestigio de los magistrados que van a sentenciar a los imputados por el “procés”. Pero el presidente del Gobierno, en lugar de proteger la imagen del Alto Tribunal, en lugar de gobernar con prudencia, en lugar de respetar al poder legislativo, se ha precipitado al anunciar un nuevo “decretazo” con el único propósito de aparecer como el líder de un Gobierno progresista.

Puede ser discutible la existencia de ese impuesto, incluso si debería asumirlo el cliente o el Banco que concede la hipoteca, pero resulta indignante que el presidente del Gobierno se lance a la piscina sin saber si hay agua. Es una torpeza que desautorice al Tribunal Supremo con una propuesta que se resume en el eslogan de que “a partir de ahora, el impuesto lo paga la Banca”. Una declaración tan ingenua como irreal, pues las entidades financieras pueden cargar esos gastos en otras clausulas de las hipotecas.

Pero Pedro Sánchez con este nuevo golpe de marketing solo pretende pasarse por un falso Robin Hood, solo pretende seguir con su relato de que el Gobierno defiende como nadie el bienestar social, lo que justifica que no convoque elecciones, pese a ser incapaz de aprobar los presupuestos. Y para ello, arremete contra el Tribunal Supremo cuando está a punto de enjuiciar a los imputados por el intento de golpe de Estado. La última torpeza del presidente del Gobierno, que aprovechó la rueda de prensa para confirmar que no piensa disolver las Cortes.
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