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TRIBUNA

Cataluña y el poder político (y 3)

José Manuel Cuenca Toribio
sábado 24 de noviembre de 2018, 19:49h

En el tema que nos ocupa los estudiosos catalanes – de modo particular, el muy cultivado y prolífico barcelonés J. Mª Ainaud de Lasarte- acostumbran a establecer una distinción no desprovista de valor y verdad, si bien un tanto extremosa llevada a sus últimas consecuencias. En todo momento, según tal criterio, debe distinguirse en el análisis del tema ministros catalanes al servicio de causas estrictamente del Principado y representantes de partidos de rígida obediencia catalana, y , de otro lado, miembros del Poder Ejecutivo oriundos o habitantes de dicha región pertenecientes a fuerzas políticas de ámbito nacional. (Cf. Ministres catalans a Madrid. De Ferran VII a José María Aznar (Barcelona, 1996).

Sin desmerecer la exactitud del argumento, importará repetir, sin embargo, que ello implica, en última instancia, invalidar el principio sustancial de la democracia representativa, y asimismo olvidar los manes de los beneméritos doceañistas, orgullosamente autodenominados representantes de “la nación española” y, en manera alguna, de los territorios por los que fueron –y serían en el futuro- elegidos. (Y ninguna, acaso, delegación más culta y “patriota” precisamente que la del Principado en el venerable primer Parlamento de la contemporaneidad nacional).

En uno de los postreros, el constituido en diciembre de 1982 tras el aplastante triunfo de Felipe González en las elecciones generales de octubre del mismo año, el “desembarco” catalán en la capital del reino fue, en verdad, espectacular y, consiguientemente –como gustaba de decir el líder sevillano-, su presencia en el Consejo de Ministros no lo fue menos. “Els anys vuitanta no es podía circular pels ministeris madrilenys si no se sabia català: pels passadissos,els ascensors o els bars, era la llengua imperant. Ministres com Narcís Serra, que de Defensa passaria a vicepresident del gobernn; Ernest Lluch, de Sanitat –però sobretot, de Consum!- un bon inginyer, Joan Majó (…) a Indústria, Jordi Solé Tura (…) entusiasmat amb la cartera de Cultura, Josep Borrell, incansable ministre d´Obres Públiques (…) A la porta dels ministris han quedat politics i tècnics socialistes, catalans, com Mercè Salas o Pasqual Margall. Si haguessin creat el Ministeri de Ciutats, li hauria anat com l´anell al dit”. (Op. cit., p. 160).

Conforme se recordará, todos los citados eran miembros destacados del PSUC (Partido Socialista Unificado de Cataluña), circunstancia que configuraba la realidad más peculiar de la política nacional: ministros catalanes notorios militantes de una rama sobresaliente y robusta de una formación de ámbito nacional y abierta simpatía internacionalista…

Solo las singularidades que caracterizan al actual gabinete madrileño ayudan a explicar el sorprendente hecho de que, cuando la coyuntura semejaba ser la más favorable para la designación de un Vicepresidente o Vicepresidenta oriundos del Principado, no haya sido así. El estrepitoso fracaso de la gestión de la vicepresidenta popular Soraya Sáenz de Santamaría en su reciente misión en Barcelona y la muy descollante presencia de J. Borrell en el gobierno de P. Sánchez contribuyen, parcialmente, a interpretar con algún viso de exactitud la ausencia, con el rango indicado, de un ministro catalán en el Palacio de la Moncloa. En toda situación, la vida pública española siempre tiene algo –o mucho- de misterio…

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