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Ensayo

John H. Elliot: Catalanes y escoceses. Unión y discordia

domingo 09 de diciembre de 2018, 20:04h
John H. Elliot: Catalanes y escoceses. Unión y discordia

Traducción de Rafael Sánchez Mantero. Taurus. Barcelona, 2018. 496 páginas. 24,90 €. El gran historiador británico, premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales, desmonta muchas de las tergiversaciones que ha maneja el “procés”.

Por Alfredo Crespo Alcázar

El profesor John H. Elliot nos ofrece una obra mayúscula en la que estudia y compara dos actores que han monopolizado la atención en los últimos tiempos: los nacionalismos escocés y catalán, y las acometidas rupturistas que han realizado, si bien con notables diferencias entre ambos. En efecto, mientras el primero respetó en todo momento la legislación vigente, el segundo la vulneró en incontables ocasiones, provocando el consiguiente conflicto con el gobierno de la Nación y fracturando a la sociedad, sin que se observe en el corto plazo vía de solución.

De hecho, el autor se muestra pesimista, no escatimando reproches dirigidos al modus operandi del nacionalismo catalán: “Su decisión de seguir adelante con la declaración unilateral de independencia era un acto de locura, de imprevisibles consecuencias que nunca parecieron pasarse por la mente de sus defensores cuando se sumergieron en él. Se habían situado claramente fuera de la ley y de la Constitución, una Constitución que la misma Cataluña había aceptado y suscrito cuando España llevó a cabo la transición a la democracia parlamentaria” (p. 356).

Con respecto a la respuesta del Gobierno de Rajoy al órdago independentista, el autor no objeta que priorizara el cumplimiento de la ley pero sí que abandonara por completo la promoción de un relato realista, constructivo y positivo con el que hubiera podido refutar fácilmente los argumentos victimistas esgrimidos por el separatismo, poniendo además en valor la unidad y diversidad existente en la España posterior a 1978 (p. 343). No obstante, este punto de vista no sitúa a Elliot en el terreno de la equidistancia ya que considera que el gran culpable del deterioro de la convivencia política y social provocado por el “procés” es el establishment catalán, de quien también explicita su constante adulteración de la historia.

Elliot, historiador de referencia que ha recibido premios como el Príncipe de Asturias de las Ciencias Sociales, demuestra a lo largo de toda la obra su profesión y su vocación. Consciente de la complejidad del objeto de estudio que aborda, opta por el orden cronológico a la hora de explicar cómo el independentismo escocés y catalán ha evolucionado hasta llegar a nuestros días. Esta parte de la obra, si bien ocupa solo los dos últimos capítulos, en ningún caso puede entenderse si no se han leído los cuatro capítulos previos en los que desarrolla escrupulosamente la formación de España y Gran Bretaña como Estados modernos, dentro de los cuales, Escocia y Cataluña fueron actores principales, si bien sus relaciones con las autoridades centrales no siempre se caracterizaron por el consenso y la cooperación.

La obra también resulta de máxima pertinencia para desacreditar ciertas comparaciones odiosas que han proliferado en los últimos tiempos, vociferadas por el separatismo catalán y por quienes de manera condescendiente han dado cobijo a su narrativa, solidarizándose en última instancia con sus intenciones. En efecto, el independentismo ha tratado de clonar en España lo ocurrido en Gran Bretaña en septiembre de 2014, esto es, la celebración de un referendo en el cual se dilucidó la permanencia de Escocia en el Reino Unido.

En su permanente búsqueda de referentes que avalaran la legitimidad y legalidad del “derecho a decidir”, subterfugio amable que encerraba la defensa del derecho de autodeterminación, la (extinta) CiU y la renovada ERC, junto con el apoyo de la CUP, entendieron que el pacto al que llegaron David Cameron y Alex Salmond en 2012 podía reproducirse en Cataluña. Elliot rebate tal infantilismo, aduciendo por ejemplo que la Constitución británica no es escrita, lo que le concede un notable margen de flexibilidad. Esto no significa que apruebe la forma de actuar del entonces primer ministro tory, en quien detecta oportunismo político a la hora de facilitar la consulta, un cortoplacismo que puso en peligro la unidad territorial de su país.

Además, el autor tampoco considera que la sentencia del Tribunal Constitucional de 2010 sobre el Estatuto de Cataluña sea la causa fundamental que ha motivado el crecimiento del independentismo. Por el contrario, para explicar tal fenómeno bucea en la historia más reciente, concluyendo que las políticas educativas y culturales fomentadas por el pujolismo dieron como resultado “una nueva generación, más fervientemente nacionalista en sus puntos de vista que su predecesora; una generación que había aprendido catalán a expensas del castellano en las escuelas, y a la que se había enseñado una clase de historia en la que el pasado catalán se hallaba desconectado del de España, ahora descrito rutinariamente como el ‘Estado español’” (p. 329).

En definitiva, una obra de obligatoria lectura en la que John H. Elliot compara dos realidades (España-Reino Unido y Cataluña-Escocia) a partir del pormenorizado conocimiento de la historia (lo que incluye también la política, la economía y la cultura) de ambas. El resultado es un trabajo sobresaliente donde la opinión está plenamente corroborada por el manejo de innumerables fuentes bibliográficas, lo que le permite sostener tesis contundentes, ceñidas a la realidad y ajenas a las cómodas terceras vías.

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