No existe mayor frivolidad que negar la realidad. La frivolidad en el ámbito de la política hace estragos en los últimos siete meses y medio por toda España. Frívolo fue Rajoy abandonando el poder, incluso desapareció de su escaño, durante el acto parlamentario que decidía el futuro de España, sin utilizar los mínimos instrumentos democráticos que podían haber parado a los separatistas, los socialistas y los comunistas; frívolo fue Sánchez, incluso chabacano, dejándose aupar al poder por todos los golpistas que tratan de romper con todos los medios a su alcance el sistema democrático del 78; y, por supuesto, frívolo fue Rivera por no querer enterarse de lo que había detrás de la moción de censura de Sánchez, entre otros motivos, porque necesitaba un PP débil para conseguir la presidencia del Gobierno. Toda esa frivolidad de los líderes políticos ha sido intuida por la ciudadanía española, que la ha enfrentado de la única forma que se puede hacer en democracia: votando. Hartos de ser engañados por las élites políticas, los ciudadanos han castigado la irresponsabilidad haciendo irrumpir con fuerza un nuevo partido en Andalucía: Vox.
Ya sé, ya sé que el nacimiento electoral de Vox obedece a muchas otras causas, pero una, y no la menos relevante, es, reitero, la frivolidad con la que han actuado los partidos políticos constitucionalistas a la hora de enfrentarse al golpe de Estado de los separatistas catalanes, apoyados por los vascos y los de Podemos. El golpe de Estado no solo expulsó a Rajoy del poder, sino que ha creado la mayor crisis de la historia en el seno de los dos partidos políticos que se han alternado en el poder; en efecto, el PP está tocado por todas partes y no creo que la Convención de enero haya servido para mucho más que darse ánimos y estudiar cómo parar en las elecciones de mayo a Vox y Cs; tampoco el PSOE está mucho mejor que el PP, síntoma de esa debilidad es que un personaje como Alfonso Guerra, alguien que nunca creyó en la división de poderes, ya no se recata de expresar lo evidente: después de Sánchez, después de un líder socialista puesto en la Jefatura del Gobierno por los golpistas, quedará poco, acaso nada, de los principios éticos y políticos de la socialdemocracia. Pues bien, en ese contexto de frivolidad e irresponsabilidad política ha nacido Vox. Una fuerza política que, independientemente de los resultados electorales que alcance en el futuro, nos está permitiendo ver y desentrañar las debilidades democráticas del establecimiento político, en general, y de los partidos políticos constitucionalistas en particular.
Sin embargo, la frivolidad intelectual de la mayoría de los analistas políticos, cuando no estigmatizan a Vox que ha conseguido 12 escaños en Andalucía y es el desencadenante del cambio en esa región, piden que este partido se “una” al PP, “desaparezca” o se “refunde” en una coalición electoral de ambos partidos. No sé cuál es peor si la frivolidad de los políticos, que niegan lo real e inmediato, las crisis de sus respectivos partidos, porque están siendo derrotados por el golpismo separatista, o la de los analistas políticos, por llamarles algo, que apuestan, pues que no veo por parte alguna argumentos, porque “desaparezca” Vox integrándose en el PP. Terrible. Esta gente de los medios de comunicación, aparte de confundir sus deseos con la realidad, vuelve a confundir las causas con los efectos, seguramente, por irresponsabilidad intelectual. Pero, hombre, pedir que Vox, que es el principal resultado de la frivolidad de PP, PSOE y, en parte, de Cs, desaparezca o se diluya en el PP para salvar al sistema democrático es algo peor que una frivolidad. Es una completa estulticia. Una estupidez de calibre parecido a los que creen que el PP sale bien pertrechado en lo ideológico y en el liderazgo de la Convención del pasado fin de semana. En fin, ya decía Azaña, “la siniestra perfidia de algunos hombres no les libra de ser tontos.”