Alan García: un éxito en busca de recompensa
miércoles 30 de julio de 2008, 22:41h
El pasado lunes, el presidente de Perú, Alan García, cumplió el segundo año de su segundo mandato en medio de una notoria anemia de consensos alrededor de su figura. A pesar de haber alcanzado algunos importantes logros, sobre todo en el terreno económico, el actual presidente resulta menos popular ahora que a la misma altura de su primer mandato. Una reciente encuesta nacional ha revelado que menos del 30 por ciento de los peruanos aprueba su gestión, signo evidente de la incapacidad presidencial de traducir las mejorías económicas en un mayor respaldo popular.
En estos dos años, los avances económicos y en la lucha contra la pobreza se pueden considerar los éxitos mayores del actual gobierno: Perú parece representar una de las economías más sólidas y seguras de América Latina, tanto que varias empresas de riesgos internacionales comparan la situación del país con la de Brasil y Chile. Sin embargo el punto débil de este crecimiento está representando por una marcada desigualdad en la distribución de la riqueza y por el constante aumento de la inflación. De hecho, el descontento popular por el incremento del los precios de los alimentos y la creciente inflación son los argumentos principalmente utilizados para explicar el descenso de su popularidad. Además el descontento ciudadano es fruto de la percepción de que los beneficios están destinados a unos “pocos”: en un país tan pobre, los buenos resultados económicos no llegan a las masas que consideran la situación como inmutada e inmutable.
El segundo mandato de García resulta diametralmente opuesto al primero. Tanto es así que se ha hablado de una “metamorfosis” del líder de la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA), el cual ha pasado de una retórica populista y antiimperialista a promotor de libre mercado y defensor de la inversión privada. Al tiempo de calificar como “retrógrado” al modelo político-económico promovido por Hugo Chávez, el Gobierno peruano hace muestra de la ratificación de un tratado de libre comercio con Estados Unidos o de la aplicación de una férrea disciplina fiscal como logro de su gestión. Los cambios mayores se han registrado en materia económica, donde el mandato de García aparece más maduro e interesado a insertarse en el contexto internacional. Sin embargo, el Gobierno peruano deberá luchar para detener la creciente inflación, reducir la pobreza y favorecer una mejor redistribución de la riqueza que está generando, aumentando el número de sus beneficiarios. La pobreza todavía afecta a casi el 40 por ciento de la población que considera la bonanza económica como “asunto de unos pocos”. Como declaró el ex presidente Alejandro Toledo: “es muy peligroso gobernar sólo para los ricos”. Por eso, el actual mandatario deberá acometer algunas reformas para afianzar su popularidad sin volver a caer en la tentación del populismo.