Robocop, el Solitario
jueves 31 de julio de 2008, 22:42h
Durante muchos años hubo en España una amplia literatura de crímenes y sucesos que obtenía por parte de cientos de miles de lectores gran éxito. Revistas como “El Caso” o “El Detective” se leían con interés y contaban con un público variopinto.
Para que un crimen o suceso tenga importancia social debe contar con el apoyo de lectores y la curiosidad de editores y periodistas, lo que no es nada fácil.
No me explico muy bien pero este tipo de literatura ha ido desapareciendo y sólo en casos excepcionales asistimos al interés público basado siempre en la importancia o curiosidad que despierta el hecho.
En los últimos meses esta carencia de interés por parte popular ha ido desapareciendo y sólo ahora se está recuperando gracias, sobre todo, a una personalidad, la de Jaime Giménez Arbe, más conocido como El Solitario, ladrón de bandos y asesino sistemático como pudo demostrar durante varios años robando en bancos y cajas de ahorro. O, si el caso se diera, asesinando.
Giménez Arbe ha sido juzgado y condenado en Pamplona días pasados y la expectación representada por todo el proceso sólo fue comparable con otros, históricos, como el del Monchito u otro de semejante hechura.
Tras una severa condena en España, Arbe tendrá que re-ingresar en una cárcel portuguesa porque fue en Portugal donde cometió algunos de sus más llamativos delitos. Es probable que a “El Solitario” le queden por cumplir más de veinte años de condena, lo que no es precisamente moco de pavo.
A lo largo del sumario Giménez Arbe se presentó -o al menos, eso fingió- como un superhombre, un “Robocop” según la imaginería popular.
Los expertos, psiquiatras y médicos calificaron a lo largo de los interrogatorios a “EL Solitario” como una persona predecible, ególatra, narcisista e histérico, con cierto nivel cultural, lenguaje adecentado y mal humor.
Nos hallamos ante una personalidad poliédrica de mal genio y palabra fácil que defiende una extraña teoría sobre el papel que le correspondía como expropiador de bancos. Para “El Solitario, los bancos constituyen los enemigos naturales de la sociedad y luchar contra ellos es una obligación.
Toda su labor precisamente se basaba en establecer un sistema de combate contra los bancos y su explotación.
Giménez Arbe, según los psiquiatras que lo han tratado en prisión, no sufre alteraciones intelectivas ni poliédricas y carece de rasgos sociales histriónicos y paranoides. Carece absolutamente de sentimientos y sensibilidad y cuando debió enfrentarse a gritos con la madre de uno de los guardias civiles que asesinó lo hizo sin pena ni gloria en un tono chulesco y prepotente. Eso explicaría el “modus operandi” utilizado todos estos meses. “Robocop” no se equivocaba y ni le importaban las consecuencias de sus actos, lo que explica el asesinato los dos guardias civiles a sangre fría en Navarra. Este Superman urbano no mostró a lo largo del proceso el más mínimo atisbo de arrepentimiento, piedad o sensibilidad. Por el contrario, lo que pretendía demostrar era su gran capacidad “técnica” y su frialdad porque uno de los grandes fracasos de “El Solitario”, reconocido por él mismo, fue precisamente su “caída” en tierras portuguesas sin que la policía necesitara usar armas.
Con la aparición del “Solitario” algunos reivindican un nuevo estilo de delincuencia: carente de principios morales como es natural y dispuesto a matar. Las leyendas urbanas suelen componerse con historias de este jaez protagonizadas por personajes no mal formados intelectualmente y sobre todo, convencidos de que si las cosas salieron mal fue sobre todo por error o petulancia. “Robocop” es un tipo ejemplar de delincuente y tal vez sólo una larga temporada en la cárcel podrá atemperarlo.
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Periodista
ALBERTO MÍGUEZ es periodista
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