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Novela

Mónica Collado: Amor doncella cierva

domingo 14 de abril de 2019, 19:02h
Mónica Collado: Amor doncella cierva

Limbo Errante. Zaragoza, 2018. 172 páginas. 17 €.

Por Inmaculada Lergo

Para cualquier lector es una alegría descubrir y sorprenderse con un autor que no conocía, buscar otras obras suyas y confirmar con ellas que ha dado con alguien a quien merece la pena leer. Es lo que me ha pasado con la escritora y periodista Mónica Collado (Villanueva de las Torres, Granada, 1980), y con sus dos libros publicados hasta el momento -cuenta también con cuentos infantiles y poemas aparecidos en revistas-. El primero, Palabra de sal (Tropo, 2015), que mereció el XIX Premio de Novela Vargas Llosa, es un relato sorprendente y muy bien escrito, con una sensibilidad y sutileza de fondo poco común en la narrativa actual.

Amor doncella cierva, el segundo, es un libro de una gran originalidad, un texto genéricamente fuera de los cauces habituales. Se podría definir quizá como “una novela poema”, como lo ha hecho Antón Castro en un comentario sobre el mismo. Junto con la trama del relato de la vida de la protagonista, Adifa, y de los que la comparten con ella desde niña, lo que se va construyendo es un texto lírico, al modo de la poesía y del narrar de los textos orientales, estructurado en capítulos muy breves, como prosas poéticas. El impulso del que surgió nos lo cuenta la misma autora en unas páginas finales de “posfacio”: un día, de forma azarosa, cogió una Biblia y comenzó a releer el Cantar de los Cantares, entonces, “al encontrar ese vergel exuberante en los páramos desérticos del Antiguo Testamento; mientras alrededor todo era polvo histórico y leyes crueles”, y sentir cómo “dentro del refugio de este poema había valles llenos de incienso, huertos de manzanos, miel y el amor extático de una pareja”, de pronto, algo le pareció muy evidente: “¿Habría podido escribir un hombre así sobre el deseo femenino?”, o era más bien que en el poema “una mujer exponía en primera persona su deseo sexual. El deseo femenino, un elemento convenientemente silenciado y oculto en toda la historia del arte y la literatura occidental hasta el presente”. Con esta pulsión y convencimiento y de una manera absolutamente verosímil, Collado teje la historia que desemboca en la vivencia amorosa de la que surgió el poema bíblico, su escritura y su posterior inclusión en el Gran Libro.

Adifa es una niña y después una mujer que se siente diferente, singular -igual que lo es la protagonista de Palabra de sal-, con una percepción del mundo de mayor sensibilidad que quienes la rodean, y con un amor por las letras que es la parte fundamental de esa singularidad. Por eso, pese a que cumple con sumo cuidado y sin rebeldía todo lo que se espera de una mujer, tanto con su familia como con su esposo, éste pronto considera que no ha negociado bien su casamiento, sobre todo porque no le da hijos. En el momento que Adifa, sin saber que tal cosa existiera para una mujer, encuentra el amor, lo vive en toda su plenitud arrostrando las consecuencias personales y sociales que conlleva, que la podrían llevar a la lapidación según las leyes hebreas. Y cuando obligadamente llega su fin, siente la imperiosa necesidad de fijarlo, como una forma de liberarlo de la misma oscuridad y encierro a la que ella estaba sometida.

Para la autora, “la sensibilidad y la fuerza del texto” son los atributos fundamentales de la escritura, y eso que ella busca en los libros como lectora es también lo que asoma en los suyos como escritora. Además del valor de la obra en sí, me animó a reseñarla el hecho - del que da cuenta- de que pese a estar avalada por el premio a su primera novela, estuvo “dando vueltas, sufriendo rechazo e incomprensión” desde 2013. “No se entendía su forma, su contenido era inadecuado, su contexto, obsoleto”, por lo que “no encajaba en ningún catálogo editorial”. No es la primera vez que El Cantar de los Cantares da problemas a un autor, recordemos los cinco años de encierro de Fray Luis de León, por ejemplo. Entonces fue la valentía de verterlo a la lengua vulgar, para que pudiera ser leído fuera de los cauces eclesiásticos; ahora es la incorrección de atreverse a decir que pudiera haber sido escrito por una mujer. En definitiva, ¡algo que se sale de los cauces marcados! ¡y del éxito programado!, valiente, bien escrito, transgresor… Sin duda hay que no perdérselo. Y después cada lector juzgará.

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