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TRIBUNA

A París regresa el joven príncipe

lunes 15 de abril de 2019, 20:19h

La Patagonia Argentina es un desierto de despreocupada belleza que se extiende sobre un horizonte estremecedor. La luz apenas se oscurece sobre lejanas barrancas dibujando un perfil de voraces reflejos que se apagan sin distancias. Algunas tunas de modesto destino coronan áridamente las infinitas arenas, que hacen incomparables un día con otros días. Un perdido susurro de insectos explora el anochecer. Sobre la humildad de las estrellas, que parecen al alcance de la mano, no es raro distinguir la Cruz del Sur y el Puñal de los Troperos, que alentaron y orientaron el galope de los gauchos fueguinos. Todo parece la síntesis de un dormir universal que corresponde a una zona de empecinados sueños que se sueñan en sí mismos, pero que son muy puros y aguardan en los terrenos más pulcros donde el viento es el adorno indeseado. Hay felicidades, siempre, sobre bosques y sendero que se deslizan a la orilla de algún lago.

Todo eso estaba y se sentía en el etéreo ambiente del Atelier des Lumières, una antigua fábrica de fundición de París, que los reproducía con una gran propuesta digital de inmersión que ocupaba todo el espacio y se arropaba con cada página del libro donde la inmensidad se asocia a la emoción del joven príncipe que, de regreso a la tierra y luego de viajar por la Patagonia, respondía en esa noche de Paris a las preguntas existenciales de un joven, que a la vez que cambiaba su foco vital.

Escrito en poco más de una semana en el año 1999, menos con un propósito literario que “como una larga meditación”, y publicado en 2008, el poeta Alejandro Guillermo Roemmers considera que su entrañable personaje es “una historia sencilla y espiritual”, que intenta mostrar que “el camino de las certezas bien puede desembocar en el camino de lo relativo”.

En su versión, el artífice de este otro príncipe, nos confiesa que leyó el libro original de Saint Exupéry cuando tenía diez años y se sintió “absolutamente identificado” con el personaje, que releyó a los veinte y sintió la certeza de que debía continuarlo. Luego, cuando cumplió los cuarenta supo que estaba viviendo quizá “mecánicamente” y que tenía que cambiar porque “cuando uno cambia interiormente, también en muchos sentidos modifica el mundo”.

Fue así, que el pasado miércoles, en un acto de luz, color y movimiento, el poeta Roemmers concretó su propósito de ofrecernos esta versión del Regreso del joven príncipe en su traducción al francés, ilustrada por Laurie Hastings, a la que acudieron actrices como la afamada Catherine Deneuve, y las sofisticadas Emmanuelle Béart y Elsa Zylberstein.

Acaso temeroso de comprobar aún cómo recibirían en Francia esta obra que traía de su mano al singular principito, acompañado por más de trescientas personas, le hizo dar los primeros pasos a su personaje. “Alguna vez dije en un poema que, escritos todos los poemas, poesía es lo que ha quedado en mí y yo creo que El regreso del Joven Príncipe, de alguna manera, soy yo mismo andando por la vida”, nos comenta nuestro poeta. “Por otro lado nunca me interesó beneficiarme con mi libro -agrega abriendo sus manos con un gesto de generosidad-, siempre dono lo recaudado en la venta a gente que lo necesita y representan las entidades de bien público”. Se interesó, sin embargo, que tuviera un buen lanzamiento para que se lea y tenga presencia ante los lectores franceses”. La edición de City, que pertenece al grupo Hachette, alcanza nada más ni nada menos que los 70 mil ejemplares.

Roemmers comenta, además, que tuvo la oportunidad de conocer a la familia del célebre Antoine de Saint Exupéry a raíz de una muestra que se organizó en la Argentina. Y aclara que su libro es considerado como un complemento espiritual por sus descendientes; “ellos han entendido muy bien que mi novela no es una secuela, ni una continuación y que los lectores son los que deben decidir sobre el valor de la obra”, argumenta.

Acaso más conocido por sus magníficos sonetos, Alejandro Guillermo Roemmers tiene un perfil cualitativo que suele desencajar, en el mejor de los sentidos, con las fronteras donde se mueve. “No puedo evitar ser a veces extranjero entre los poetas, en especial por ser empresario y entre los empresarios por ser poeta; esto me causa menos molestia que gracia; pero, me consuela ser diferente, que no es poco”, reconoce. “En este sentido, no sé si me han prejuzgado o me han encontrado particularmente distinto, pero no me importa. Hago lo mío con entrega y de un modo sincero y honesto. Y, por el contrario, nunca me gustó ser una persona común”.

Interesado particularmente en una vertiente espiritual, El regreso del Joven Príncipe está escrito como un diálogo interior entre dos momentos distintos de su vida. El primero es un Alejandro Guillermo Roemmers de veinte años y el otro de cuarenta. “Mi problema era que cuando yo tenía veinte años, me sentía invalidado de contestar a Saint-Exupéry porque me consideraba exactamente igual que él cuando lo escribió a los cuarenta y dos años. Por esa época yo no tenía nada que agregar. Donde terminaba el libro era donde estaba yo, con esa sensación de melancolía, de desazón, de falta de interés en la vida”. Argumenta entonces que le hicieron falta por lo menos diez años para que pudiera pasar, como él dice ahora, a un estado anímico que también puede funcionar como el título de un libro; algo que vuela de la cabeza al corazón”. Hacía falta madurar espiritualmente y emocionalmente y su versión se consumó ya entrado en sus cuarenta años, cuando se atrevió a emprender este desafío.

“Pensé entonces que estaba en condiciones de escribir la respuesta aunque no sabía cómo exactamente ni de qué manera, pero me metí en el tema con empeño y el resultado fue El regreso del joven príncipe”. Producto, por supuesto, de la más pura inspiración dotada de un impulso incontenible. “Lo concluí -sigue explicando-, como ya dije, en poco más de una semana y a mano sobre el papel, como acostumbro a hacerlo con mi poesía. No paré salvo cuando sentí la necesidad de mencionar a Dios por primera vez. Si bien Saint-Exupéry era creyente, él no lo nombra en su Principito. Yo, en ese momento, sabía que esto es algo que genera controversia, pero lo hice y me atreví con fidelidad hacia mi fe”.

Alejandro Guillermo Roemmers es autor, además, de obras como el musical Franciscus, basada en la vida y obra del santo San Francisco de Asís y del poema Un regalo para Francisco dedicado a su compatriota, el Papa, y añade -tal vez de manera polémica- que aunque para algunas personas las religiones son las culpables de muchos enfrentamientos humanos, y a veces es así, pensó que este, su libro tenía que ser auténtico. Pues en este sentido “para mí la fe es importante, es parte de mi vida, yo no podría haber vivido mi vida como la vivo sin tener fe”.

Nuestro poeta desarrolla así su lado más espiritual. De hecho, en esta obra la busca es la esencia del ser humano. “Ya Antoine de Saint-Exupéry - analiza Roemmers-, se adelanta mucho a su tiempo y prevé lo que un poco nos está pasando hoy, que el hombre, a través de la tecnología, se va pareciendo cada vez más a la máquina. Su lucha fue para preservar los valores humanos, la humanidad, esas cosas que difícilmente puede tener una máquina y que son muy propias del hombre. Más o menos perfectas, no importa. Pero es mejor la imperfección humana que la perfección de un ordenador”.

En este contexto, el joven príncipe que nos plantea nuestro poeta, al contrario del original que aterriza en la Patagonia argentina, persigue además preservar uno de nuestros valores más universales tales como “la libertad, la igualdad y la fraternidad, aunque nos hemos olvidado bastante de la fraternidad entre los seres humanos”, advierte. El problema del hombre moderno, piensa Roemmers, es la faltan de raíces y de una estructura espiritual firme. “La vida es un viaje -reflexiona entrecerrando los ojos- y hay que tener claro a dónde queremos llegar”. Sin esas estructuras, como el cree, corremos el riesgo de que aparezcan los extremismos. “Ya ha ocurrido en la historia. Hemos visto cómo personas carismáticas han aprovechado para ocupar ese vacío”. Reconoce, por consiguiente, que no tiene miedo a las críticas. “Me gusta recibir todo tipo de valoraciones cuando el análisis es ecuánime y sincero. Acepto bien la crítica sensata” -asume-. También, si se dan en ese terreno, las que se hagan sobre mi libro El regreso del Joven Príncipe. Quizá es él mismo el que las pide para modificar lo que no corresponde. Pero nunca han llegado en esa dirección. “No he recibido jamás una comunicación negativa. Supongo que mi texto tiene un lenguaje espiritual que es común a todos y eso me reconforta”.

Alejandro Guillermo Roemmers, estará en Madrid el próximo 16 de mayo para presentar su poemario Sonetos del amor entero, que publica Visor, y cuya presentación se llevará a cabo en el Teatro Real.

Roberto Alifano

Escritor y periodista

ROBERTO ALIFANO es escritor y periodista argentino, autor de algunos libros de poemas, de relatos y ensayos.

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