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Novela

Gustavo Martín Garzo: La rama que no existe

domingo 21 de abril de 2019, 19:38h
Gustavo Martín Garzo: La rama que no existe

Destino. Barcelona, 2019. 176 páginas. 17,50 €. Libro electrónico: 9, 49 €.

Por Luisa Martínez

“No decía palabras, / acercaba tan sólo un cuerpo interrogante, /porque ignoraba que el deseo es una pregunta / cuya respuesta no existe, / una hoja cuya rama no existe, / un mundo cuyo cielo no existe”. Esta es la primera estrofa del poema de Luis Cernuda “No decía palabras”, inserto en su obra Los placeres prohibidos. De estos versos toma su título la última novela de Gustavo Martín Garzo (Valladolid, 1948), uno de los nombres más sólidos y veteranos de la literatura española de hoy, con una obra en su haber que ha cosechado numerosos premios, como el Nacional de Narrativa, por El lenguaje de las fuentes, y el Nadal, por Las historias de Marta y Fernando, entre otros.

Tras Donde no estás, (2015), No hay amor en la muerte (2017) y La ofrenda (2018), sus últimas anteriores novelas, nos brinda ahora una envolvente narración que, bajo una historia de tintes cotidianos, esconde preguntas inevitables, si no queremos pasar por la vida como una maleta, y nos lleva a los misteriosos territorios del amor y el sufrimiento. Territorios de los que suele hablarnos la creación que se aleja de lo banal, el arte de ley, ese que “no hablaba de lo que teníamos, sino de lo que nos faltaba”, ese que nos descubre “otra belleza, una belleza que tenía que ver con la oscuridad del mundo y de nuestro corazón”, que nos muestra cómo “el mundo está lleno de dolor”.

A esta belleza nos remite la pintura de María Blanchard, personaje real que se asoma a la novela a través de un supuesto sobrino-nieto, Eduardo Blanchard, personaje ficticio, también pintor, y uno de los tres protagonistas de La rama que no existe, cuya acción se sitúa en la cornisa cantábrica, cerca del parque natural de Oyambre, en la frontera con Asturias. Los otros son dos profesores, el narrador, y su compañera de instituto, Claudia Serra. El narrador, enamorado de Claudia, aunque correspondido por ésta solo con la amistad, nos relata, desde el presente, momentos de su vida pasada que le marcaron para siempre. Y no solo a él, sino también a Eduardo y a Claudia, entrelazados en una relación surcada de misterio y sorpresas.

Una historia llena de recovecos, como los tienen sus personajes. Así, Claudia que “tenía dos caras. La de la pobre mujer que evocaba el tiempo perdido de felicidad con su hijo, y la de esa otra que desde el primer momento había querido seducir a un pintor famoso al que admiraba”. Y una historia, como el mundo, “llena de dolor”. Pero no ajena a su superación y a la esperanza.

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