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Novela

Andréi Platónov: La zanja

domingo 21 de abril de 2019, 19:46h
Andréi Platónov: La zanja

Traducción de Marta Sánchez-Nieves. Armaenia. Madrid, 2019. 240 páginas. 20 €. Se publica por vez primera en nuestro idioma el texto definitivo de esta novela de Andréi Platónov, autor represaliado por Stalin. Una genial sátira que revela las mentiras de un régimen que prometía el paraíso. Por Ángela Pérez

Para escribir su imprescindible trilogía ensayística Esclavos de la libertad, Denuncia contra Sócrates y Crimen sin castigo, completada con La palabra arrestada, el autor y periodista ruso Vitali Shentalinski (Siberia, 1939-Moscú, 2018) buceó durante más de una década, aprovechando la llegada de la perestroika, en los archivos del KGB, la siniestra agencia de inteligencia y centro de la policía secreta de la URSS, donde descubrió la gran represión que llevó a cabo la Revolución, sobre todo el estalinismo, contra escritores e intelectuales. En su clarificadora y monumental investigación, vemos el brutal acoso, que en no pocos casos desembocó en la tortura y el asesinato, contra todo aquel que no solo no cantara con entusiasmo las bondades de la dictadura bolchevique y siguiera a rajatabla sus consignas ideológicas y estéticas, sino contra quien no se pronunciara o las autoridades considerasen que se mostraba tibio. Así, Stalin arremetió contra escritores como Anna Ajmátova, Boris Pasternak -autor de la famosa Doctor Zhivago-, Marina Tsvetaeva, Isaak Bábel, Mijaíl Bulgákov –recreada brillante la relación de Bulgákov con el tirano soviético en la pieza teatral Cartas de amor a Stalin, de Juan Mayorga-, y Ósip Mandelshtam, entre muchos otros. Porque los nombres más conocidos solo eran la punta del iceberg, pues bien recuerda Shentalinski: “Durante los años del poder soviético represaliaron a más de tres mil escritores y otros dos mil fueron fusilados o murieron en las cárceles y en los campos, sin esperanza para la libertad”. Y no únicamente a los rusos, también a la intelectualidad de todos los pueblos que formaron el imperio soviético.

Entre los autores de los que se ocupa Vitali Shentalinski, se encuentra Andréi Platónov, quizás menos célebre que alguno de los anteriormente citados, pero que merece no olvidarse. Ahora, la editorial Armaenia pone a nuestro alcance el texto definitivo, en rigurosa edición y traducido por primera vez al español, de su obra maestra, la novela La zanja, incluyendo en el volumen un sustancioso posfacio de Robert Chandler y Olga Meerson, traductores de Platonov al inglés y estudiosos de su figura y producción.

Andréi Platónov, nacido en un pueblo cercano a Vorónezh en 1899, en el seno de una familia humilde -su padre era un empleado de los ferrocarriles-, tuvo que trabajar desde adolescente para ayudar al mantenimiento de la familia, fue el mayor de diez hermanos. No obstante, consiguió cursar estudios de ingeniería, a la vez que empezó a colaborar en varios periódicos. Platonov recibió con esperanza el triunfo de la Revolución de 1917. Pronto se incorpora a la Unión de Periodistas Comunistas y a la Unión de Escritores Proletarios de Voronehz; y al comienzo de los años veinte asiste al Primer Congreso de Escritores Proletarios en Moscú, y se afilia formalmente al Partido Comunista.

Pero no tardará mucho en darse cuenta de las muchas grietas que tiene el sistema bolchevique vendido como el paraíso y la creación de un hombre nuevo. Sobre todo, en su labor como ingeniero comprueba en la realidad que el proceso de colectivización de los planes quinquenales no es ni mucho menos como lo presentaba el estalinismo y no favorece a los campesinos. Y a medida que es consciente de ello y quiere volcarlo en sus escritos, el régimen y el establishment político y literario empiezan a revolverse en su contra, y hasta el propio Stalin toma cartas en el asunto. Sus obras son puestas en la picota y prohibidas, le despiden de los trabajos y atraviesa enormes dificultades económicas. Es tildado de contrarrevolucionario. Pero la crueldad de Stalin llegará aún más lejos: durante la Gran Purga, su hijo, de apenas quince años, es arrestado y enviado a un gulag acusado de espía y de conspirar contra la Unión Soviética. En el campo contrae la tuberculosis y cuando es liberado y vuelve a casa, gracias a la intervención de su miembro del Soviet que admiraba a Platónov-, le contagia la enfermedad a su padre. De ella morirá en 1951 en Moscú, en la pobreza y en las garras del alcoholismo, tras una vida de persecución por parte de los bolcheviques que solo en escasos momentos le permiten sobrevivir malamente y publicar algún artículo, como cuando se convierte en corresponsal de guerra en la invasión alemana de Rusia, un “regalo” envenenado que le conduce a ser herido durante la ofensiva del Ejército Rojo.

La zanja, ambientada en la URSS de los años treinta, se alza como una gran metáfora del régimen: los trabajadores se dedican a excavar los cimientos de un gigantesco edificio, que fue un palacio, con el propósito de ponerlo al servicio del edén prometido. Pero, los problemas se acumulan y el ingeniero de las obras cree que “la casa debía habitarla gente, pero la gente está colmado de esa calidez de la vida que una vez se llamó alma. Tenía miedo de levantar edificios vacíos, esos en los que la gente vive solo por las inclemencias del tiempo”. El lugar, finalmente, parece más una tumba. Como en una tumba se convirtió la Rusia soviética con millones de muertos en aras del comunismo.

Esta novela de Platónov fue, naturalmente, prohibida y solo se publicó en su país al final de los años ochenta, gracias a la apertura de la perestroika. La obra de Platónov fue prohibida no solo por su cuestionamiento del régimen, sino por no doblegarse a los dictámenes del realismo socialista que pretendía imponerse a toda la literatura. Platónov maneja la ironía y la sátira magistralmente y toda la novela se impregna de un tono surrealista, con vivos diálogos, alejado de cualquier plomizo discurseo: “Platónov no nos dice simplemente que no hay escapatoria de la colectivización; nos hace experimentarlo”, como bien señalan Chandler y Meerson en el posfacio.

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