Este lunes comienza una serie de dos debates televisados con los candidatos, uno en el canal público y otro en uno privado.
Todo está en el aire. A pesar de que las encuestas dan una ligera ventaja a los partidos situados en el ala izquierda, el peso decisivo que va a decantar las elecciones generales está en los indecisos. Los principales partidos políticos confían en que esa fuerza determinante de potenciales votantes regrese de las vacaciones de Semana Santa para sentarse frente a sus televisores en horario de prime time para tratar de seducirlos en los dos debates televisados.
El primero de ellos se celebrará en el canal público, La 1, y el segundo será retransmitido por el grupo Atresmedia, y su canal principal, Antena 3. A diferencia de otros debates televisados que ya se han producido, concurrirán los cuatros principales candidatos: Pedro Sánchez, por el PSOE, Pablo Casado, por el PP, Pablo Iglesias, por Podemos y Albert Rivera, por Ciudadanos. Faltará un quinto elemento, al que las encuestas auguran una irrupción fulgurante en el Congreso: Vox. La Junta Electoral Central, sin embargo, ha considerado que no debía estar bajo los focos, por no tener todavía representación parlamentaria.
Los cuatro primeros espadas de la política española habrán de centrarse en colocar sus mensajes para lanzarse a esos ciudadanos que reconocen no tener decidida su papeleta.
El PSOE de Pedro Sánchez aparece como favorito en todas las encuestas para ganar las elecciones en una postura atípica: tras cosechar los peores resultados electorales de su historia, el candidato socialista logró auparse hasta La Moncloa con la ayuda de Podemos y los nacionalistas, en un pacto que parecen dispuestos a reeditar. El poder concedió a Sánchez una sobrevenida hegemonía en las encuestas de intención de voto en los sondeos realizados por el controvertido CIS de Félix Tezanos, antiguo militante socialista; pero también las encuestas privadas de numerosos medios de comunicación han coincidido en señalar esta aceptación de Sánchez.
Enfrente tiene al PP de Pablo Casado, principal cabeza del bloque que ha centrado todo su mensaje electoral en la idea de “echar a Sánchez de La Moncloa”. El partido concurre a las elecciones generales como el garante de la defensa de la Constitución y la unidad de España frente a un PSOE que pintan como capaz de todo con tal de conservar el poder: el apoyo de nacionalistas y secesionistas a Sánchez, argumentan, podría llevar la contrapartida de negociar y trocear la soberanía del pueblo español a través de un referéndum de autodeterminación en Cataluña, que podría extenderse a otras comunidades autónomas como el País Vasco.
Podemos ha hecho una campaña alejada del maximalismo de otras ocasiones. Sabedores de que las encuestas no arrojan un escenario prometedor para la formación morada, un Pablo Iglesias regresado de la paternidad con renovada aureola de líder tras la traición de Errejón, ha centrado su discurso en un duro discurso contra los poderes económicos y mediáticos. La parte social de la Constitución ha sido otra de sus obsesiones. El objetivo: lograr movilizar a su electorado (una parte puede estar entre esos indecisos) y lograr ser el socio necesario de Sánchez, al que también pediría un referéndum para Cataluña para solucionar el conflicto con la Generalidad, en detrimento del otro socio natural de los socialistas, Ciudadanos.
Ciudadanos, por su parte, ha repetido una y otra vez en campaña que jamás pactará con Pedro Sánchez por su ambigua postura sobre el conflicto con los secesionistas. El partido naranja ha vivido la irrupción de Vox como uno de los acontecimientos de campaña y ha virado su discurso hacia la derecha y el patriotismo, dejando de lado su lado más socialdemócrata. La defensa de la unidad de España, en la órbita de Casado y Abascal, ha caracterizado un discurso en ocasiones monotemático, que dejaba a la ambivalencia otros asuntos, tenidos como menos importantes por la formación de Albert Rivera.
Y por último, los grandes ausentes: Vox. El partido situado en el extremo del espectro ideológico de la derecha estará ausente, lo que muchos analistas interpretan como una desventaja frente a sus rivales en la captación de ese voto indeciso. En todo caso, se presenta como la gran incógnita de estas elecciones en las que nadie se atreve a dar un pronóstico claro.