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EXPLORACIÓN ESPACIAL

Solar Orbiter, el satélite que intentará desentrañar los misterios de nuestra estrella

Solar Orbiter, el satélite que intentará desentrañar los misterios de nuestra estrella
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(Foto: ESA)
jueves 25 de abril de 2019, 16:24h
Con esta misión de la ESA, que se lanzará en 2020 y cuenta con una importante participación española, los científicos esperan ampliar notablemente su conocimiento sobre el Sol.

El Sol es la estrella más cercana a la Tierra y es, también, la que resulta fundamental para el desarrollo y la permanencia de la vida en nuestro planeta. Sin embargo, los científicos desconocen muchas cuestiones sobre su funcionamiento y, especialmente, sobre la influencia que sus emisiones energéticas tienen en el Sistema Solar interior y en la Tierra.

Desde principios de la década de los 90, varias misiones se han dedicado a estudiar la actividad solar y a desvelar algunos de esos misterios, como Ulises y SOHO. La segunda, lanzada en 1995, todavía está operativa, y los datos que ambas han obtenido han servido para que los científicos propongan nuevas misiones que amplíen nuestros conocimientos del Sol.

Es el caso de Solar Orbiter, un satélite que la ESA lanzará en 2020, a bordo de un cohete Atlas V de la NASA desde Cabo Cañaveral. La principal motivación detrás de él es “acercarnos más al Sol y mejorar los instrumentos para observarlo”, en palabras de César García, jefe de proyecto de la misión.

Solar Orbiter será el primer satélite en ofrecer imágenes de cerca de las regiones polares del Sol, muy difíciles de observar desde la Tierra, desde latitudes superiores a los 25 grados. Será capaz de casi coincidir con la rotación del Sol alrededor de su eje durante varios días, por lo que permitirá ver por primera vez cómo se forman las tormentas solares durante un periodo prolongado desde un mismo punto. También proporcionará datos sobre el lado del Sol no visible desde la Tierra.

Este satélite está diseñado para estudiar de cerca el Sol y la heliosfera interior (las regiones inexploradas y más cercanas a nuestra estrella) y así comprender, e incluso predecir, el comportamiento errático de la estrella de la cual dependen nuestras vidas. En su punto más cercano, la nave se acercará al Sol más de lo que ninguna otra misión ha logrado, soportando un calor abrasador, y llevará sus telescopios hasta casi un cuarto de la distancia de nuestro planeta a la estrella. Así, proporcionará datos e imágenes únicos del Sol.
Diagrama de la misión / ESA.

Ciclos de 11 años

El Sol presenta un ciclo de unos 11 años en el que su actividad magnética varía entre un mínimo y un máximo, y en la actualidad nuestra estrella está en un mínimo solar, pero, cuando está en su máximo de actividad magnética, expulsa grandes cantidades de material y muestra un gran número de manchas solares que se aprecian como zonas más oscuras.

Estos cambios de actividad tienen un impacto gigante en el espacio interplanetario, ya que el viento y las tormentas solares están determinadas por estos, pero también puede afectar a la Tierra.

Y es que, cuando las partículas son altamente energéticas, podrían vencer el escudo natural que posee nuestro planeta -campo magnético o magnetosfera-, lo que podría dañar satélites de comunicaciones, sistemas de navegación como GPS o redes de transporte de energía eléctrica, ha detallado a Efe Luis Sánchez, jefe de desarrollo de operaciones de ciencia de Solar Orbiter.

De ahí la importancia de esta misión, ya que va estudiar de dónde proceden estas partículas y cómo se aceleran para, entre otros, tratar de dar pistas y avisar con antelación sobre su posible llegada a la Tierra, ha resumido por su parte Javier Rodríguez-Pacheco, investigador principal de EPD, un detector de partículas energéticas liderado por la Universidad de Alcalá.

Además, Solar Orbiter tratará de comprender por qué el viento solar se acelera hasta 800 kilómetros por segundo o por qué su corona se calienta hasta entre 1 y 2 millones de grados, ha indicado Yannis Zouganelis, responsable científico adjunto del proyecto.

Para ello, el satélite, que en su punto más cercano estará un poco más cerca del Sol que Mercurio, tiene diez grandes instrumentos con antenas, detectores y telescopios que deberán trabajar de manera coordinada y planificada: "Ahí está la clave", ha apuntado Anik de Groof, coordinadora de operaciones de instrumentación de la misión.

Solar Orbiter tiene una vida útil de 7 años, extensible tres años más, y dos paneles solares. España, además del detector EPD, también participa en PHI, uno de los telescopios solares de alta resolución capaz de medir la sismología solar y el campo magnético.

Han colaborado, además de la de Alcalá, las universidades de Barcelona, la Politécnica de Madrid, y la de Valencia, el Instituto de Astrofísica de Andalucía, el Astrofísico de Canarias y el Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial. La aportación española ha sido muy importante y "sacrificada, en un momento de crisis económica profundo", ha recordado Rodríguez-Pacheco, quien ha dicho: somos muy buenos cuando nos dejan.

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