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TRIBUNA

Llanto de amargura del arte y la naturaleza por el desplome de Notre-Dame

miércoles 01 de mayo de 2019, 19:26h

Desde la antigüedad el hombre ha hecho gala de su ingenio y de su identificación con la Naturaleza. Una de sus proezas como homos sapiens fue la de encontrar el equilibrio y soporte de las piedras para construir: Las Pirámides, el Partenón griego, las catedrales medievales, mezquitas y templos orientales: ”Joyas de Arte” que las hacen únicas, y que a pesar de la erosión del tiempo y catástrofes como el incendio de Notre Dame de París; las piedras poseen el misterio de su perennidad y de su eterno retorno.

Cuando una obra de arte se derrumba, padecemos todos aquellos amantes de la cultura un inmenso dolor de fragilidad al ver las piedras derramar sus lágrimas para ungirlas al llanto de la Humanidad, aunque sepamos que es una pesadumbre pasajera, ya que la Naturaleza seguirá inmutable forjando sus figuras graníticas en la infinitud, prevaleciendo sobre el paso del hombre que como esencia espiritual transitoria en la Historia, siempre será testigo del esplendor renaciente de las piedras imbuidas en su pétrea virtud.

Rosalía de Castro en un pasaje bellísimo sobre la Naturaleza, expresa estas frases:

“La Naturaleza es la tierra, las canteras de las faldas de sus montes, son los bosques de robles, encinas y olivares que llegan hasta el mar, evocadores de un pasado nebuloso y añorado, azotado por la lluvia y los vientos de libertad. La Naturaleza es una realidad amiga y cercana que refleja sus sentimientos, que sufre y llora como el ser humano, padeciendo por igual las amarguras y burlas del destino, pero siempre eternamente repetida, inmutable y hostil.

La Naturaleza es tierra gallega, andaluza y castellana, tierra madre de la que se ha surgido y a la que se quiere retornar empujada por el dolor y el cansancio de vivir.”

Tenemos el gran privilegio en España de tener a un joven artista de reconocida fama internacional: Pedro Durán Pozo, natural de Arcos de la Frontera ese encantador pueblo gaditano, quien desde niño sintió los impulsos de la Naturaleza de la sierra gaditana de los Pueblos blancos, plenos de paisajes de hermosura, surcados por riachuelos, bosques y piedras seculares que piropean al nacimiento de los ríos en su manantial.

La afición de Pedro a la pintura, a una creativa jardinería y su amor por la Naturaleza, le ha aportado un profundo conocimiento de la policromía de la magia de los colores de las flores y de esos pinares de ensueño que enseñorea el boque de Grazalema con el mayor grado de pluviosidad de la Península.

Con meditación y en silencio, Pedro ha conseguido una gran destreza en crear figuras de Piedras en equilibrio que vencen a las leyes físicas de la gravedad. Domina este arte con paciencia y humildad, quiere sentirse alejado de la fama y de la popularidad. ¡Hombre modesto, pero a su vez sin pretenderlo goza de prestigio universal, con premios en Estados Unidos, Escocia y el extenso imperio oriental.¡

Sin embargo, él queda absorto ensimismado en si mismo, en esos momentos del efímero Arte de componer su escultura en equilibrio, plena de asombro, de gracia y espiritualidad, encontrando: “La Paz, el sosiego y la Felicidad.”

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