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Diario

Marguerite Duras: El dolor

domingo 19 de mayo de 2019, 17:33h
Marguerite Duras: El dolor

Traducción y postdata de Clara Janés. Alianza. Madrid, 2019. 207 páginas. 17 €. Nueva y magnífica edición del diario de la escritora francesa, centrado en la angustiosa espera de la vuelta de su marido, Robert Antelme -miembro de la Resistencia, como ella misma-, del campo de concentración donde le recluyeron los nazis. Un viaje al sufrimiento, servido con una estremecedora contención. Por Ángela Pérez

En 1985, Marguerite Duras (1914-1996) había publicado numerosos libros. Entre otros, las novelas Les impudents, con la que se dio a conocer en 1943, La vida tranquila, Los pequeños caballos de Tarquinia, El square, Moderato cantábile, y El amante con la que obtuvo el Premio Gongourt de 1984, y que le supuso un reconocimiento internacional traducida a más de cuarenta idiomas. Poco después, Jean-Jacques Annaud llevó al cine esta historia de un amor pasional y prohibido, en la Indochina francesa de 1929 -donde Duras nació en 1914-, entre una jovencita gala y un adinerado hombre de negocios chico, mayor que ella. Igualmente, en ese momento, la autora francesa había comenzado su labor como guionista, destacando el guion, basado en su novela Hiroshima mon amour, del célebre filme de título homónimo dirigido por Alain Resnais, su dedicación a la dirección cinematográfica y a la escritura de piezas teatrales.

Pero 1985 fue un año especial, en el que vio la luz un título muy singular de Marguerite Duras. Buena parte de su producción tiene una raigambre autobiográfica, sin embargo, en El dolor esa condición se hace fuerte, pues nos encontramos ante un diario. Un diario que ahora recupera Alianza en una nueva y excelente traducción de Clara Janés, en un volumen que se cierra con una interesantísima postdata de la poeta y académica sobre Duras y esta obra. Un diario que sirvió de base al filme Marguerite Duras. París 1944, de Emmanuel Finkiel, protagonizado por Mélanie Thierry.

Aunque aparecido en 1985, El dolor está escrito antes, si bien no se puede precisar cuándo, según nos explica la propia Duras en una nota introductoria: “He encontrado este Diario en dos cuadernos de los armarios azules de Neauphle-le-Château. No guardo ningún recuerdo de haberlo escrito. Sé que lo he hecho, que soy yo quien lo he escrito, reconozco mi letra y el detalle de lo que cuento, vuelvo a ver el lugar, la Gare d’Orsay, los trayectos, pero no me veo escribiendo este Diario. ¿Cuándo lo escribí, en qué año, a qué horas del día, en qué casa? No sé nada. Lo que es seguro, evidente, es que me resulta impensable haberlo escrito mientras esperaba a Robert L”.

Sea como fuere, el asunto se encuadra en los años cuarenta del pasado siglo, y gira en torno a la angustiosa espera de la deseada vuelta de su primer marido, el también escritor Robert Antelme, con quien se había casado en 1939, detenido por la Gestado y llevado a los campos de concentración de Dachau y de Buchenwald. Finalmente pudo regresar del infierno, del que da testimonio en La especie humana. Antelme formaba parte de la Resistencia, al igual que Duras. Su grupo fue capturado por los nazis en una emboscada. Duras pudo escapar, ayudada por Jacques Morland, -nombre utilizado por François Mitterrand-, pero no Antelme.

Duras relata la angustiosa espera, acosada por el insomnio y aguardando constantemente una llamada de teléfono en el momento en que los aliados avanzan en todos los frentes y van liberando campos de exterminio, o yendo a la estación de ferrocarril, y nos transmite su omnipresente negro augurio de que haya sido asesinado y esté en una cuneta. Y después la llegada de Antelme. Asimismo, rememora su propia participación en la Resistencia y oscuros episodios, como su relación con un agente de la Gestapo con el propósito de saber noticias de su marido, o su intervención en las torturas a los colaboracionistas chivatos, en la parte titulada “Albert des Capitales”, una de las más duras.

A pesar de ese dolor que domina el libro, no hay desmelenamiento por parte de su autora, lo que le otorga una mayor intensidad en la contención. Clara Janés define a la perfección El dolor: “Un libro sagrado para ella, libro sangrante para el lector, que reúne movimientos de la máxima crueldad. Como consecuencia, su escritura es rigurosamente descarnada. Se trata de ir hurgando en el fondo de los fondos del sufrimiento humano, entrando en el odio del hombre contra el hombre, que, por cuestiones políticas, adopta los aspectos más inhumanos”.

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