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TRIBUNA

Dejad de joder con la pelota

Jesús Carasa Moreno
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carasajesusgmailcom/11/11/17
https://www.jcarasa.com/
martes 18 de junio de 2019, 20:13h

El panorama político de estos últimos años me lleva a acordarme de la canción de Serrat en la que hace aquella famosa exclamación.

La vida histórica del ser humano es un cúmulo caótico de penalidades, de acontecimientos atroces y dolorosos, aliviados por cortas y frágiles épocas de bonanza. Algunos personajes providenciales van aportando, léntamente, soluciones que mitigan tanta aflicción y otros procuran tiempos de paz y buen gobierno, en los que el bienestar avanza.

España ha buscado, trágicamente, durante el siglo XIX y primera parte del XX, verse gobernada por regímenes democráticos, enmarcados en una Constitución, similares a los nacidos de la Revolución Francesa y la Declaración de los EE.UU. Los reiterados fracasos han costado mucha sangre y dolor hasta que, por fin, se consiguió abrir una época, con la del 78, que dura, ya, la friolera de mas de cuarenta años. Auspiciada, por primera vez, por la menarquia, que era la que se cargaba las anteriores y elaborada por líderes cuyos idearios, desde el Comunismo hasta el Franquismo, parecían enemigos irreconciliables, fue puesta en pie por la inmensa mayoría de los españoles, aparte algún reducto de violencia cerril, que ha derramado, también, mucha sangre y causado mucha zozobra.

Esta, largamente añorada, Constitución, es, por fin, la ley de gobierno de esta casa común de todos los españoles; casa, de cuya buena conservación debemos ocuparnos todos y que no se puede trocear salvo que se establezca un nuevo acuerdo en el marco de esa Constitución. Se daba por supuesto que al que no le gustase vivir en esa casa, en compañía de los otros, debía marcharse, sin apropiarse de parte de ella. Para eso se hicieron concesiones inauditas a los que se encontraban mas incomodos, a cambio de su lealtad y aceptación de la copropiedad. Y se establecieron, como es obligado, normas para su eventual modificación según leyes democráticas votadas por mayorías cualificadas, según los baremos democráticos del mundo occidental.

Amigos, si sopesamos la historia de esta bienaventurada época de paz y prosperidad que estamos viviendo a partir de La Transición, debemos considerarla un grandísimo milagro para como las gastamos los españoles y dan ganas de maldecir la frivolidad de los que enredan en las cuestiones políticas y de gobierno, poniendo en riesgo la paz y el bienestar en el grupo y mas, todavía, a los que quieren destruirla, que los hay, volver al caos y empezar de nuevo.

No podemos admitir que los adanes, sin ningún mérito adquirido, que consideran la historia como meros hechos preliminares a su llegada; los pequeños “revolucionarios”, que vienen con el loco sueño de pasar a la historia, como pasaron los héroes de sus posters; los nostálgicos que se consideran sucesores de alguna idealizada legitimidad anterior; los filibusteros con dotes para la pesca en rio revuelto; o los nacionalistas-separatistas, que pretenden, a estas alturas de la historia, ser poseedores de un absurdo pedigrí que les señala como distintos-superiores a los demás y con el que engatusan a tantos “bartolillos” que creen que, con poseerlo, han logrado dar un sentido épico a sus vidas, salgan ahora a hacer tambalear y poner en riesgo este periodo de estabilidad.

Ni que nos hagan vivir en equilibrios, tan inestables, que impiden llegar a acuerdos para las necesarias reformas, que el paso del tiempo hace necesarias, precisamente, para su larga vida. La Constitución de los EE.UU. contiene veintisiete enmiendas.

No se puede ser débiles o tibios en la defensa de este tan ansiado logro. Y extraña y repugna como los partidos actuales, de derechas o de izquierdas, que mas da, mucho mas exquisitos para entenderse con idearios distantes a los suyos, de lo que lo fueron los fundadores, no presentan una nítida oposición a los que con sus juegos, sueños o delirios ponen en peligro nuestra convivencia y hacen ver, a todos ellos, sin ningún genero de dudas, que esta Constitución tiene, por fin, su defensa garantizada y que cualquier modificación de la convivencia se hará según las leyes y normas que ella ampara o contiene.

Amigos, urge poner a este país, de una vez, mirando hacia el futuro. Así que, niños, dejad, ya, de jugar con la pelota.

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