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TEATRO INCLUSIVO

Paloma Pedrero: “Hacer teatro puede ser más importante que comer”

Paloma Pedrero y Caídos del Cielo
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Paloma Pedrero y Caídos del Cielo
miércoles 19 de junio de 2019, 17:46h
Clase de Caídos del Cielo
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Clase de Caídos del Cielo

La noticia de estos días es que el Teatro del Barrio se acaba de convertir en la sede y el hogar de Caídos del Cielo, el proyecto bajo la dirección de Paloma Pedrero en el que trabajan personas en riesgo de exclusión social junto con actores profesionales, psicólogos y trabajadores sociales.

Pero quizá lo más importante es que se trata de un paso más, un paso importante, pero uno más en la historia de Caídos del Cielo, que lleva más de veinte años desarrollando su actividad como ONG y recibiendo premios y reconocimientos a una labor en la que, como la propia Paloma ha contado a El Imparcial, "las personas cuando hacen teatro recobran la autoestima, se recuperan muchas veces de las adicciones y vuelven a sentir que tienen mucho que aportar al mundo".

Por su labor artística para la inclusión y la transformación social, Paloma Pedrero ha sido nombrada embajadora mundial del teatro de la UNESCO.

Ahora, gracias a la complicidad del Teatro del Barrio nace en Madrid y con vocación de permanencia un proyecto de teatro social. La dramaturga y directora lo considera fundamental: “Ellos necesitan vivir lo lúdico, bailar, ir a ver teatro o conciertos, volver a estar con gente ‘normal’… Hacer teatro puede ser mucho más importante que comer. Aquí preparamos desayunos, pero a ellos no les importa llegar tarde al desayuno, lo que les importa es llegar al taller”.

Paloma Pedrero nos lo cuenta:

¿Qué es Caídos del Cielo?

Caídos del Cielo es una ONG en la que llevamos 20 años trabajando con las artes escénicas como herramienta de inclusión social. Antaño trabajábamos con un tipo de personas en exclusión severa, que son las que más abundaban entonces, con adicciones a drogas duras, que estaban sin techo y sin salud. Ahora hemos sumado más colectivos.

Con ellos montamos una obra que estrenamos en el Festival de Otoño en 2008 mezclando actores profesionales también en riesgo de exclusión, con personas sin hogar, y que tuvo un éxito humano y artístico muy grande, hasta el punto de ser finalistas del Premio Valle-Inclán de teatro.

A partir de ahí nos programaron para la temporada en el propio teatro. Y pensamos que esto tenía que seguir adelante porque vimos la fuerza tremenda que tiene el teatro como herramienta de recuperación humana, de superación. Las personas cuando hacen teatro recobran la autoestima, se recuperan muchas veces de las adicciones y vuelven a sentir que tienen mucho que aportar al mundo. Es decir, a través del arte, ellos convierten su dolor y sus experiencias en algo bello que además lo comparten con los demás.

¿Este sería el objetivo, que vuelvan a sentir que son personas?

Nosotros no venimos a hacer terapia porque la terapia es algo que te cura individualmente. Nosotros hacemos arte, que es algo que te sana a ti y sana a los demás porque se lo das a los demás. Es un trabajo de equipo. Todo el mundo colabora y participa en las diferentes labores que tiene un taller con personas tan diversas.

¿Qué destacas después de 20 años de Caídos del Cielo?

Pues que ya hemos hecho 8 montajes profesionales, que me parece increíble. Estos montajes y un taller permanente andando de un lado para otro porque las instituciones públicas realmente no nos han cedido el espacio ni los recursos que necesita este tipo de proyecto, aunque no desesperamos. Ahora ha sido un teatro privado, como El Teatro del Barrio, el que nos ha ofrecido su casa para que sea sede de este proyecto pionero, ya probado, con mucha historia y con mucho éxito. Cuándo digo éxito no me refiero solo a los premios. Me refiero a éxitos humanos.

El Teatro del Barrio lo conocía como espectadora y como compañeros, pero ahora ya somos cómplices porque van a ser hogar de una realidad por el que llevamos luchando muchos años. Y que ellos también querían construir.

¿Quién os ayuda?

En primer lugar, nos ayudan los socios, que aportan sus cuotas y sus recursos personales. Procuramos que los alumnos se sientan con nosotros como en una casa y se necesitan para ello voluntarios, colaboradores… Otras hacen donaciones particulares. Hay gente muy generosa y solidaria.

También la fundación de la Obra Social la Caixa, nos ha otorgado varias veces su Art For Change. Con la última montamos el año pasado una obra con refugiados de 15 países que se estrenó en el Teatro Conde Duque.

La Fundación Coca Cola también nos ha apoyado siempre porque es una fundación para la que el arte y lo social son sustanciales. Desde que conocieron el proyecto de Caídos del Cielo, de una manera u otra, siempre nos han ayudado para que siguiéramos adelante.

Y a veces seguimos con nuestros propios recursos, es decir, tirando y diciendo “vale, esto hay que hacerlo y se hace”.

¿Es suficiente?

Yo creo que tendrían que comprometerse las administraciones porque este es un trabajo que les corresponde. Son sus ciudadanos, son sus gentes los que lo necesitan. En España hay 8,5 millones de personas, no en riesgo de exclusión, sino excluidas, según el último informe de Cáritas. Las autoridades también saben que hay 2,5 millones de personas en exclusión severa, situación de calle.

Y a las personas no solamente les tienes que dar el pan, también les tienes que dar la flor. Tienes que hacerles darse cuenta que tiene sentido su vida. Los comedores resuelven lo primario, el hambre, pero no es suficiente para que la gente que está en ese estado – algunos muy hundidos– salga adelante.

Ellos necesitan vivir lo lúdico, bailar, ir a ver teatro o conciertos, volver a estar con gente ‘normal’… Hacer teatro puede ser mucho más importante que comer. Aquí preparamos desayunos, pero a ellos no les importa llegar tarde al desayuno, lo que les importa es llegar al taller. Está demostrado, hay estudios científicos que lo avalan. Por esto, los Gobiernos y las instituciones públicas tienen que tenerlo en cuenta y cumplir con su responsabilidad. No puede dejar este peso en las espaldas de voluntarios o los propios artistas, que bastante tienen con sobrevivir siendo artistas.

A veces necesito respirar, porque trabajar con la exclusión social a veces desgasta, pero para mí es un camino, el que he elegido.

¿Qué es lo que más te llena como persona y como mujer de teatro de Caídos del Cielo?

Ver lo grandes que son estas personas como artistas, porque habitualmente son personas muy sensibles y con mucho talento. Pero también saber que he encontrado, no solo mi lugar, sino mi sentido de vivir, que es ayudar a los otros, a los que no han tenido las posibilidades que yo he tenido.

Si yo no tuviera esto tan claro, te aseguro que habría tirado la toalla hace bastantes años.

Algo no tan bueno en estos 20 años. Lo peor…

No sabría decir... Caídos del Cielo es una asociación del amor, de la esperanza, de la alegría, del juego. La gente se respeta, pero lo peor… quizá momentos en los que me he sentido sola ante retos. Porque no es solo lo artístico, hay mucho trabajo más. La relación con instituciones; hacer gestión, administración, comunicación… Tienes que hacer de todo para que esto funcione. Y yo no se hacerlo.

Hay momentos que dices: no puedo más. Pero no sé si esto hay que ponerlo porque he podido, hemos podido. Al principio he llegado pasar momentos muy duros trabajando con personas que estaban muy ‘malitas’, con adicciones, con síndromes de abstinencia, y yo con mis voluntarias… He llegado a tener momentos en los que he sentido peligro físico.

Son momentos puntuales en los que piensas “qué hago yo aquí”, pero luego, con lo que te quedas es el cariño incondicional. Cuando ellos sienten que eres una persona que dice “hola, me llamo Paloma y soy una caída del cielo, soy como vosotros” y se lo demuestras, ellos saben con quién están.

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