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Novela

Joyce Carol Oates: Riesgos de los viajes en el tiempo

domingo 23 de junio de 2019, 18:58h
Joyce Carol Oates: Riesgos de los viajes en el tiempo

Traducción de José Luis López Muñoz. Alfaguara. Barcelona, 2019. 320 páginas. 19,90 €. Libro electrónico: 11,99 €. Uno de los nombres imprescindibles de la novela de hoy, la norteamericana Joyce Carol Oates, se interna en la literatura distópica con una fábula brillante. Por Adrián Sanmartín

“En mi existencia de después me daría cuenta de que prácticamente durante toda mi vida anterior había sido consciente bajo mínimos. Prácticamente no había cuestionado nada; apenas había tratado de descifrar la naturaleza específica de lo que mis padres trataban de comunicarme, más allá de sus palabras. Porque mis queridos padres sufrían de la maldad que entraña la habilidad para atender. Me los había creído al pie de la letra; había dado por sentada mi vida en una burbuja”, confiesa la joven de diecisiete Adriane Strolh, protagonista y voz narradora de Riesgos de los viajes en el tiempo, la última novela de la prolífica Joyce Carol Oates (Lockport, Nueva York, 1938), donde la escritora norteamericana demuestra que a sus más de ochenta años se sigue manteniendo en plena forma y su literatura no ha perdido un ápice de su brillantez y de poner el dedo en la llaga en asuntos de gran trascendencia, así, por ejemplo en su novela anterior, Un libro de mártires americanos, publicada en nuestro país el pasado año. Joyce Carol Oates no solo es la eterna candidata al Nobel, cuyo nombre suena en todas las quinielas cada año, sino que está en los primeros puestos en la batalla por dar forma a la “gran novela americana”.

En Riesgos de los viajes en el tiempo, la autora neoyorquina se adentra en un territorio que ha fertilizado extraordinariamente la narrativa: la novela distópica. Prácticamente un género donde encontramos, entre otros títulos, los ya auténticos clásicos Nosotros, de Zevgueni Zamiatin Un mundo feliz, de Aldoux Huxley, una de las pioneras -1932-, y quizá más míticas; 1984, de George Orwell, donde nace ese “Gran Hermano” que alimenta uno de los más célebres y exitosos reality shows; y Fahrenheit 451, de Ray Bradbury. A ellos se suman Nunca me abandones, de Kazuo Ishiguro, y El cuento de la criada, de Margaret Atwood, convertido en un fenómeno que traspasa lo literario, con exitosa serie incluida, y ahora esta propuesta de Oates, que por derecho propio está llamada a ser una obra de referencia en este ámbito.

Su protagonista, Adriane Strohl, vivía, como ella misma señala, “en una burbuja”. Adriane vive en los EAN (Estados de América del Norte), en 2039, transformados en un régimen totalitario y opresivo, en el que hay que cumplir los consignas a rajatabla, (los profesores tienen “que funcionar como un robot, sin apartarse nunca del guion bajo pena de…, ya sabes de qué”), hay una incitación al espionaje de unos sobre otros, y donde los ciudadanos han pasado a la categoría de súbditos, y se considera que “como los animales, los seres humanos necesitan orden, coherencia, consecuencias predecibles. Si les faltan, sufren un colapso nervioso”. Por eso se les somete a una reeducación, y, en no pocos casos, se les convierte en IA: Individuo Aniquilado, un cruel procedimiento según el cual al IA no solo se le “vaporiza” sino que se aniquila todo recuerdo de él: “Una vez que hayas dejado de existir, a tu familia, incluso a tus hijos si los tienes, se les prohibirá hablar de ti o recordarte bajo ningún pretexto”. Este es el caso de Tobías, tío de Adriane, que intentó organizar una manifestación a favor de la libertad de expresión, por supuesto ausente del régimen. También están los IM (Individuo Marcado), situación en la que se halla el padre de Adriane, Eric Strohl.

Asimismo existen otros castigos como la de estigmatizar a una persona como IE (Individuo Exiliado) al que se lleva a la Zona Restringida, en la que, entre otras sanciones, se le vigila en todo momento, se le prohíbe cuestionar a cualquier autoridad local de la Zona Restringida, se le impide mantener relaciones con ningún otro individuo, condenándole así a una absoluta soledad, y se le proporciona un nuevo nombre, innegociable, y una “partida de nacimiento” apropiada. Precisamente a Adriane se la condena a ser IE, “por siete delitos de Incitación a la Traición y Cuestionamiento de la Autoridad”. Su “crimen” ha sido pronunciar un discurso juzgado rebelde y subversivo el día de su graduación en el instituto. Nada más concluirlo es detenida, tras la denuncia del director del centro: “Esa es la traidora que están buscando”.

La fábula distópica ideada por Joyce Carol Oates nos presenta una situación que fue muy real en regímenes totalitarios comunistas y fascistas, que planean por la novela. Una situación que las sociedades democráticas occidentales vencieron. Pero la democracia, por muy asentada que parezca, es un bien frágil, sobre todo en momentos de crisis en los que se acumulen los problemas, y quieran encontrarse “redentores” que prometen fáciles soluciones, naturalmente engañosas. Por eso siempre hay que estar alerta. La literatura muchas veces, como en este caso, nos ofrece una tan útil como necesaria advertencia. Y, perfecto, si nos la sirve en una obra de primera.

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