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ATLETISMO

Semenya no frena: "La IAAF me destruye física y mentalmente. ¿Por qué me tengo que drogar?"

EL IMPARCIAL
lunes 01 de julio de 2019, 22:10h
La atleta volvió a la Diamond League con victoria, pero sin rebajar su batalla contra el organismo internacional.

Este domingo fue un día muy importante en la carrera de Caster Semenya. Y también en la revolucionaria lucha que ha emprendido, en contra de la Federación Internacional de Atletismo (IAAF) y como pionera de una senda que mezcla deporte, biología, tribunales y medicina. Volvía a competir en la amada Diamon League, que es organizada por el organismo que dirige el atletismo internacional -el mismo que ha atacado a la sudafricana de manera sistemática en estos años-.

La reunión de Stanford (Estados Unidos), séptima parada de 2019 de esta elitista competición, vio a Semenya triunfar en los 800 metros lisos. La doble campeona olímpica se impuso con la claridad que la caracteriza, si bien no firmó un registro histórico, ni mucho menos (1:55.70). En todo caso, la victoria residía más en el regreso de la deportista a su distancia predilecta, esa que le había sido vetada por la IAAF debido su hiperandrogenismo congénito.

Pudo disfrutar en los 800 gracias a la suspensión cautelar de la nueva regulación implentada por la IAAF decretada por el Tribunal Federal de Suiza. Según esa normativa, las atletas como Semenya no podrían volver a disputar la mencionada prueba ni ninguna que no fueran pruebas superiores, como hizo en 2.000 y 3.000 metros, ya que se considera que el hecho de contar con más testosterona de lo normal es una suerte de dopaje natural que adultera la competitividad de las carreras.

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Pero, es que la prueba favorita de esta sudafricana convertida en icono global, son los 800. El pasado 3 de mayo fue la última vez que corrió en esa distancia, arrollando en Doha con un tiempo de 1:54.98, la mejor marca mundial del año. Desde entonces, debido a la normativa, sólo había corrido un 2.000, el pasado 11 de junio en la localidad francesa de 2.000 en Montreuil. La directriz tomada por el Tribunal Federal de Suiza, tras el recurso presentado por la propia atleta, le ha develto la sonrisa.

Aunque aparecía inicialmente inscrita en la reunión de Stanford en la prueba de 3.000, saboreó el triunfo -en el más amplio sentido de la palabra- en los 800 metros de esa reunión de la Diamond League. Le metió más de dos segundos a sus perseguidoras. El problema es que la uicha sigue, porque es consciente de que la suspensión cautelar de la regulación pensada por la IAAF puede ser revertida en cualquier momento, si se atiende al recurso presentado por el organismo.

Tras ganar en Santford declaró lo siguiente: "Si no corro los 800, no correré en los Mundiales, nada de 1.500. Me tomaré unas vacaciones y luego volveré para competir la temporada próxima. Aunque, desde luego, Espero estar en los Juegos Olímpicos de Tokio, París y Los Ángeles". Llevaba dos meses sin disfrutar en su distancia y, desde el tono templado y reivindicativo que le ha caracterizado desde que su enfrentamiento con la IAAF se ha recrudecido, reflexionaría sobra la norma que la apea de las distancias cortas. Simplemente por haber nacido con niveles de testosterona superiores a os 5 nanomoles por litro de sangre.

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El organismo ha dispuesto al posibilidad de que se medique para bajar de esos niveles si quiere participar en las pruebas que comprenden las distancias entre los 400 metros y la milla. "Soy una mujer y una atleta de elite mundial. La IAAF no me va a drogar ni me va a impedir ser quien soy. Si no pudiera correr en los 800, hay un montón de carreras y de cosas que puedo hacer. Soy una deportista talentosa. Puedo jugar al fútbol, al baloncesto, correr un 100, un 200 o en obstáculos. Puedo hacer todo lo que me proponga", proclamó.

"Es una batalla legal, es como una guerra. No hay que rendirse. Tú me ganas hoy, yo te gano a ti mañana. Pero no lo hago por mí. Yo soy una campeona mundial, he conseguido ya todo lo que deseaba. Lo hago por quienes no pueden defenderse por sí mismas", subrayó ante los micrófonos de la BBC. Ante el medio británico prometió que "nunca dejaré de luchar" y denunció que "estamos hablando de derechos humanos. Es un error juzgar a las personas. El caso me destruye física y mentalmente. ¿Por qué se tiene que drogar alguien?".

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