¿Se pregunta a menudo qué hace un bilbaíno tranquilo como usted en una ciudad estresante como ésta?A veces aún lo hago, sí. Vine a Madrid a buscarme la vida. Quería encontrarme como persona y saber lo que quería en mi vida. No buscaba calidad de vida, porque Madrid no te ofrece eso ¡sobre todo al principio! Los primeros años me costó mucho aclimatarme, pero el trabajo me facilitó las cosas.
¿Y ha conseguido aclarar sus ideas?La verdad es que sí. Después de estar algún tiempo un poco pedido, sin saber qué iba a hacer con mi vida, ahora tengo claro que la interpretación es lo mío y que en un futuro, aunque sea lejano, quiero ser padre.
¿Ha encontrado a la mujer apropiada?(risas)¡Qué va! Te vas a sorprender, pero te reconozco que yo no me he enamorado en treinta años, nunca he sentido lo que es el amor. Y, hace unas semanas, he sentido algo especial al conocer a una persona. Yo creo que estaba muy reacio a sentir amor, me escondía de ese sentimiento. Supongo que ahora me siento preparado para compartir, por eso estoy más receptivo y creo que me ha llegado la hora. No quiero dejarme llevar por la emoción pero, lo que dure, lo viviré intensamente.
Una actitud muy positiva ante algo que sientes por primera vez…Creo que si no exteriorizo lo que siento, si, lo dejo dentro sin expresar, corro el riesgo de que me queme. Nunca me he creído el tema del amor, pero mi personaje de HEREDEROS me ha ayudado mucho a entenderlo. Profundizar y trabajar en él me ha ayudado a entender la vida de otra manera.
¿Actuar le ha ayudado a conocerse mejor?No lo dudes. No sé si los personajes nos dan o nos quitan algo, pero lo que sí tengo claro es que se lleva mi energía. Y yo procuro “positivizar” eso, porque estoy a merced del personaje, él es el que me da trabajo, el que me ayuda a vivir. En definitiva, es un regalo.
¿Siempre tuvo esta vocación?No, fue algo un poco tardío. A mí siempre me gustó dibujar y ahora, con esta sensación de amor que me invade, estoy volviendo a dibujar (risas). Van a tener razón los que dicen que el amor te cambia la vida. Siempre he hecho dibujo artístico, me ha gustado expresar los sentimientos. Estoy convencido que, cuando te mimas, no hay dolor. En mis momentos de crisis siempre dibujaba el mismo perfil de cara. Ahora he empezado a dar otros trazos llenos de sentimientos, que son el resultado del momento estable que estoy disfrutando en mis emociones.
Se dice que se recoge lo que se siembra…La vida me ha demostrado que es así. Estoy convencido que recoges donde pones la energía. A mí me está pasando en mis relaciones personales y en el trabajo. Cuando quiero una cosa, pongo todo mi empeño en ella. Hasta que la consigo no paro.
Entonces, la decisión de irse de casa para ser artista era inamovible el día que la tomó…Cierto. Recuerdo el momento de salir de casa y ver a mi madre despedirse desde la ventana. Me fui lleno de ilusiones, pero volví a los seis meses con “la orejas gachas”. Como sabía que esto era lo mío, lo intenté unos meses después y ¡hasta hoy!.Siempre he tenido mucho apoyo de mi familia, tanto económico como emocional. Ser el pequeño ha propiciado más protección.
¿Qué le dicen ahora?Están encantados porque se han dado cuenta que, después de tantos años de búsqueda y de lucha, he encontrado mi camino y soy feliz. Ven que tengo un presente sólido y eso les aporta mucha tranquilidad. La vida me está dando la oportunidad de coger ahora todos los trenes que perdí, así que no puedo pedir más.
¿Recordar los momentos de desánimo es ahora casi una anécdota?Los tengo muy presentes. No me olvido de mis primeros días en Madrid. No paraba de llorar, de caminar sin rumbo y de gritar ¡maldita ciudad!...pero, cuando ya pasas por ese túnel, lo que ahora tengo no lo cambio por nada. He conseguido muy buenos amigos, disfruto de mi trabajo, con el tiempo tendré casa propia…y así soy feliz. No tengo ninguna frustración en este momento, porque sé que la mitad de mi sueño ya se ha cumplido.