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Ensayo

Enrico Letta: Hacer Europa y no la guerra

domingo 28 de julio de 2019, 19:09h
Enrico Letta: Hacer Europa y no la guerra

Prólogo de Sebastien Maillard. Península. Barcelona, 2018. 192 páginas. 17,90 €.

Por Alfredo Crespo Alcázar

Enrico Letta realizó en Hacer Europa y no la guerra: una apuesta europeísta frente a Trump y el Brexit un diagnóstico de la situación de la Unión Europea (UE) que tiene plena validez en la actualidad. Muchos de los protagonistas, bien en forma de nombres propios, bien de sucesos, que recorren las casi 200 páginas de que consta el libro mantienen su protagonismo hoy en día. Tal es el caso del Brexit, Donald Trump, Macron…todos ellos, a simple vista, parecerían compartimentos estanco, de ahí el acierto del autor al relacionarlos. Además, disecciona el contexto en el que se desenvuelven, en el cual se dan cita actores nada marginales, desde una China poderosa desde el punto de vista comercial, hasta la Rusia de Putin caracterizada por revivir “políticas propias de una potencia del pasado” (p. 15).

El Brexit, Donald Trump y Marine Le Pen serían los acreditados representantes de la ola populista que irrumpió con fuerza en la Unión Europea y en Estados Unidos hace unos pocos años. Todos ellos tienen en común su insistencia en la necesidad de recuperar la soberanía nacional, lo que para Letta no es más que idolatrar un pasado que nunca volverá (pp. 85-86).

El autor, aunque no muestra cercanía ideológica con Trump, no por ello se deja llevar por los habituales tópicos que solo remarcan lo grotesco del personaje. Por el contrario, se centra en las razones que provocaron su aparición y su posterior victoria. Al respecto, sentencia que ni republicanos ni demócratas supieron leer las señales que les mandaba la América profunda, creyendo que el único enfrentamiento electoral posible sería el de Hillary Clinton contra Jeb Bush.

En cuanto a la Unión Europea, Letta integra el grupo de los eurófilos, aunque es probable que el lector, una vez concluida la obra, prefiera calificarlo de euro-realista. En efecto, al autor no se le caen los anillos por hacer un listado exhaustivo de los problemas que asolan desde hace varios años el proceso de integración europea: el terrorismo (reprochando a los estados que no compartan información), la inmigración y los refugiados (un factor que considera decisivo en el triunfo del Brexit, si bien estima que el origen de la crisis de los refugiados se halla “en las guerras declaradas por Bush”) o la crisis económica desatada a partir de 2008. Como resultado de esta conjunción de hechos, se ha producido una dialéctica entre globalistas frente a nacionalistas, tal y como han reflejado los distintos procesos electorales celebrados en los últimos tiempos (p. 72).

Asimismo, cuando se detiene en el funcionamiento presente de la UE, hace una advertencia que no debería caer en saco roto: el riesgo, cada vez mayor, de que aquélla se perciba como un imperio dominado por Alemania. Esta visión no es una paranoia de Enrico Letta; por el contrario, se trata de una realidad tangible, base del anti-europeísmo detectado tanto en algunos estados miembros (España, Italia…) como en ciertas conductas eurófobas. Estas últimas han hecho una enmienda a la totalidad al proyecto diseñado en plena segunda posguerra mundial por Monnet y Schuman, al que se sumaron las principales familias políticas europeas de aquel momento (demócrata-cristianos, socialistas y liberales): “La construcción europea de la posguerra tomó la decisión de unir el continente de otro modo, sin hombre fuerte”, sentencia el autor (p. 104).

No obstante, Enrico Letta insiste en que en el funcionamiento reciente de la Unión Europea ha habido errores que conviene subsanar. Al respecto, recalca que en la incorporación de los países del Este se tratara a éstos como “jugadores de segundo nivel”. Sin embargo, pone en valor su adhesión, puesto que de lo contrario ahora mismo estarían sufriendo la presión de Putin.

En definitiva, un ensayo basado en la observación en el cual el autor describe, expone y ofrece propuestas de resolución alejadas de la euforia. La principal lección es que Europa debe emplear como factor de atracción la fuerza de sus valores, lo cual no significa que tenga que renunciar a ser una potencia económica.

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