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Biografía

Alfonso Alegre Heitzmann: Días como aquellos. Granada, 1924

domingo 28 de julio de 2019, 19:18h
Alfonso Alegre Heitzmann: Días como aquellos. Granada, 1924

Fundación José Manuel Lara. Barcelona, 2019. 174 páginas. 19,90 €. Libro electrónico: 11,99 €. El decisivo encuentro entre Juan Ramón Jiménez y Federico García Lorca en la Granada de 1924, invitado el primero por el segundo, se recrea en este luminoso trabajo, justamente merecedor del Premio Antonio Domínguez Ortiz de Biografías 2019. Por Adrián Sanmartín

No poco se habla de las rencillas, encontronazos y envidias entre escritores, lo cual entraña un morbo que atrae, por mucho que se quiera disimular. Pero quizá se trate menos del fenómeno contrario, de las relaciones amistosas y de ayuda mutua que suelen resultar muy fructíferas. Puede que especialmente en el apartado del joven que comienza su carrera literaria y el maestro ya consagrado.

Federico García Lorca es uno de los poetas más deslumbrantes, y más icónicos, de la literatura española, perteneciente a una generación, la de 1927 -llamada por algunos “Generación de la amistad”- en la que no escasearon, sino todo lo contrario, figuras extraordinarias. Pero en 1919 era un veinteañero, poeta incipiente, todavía sin nigún libro publicado, aunque ya caracterizado por el entusiasmo que marcaría su vida -segada sin haber llegado a los cuarenta años en un vil asesinato-, y que le impulsó no solo a desarrollar su obra sino a emprender proyectos como el de la creación de su mítica compañía, La Barraca, con la que llevó el teatro clásico a los más recónditos lugares de nuestra geografía. Precisamente “el entusiasmo” es lo que Juan Ramón Jiménez destaca en el joven poeta cuando este va a visitarle, como le escribe a Fernando de los Ríos, quien le pide que lo reciba: “Muy querido poeta: Ahí va ese muchacho lleno de anhelos románticos; recíbalo Vd. con amor, que lo merece, es uno de los jóvenes en que hemos puesto más vivas esperanzas”. Misiva a la que, después del encuentro responde el autor de Platero y yo: “Mi querido amigo: ‘su’ poeta vino, y me hizo una excelentísima impresión. Creo que tiene un gran temperamento y la virtud esencial, a mi juicio, en arte: entusiasmo. Me leyó varias poesías muy bellas, un poco largas todavía, pero la concisión vendrá sola”

Este primer acercamiento entre Juan Ramón Jiménez y Federico García Lorca supuso el comienzo de una amistad que tendría uno de sus momentos cumbre en el viaje que el poeta de Moguer y su esposa, Zenobia Camprubí, realizaron en Granada en 1924, invitados por el autor de Bodas de sangre. Este encuentro es el que recrea el poeta y ensayista Alfonso Alegre Heitzmann, editor y especialista en Juan Ramón Jiménez, en su magnífico trabajo Días como aquellos, Granada 1924. Juan Ramón Jiménez y Federico García Lorca, merecedor del Premio Antonio Domínguez Ortiz de Biografías 2019.

En el libro, Alegre Heitzmann logra que nos sintamos privilegiados acompañantes de Juan Ramón y de Zenobia y de Federico y su familia, recorriendo la ciudad andaluza en una visita que tuvo un enorme significado para sus protagonistas y que a Juan Ramón Jiménez le inspiró numerosos textos escritos en los años posteriores. Así, “Generalife”, uno de sus mejores poemas, que vio la luz en 1925, y que dedicó a “Isabel García Lorca, hadilla del Generalife”, la hermana pequeña de Federico. Igualmente, es el germen de las prosas de Olvidos de Granada, aparecidas póstumamente, aunque fechadas entre 1924 y 1928, en las que da cuenta de lo que le confesó a Isabel García Lorca: “Granada me ha cogido el corazón. Estoy como herido, como convaleciente”. La exploración de Granada con unos cicerones de lujo quedó grabada de manera indeleble en Juan Ramón, como certificara décadas después, en 1945, desde Washington: “Nosotros no hemos olvidado nunca aquellos días de Granada, en que ustedes nos acompañaron tanto, haciéndonos un doble paraíso de su ciudad maravillosa. Cuando estábamos en Madrid mirábamos con frecuencia aquellas fotografías que nos hicimos juntos en tanto sitio hermoso. Días como aquellos se viven pocas veces en la vida”.

Junto a Juan Ramón Jiménez y García Lorca desfilan también por las páginas del libro otros personajes, entre los que debe resaltarse a Manuel de Falla, que, como bien ha señalado el propio autor del ensayo, es su tercer protagonista. Sin olvidar a otros relevantes en la Granada de la época, como el pintor, diseñador, escenógrafo y creador de títeres Hermenegildo Lanz, colaborador de García Lorca y de Falla en diversos proyectos, el cónsul británico en la Granada de los años veinte, escasamente conocido, aunque aparece en textos de Lorca y Juan Ramón Jiménez, o Emilia Llanos Medina, amiga de Lorca.

La obra, que se enriquece con abundante material gráfico y con el análisis de algunos textos de Juan Ramón nacidos del viaje, como “El ladrón de agua”, se apoya en una amplia labor de documentación, que se nos sirve mediante un estilo narrativo de grata lectura. Estos días que recrea Alfonso Alegre Heitzmann resultaron decisivos para ambos, y, así, más allá de cierto distanciamiento que se produciría después entre dos de las más grandes voces de la literatura española del siglo XX, Juan Ramón escribió al morir García Lorca: “No quise, no quiero creer la noticia. Y ahuyento de mí la segura pena profunda con que me golpearía la verdad. No, diré que no, que no a todos y a mí: que el cárdeno poeta granadí no ha muerto, es decir, que no lo han matado, fusilado, ahorcado, lo que sea […]. Pero dicen los demás que sí, que ya todo pasó como pasó y no de otra manera. ¿Es verdad, Manuel de Falla, Fernando de los Ríos, Luis Rosales, hombres y amigos nuestros de las dos Granadas?”. Esas dos Granadas, esas dos Españas, que partieron en dos y regaron de sangre la España que era, que debía ser, que debe ser, de todos.

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