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Novela

Benjamin Black: Los lobos de Praga

domingo 04 de agosto de 2019, 13:29h
Benjamin Black: Los lobos de Praga

Traducción de Miguel Temprano García. Alfaguara. Barcelona, 2019. 336 páginas. 19,90 €. Libro electrónico: 9,99 €.

Por Carmen R. Santos

Benjamin Black -el nombre que utiliza el escritor irlandés John Banville para su producción en el noir-, es el creador de uno de los más sugerentes personajes en el género, el patólogo forense Quirke, protagonista de títulos como, entre otros, El secreto de Christine -la primera de la serie-, El otro nombre de Laura, Muerte en verano, Venganza, Órdenes sagradas, o la última hasta ahora, Las sombras de Quirke, con un Quirke en horas bajas, atravesando una crisis personal, y en este caso no por el alcohol, al que es más aficionado de lo que debiera. Por otro lado, no hace mucho en La rubia de ojos negros se atrevió a resucitar al mítico detective Philip Marlowe, hijo de Raymond Chandler, nombre, como es sabido, esencial de la novela negra clásica. Los herederos del autor de El sueño eterno le plantearon a Benjamin Black este desafío, y sin duda, estuvo más que a la altura, demostrando por si quedara alguna duda que es uno de los autores más reconocidos y seguidos del policiaco, acreedor de numerosos galardones, como el RBA de Novela Policiaca, con Pecado, donde concibe a un nuevo investigador, el inspector Strafford.

Parece que el reto de ponerse en la piel de otro escritor le satisfizo, pues el año pasado lo repitió, aunque en esta ocasión no en la de uno de novela negra, sino nada más y nada menos que en la del gran estilista Henry James, y empleando la firma de John Banville. Así, en La señora Osmod nos ofrece una secuela de Retrato de una dama, una de las mejores y más célebres obras del norteamericano nacionalizado británico al final de su existencia.

Ahora, “el hermano negro” de Banville afronta otro lance al meterse -y con él a los lectores-, en Los lobos de Praga, un thriller histórico -presentado por su propio autor en el festival BCNegra-, donde abandona la época y Dublín por los que se mueve Quirke, para dar un salto hacia el pasado y desembarcar en una Praga invernal de 1599, y poblarla de personajes reales, empezando por el insólito y excéntrico emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Rodolfo II -sobrino de Felipe II-, e inventados. Banville/Black ha confesado que la ciudad de Kafka le atrae enormemente, y, desde luego, no le es desconocida. La Praga del siglo XVI la recreó en su novela histórica Kepler sobre el astrónomo y matemático alemán. Y le dedicó el ensayo Imágenes de Praga (Herce Editores), sumergiéndonos en distintos momentos de su devenir histórico, como ese donde por sus calles deambulaban astrónomos y alquimistas.

Precisamente, el protagonista y voz narradora en primera persona de Los lobos de Praga es Christian Stern, un ambicioso joven estudiante de Filosofía y de Medicina con afanes de alquimista, hijo bastardo del príncipe-obispo de Ratisbona, que intenta buscarse la vida y ganarse el favor del emperador en una corte llena de singulares personajes, desde científicos y artistas hasta magos, vividores y puros charlatanes. Pero lo que quizá ni siquiera sospechaba es que tendría que convertirse en improvisado detective. La misma noche de su llegada a la ciudad recala, sin saber muy bien cómo -Stern comparte con el forense Quirke sus inclinaciones etílicas-, en el Callejón del Oro. Allí encuentra una muestra del precioso metal pero en una macabra situación: descubre el cadáver con un gran medallón de oro y un profundo tajo en el cuello de una muchacha de no más de dieciocho años.

Encarcelado y acusado al comienzo de ser el asesino, pronto, sin embargo, despierta el interés del mismísimo emperador, pues resulta que la muerta, Magdalena Kroll, era su amante: “El último juguetito de Su Majestad, cruelmente despachado”, como le dice a Stern un emisario real. Stern es recibido por el mandatario, que le dice: “El mundo e maldad y locura, y el cielo y el infierno son una mentira para consolarnos o asustarnos”. Y, para su sorpresa, le pide que actúe contra todos los espías e intrigantes de la corte y muy especialmente que averigüe quién mató a Magdalena.

En Los lobos de Praga parecen unirse el Banville más exquisito, y de prodigiosas y un punto poéticas descripciones, y el Black de trama más absorbente para deleitarnos con una novela que participa de lo mejor de cada uno. ¿Se ha roto la esquizofrenia? ¿O quizá, en realidad, nunca la hubo? El Príncipe de Asturias de las Letras que se le concedió en 2014 premió a los dos en uno.

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