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En la FRONTERA

El Papa en la basura

El Papa en la basura
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(Foto: EFE/ Vincenzo Pinto)
domingo 08 de septiembre de 2019, 10:43h

Literalmente así ha sido. Francisco se ha metido en la basura de la “Ciudad de la Alegría”, fundada por el Padre Opeka en las afueras de Antananarivo, capital de Madagascar. Francisco ha querido estar donde viven los más pobres.

Yo tuve la suerte y tengo la fortuna de conocer al Padre Opeka, fundador de Akamasoa, “la Ciudad de la Alegría”, donde un movimiento colectivo y voluntario de muchas familias de Antananarivo crearon a sesenta kilómetros de la capital, el poblado de Antolojanahay, para que las personas que el padre Opeka sacaba de vivir en la basura, pudieran comenzar a construir sus casas de ladrillo.

Conocí a Pedro Opeka en su “Akamasoa” en un viaje con Manos Unidas y recuerdo y tengo grabas sus palabras: “cuando a las personas, sin importar lo desesperadas que estén, son tratadas con respeto y se les permite beneficiarse directamente de los frutos de su trabajo, la divinidad humana sale a la superficie y nos permite trabajar juntos”.

Francisco, como hemos dicho muchas veces, no se anda con palabras suaves o que puedan alegrar a los gobernantes de los países que visita. Por eso, quiso antes de andar entre la basura, denunciar en Mozambique, su primera etapa de esta peregrinación africana “la explotación y el despojo que llevan a cabo empresas e intereses de personas que ni siquiera habitan estas tierras y que no están motivadas por el bien común de vuestro pueblo”. Un discurso ante las primeras autoridades del país pero que parecía iban dirigidas también a naciones, como China, que han establecido allí centenares de empresas, o a Estados Unidos e Italia que explotan los yacimientos de gas natural.

Luego nos quejamos de que muchos habitantes del África subsahariana migren a Europa en busca de una vida mejor, cuando somos los países del primer mundo los que no creamos las condiciones necesarias en sus tierras de origen para que allí desarrollen una existencia normal. Las palabras de los Papas, recuerdo en especial los viajes de San Juan Pablo II a África, siempre han sido muy duras contras los gobernantes de esos países y contra los que explotan a los pueblos.

Francisco no se ha quedado atrás y ha sido un perfecto “Sembrador de la paz y la esperanza”, como reza el lema del viaje de su etapa en a Madagascar. No ha podido escogerse mejor, para este hombre que piensa fundamentalmente en los pobres y que siembra paz y esperanza, aunque sea dentro de la basura.

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