www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Epistolario

Margarita Xirgu: Epistolario

domingo 08 de septiembre de 2019, 14:40h
Margarita Xirgu: Epistolario

Edición de Manuel Aznar Soler y Francesc Foguet i Boreu. Renacimiento. Sevilla, 2019. 556 págs. 29,90 €

Por Inmaculada Lergo Martín

El nombre de la actriz, directora y empresaria teatral Margarita Xirgu (Molins de Rey, 1888, Montevideo, 1969), que llegó a convertirse en todo un mito, nos traslada de inmediato a una edad dorada del teatro en las primeras décadas del siglo XX y, especialmente, al nombre de Federico García Lorca, cuyas obras representó y dirigió primero en España y después por toda América. Margarita Xirgu comenzó en la escena desde muy joven, desde niña incluso, actuando primero como aficionada y después como profesional, cosechado desde muy pronto grandes éxitos en América y creando su propia compañía. Aunque hizo alguna incursión en el cine, no la tentó demasiado y, hasta su muerte, su pasión y su vida fue el teatro. Afincada en Madrid desde 1914, comienza a montar y a interpretar obras de escritores tan conocidos como Benito Pérez Galdós, Eduardo Marquina, los hermanos Álvarez Quintero, Joaquín Montaner, etc., además de teatro clásico, o sonados estrenos como el de Divinas palabras de Valle-Inclán. Pero fueron los años 30 los de mayor celebridad en España, estrenando entre otras prácticamente todas las obras de García Lorca (Mariana Pineda -con decorados de Salvador Dalí-, La zapatera prodigiosa, Yerma, Doña Rosita la soltera, Bodas de sangre), Fermín Galán, de Rafael Alberti y La sirena varada, de Alejandro Casona.

El golpe de Estado y la posterior victoria del bando nacional cogieron a Margarita Xirgu de gira por América. La había emprendido en enero de 1936 tras haber sufrido ciertos ataques contra ella: “Desgraciadamente, -le explica a Francisco Graña- al poco tiempo de instaurada la República, los enemigos de esta pretendieron que cambiara mi manera de proceder y emprendieron contra mí una campaña verdaderamente indigna”. Tras la guerra sufre un proceso del Tribunal de Responsabilidades políticas y le confiscan todos sus bienes, pese a que ella, aun siendo afín a la República, confiesa no haber militado ni incursionado nunca en política, y que su amistad con algunas personalidades del gobierno “fueron siempre relacionadas con el teatro, ignorando en muchos casos su ideología”. El mismo 14 de abril, tras la proclamación de la II República, al asistir a la espontánea explosión de alegría que se vivió en la Puerta del Sol, le escribe a su hermano y le comenta: “No quise perderme el espectáculo. El momento fue de una emoción intensísima. […] no se veía maldad en nadie, ni rencor; solo una gran alegría y en muchos ojos lágrimas”; pero enseguida se para a reflexionar y dice: “Carruajes llenos de banderas rojas y republicanas, canciones y coplas, griterío ensordecedor. A mí la cabeza ya no me resiste más. Hoy me parece una carnavalada. ¡Quiera Dios que mañana vuelva toda esa gente a trabajar! Hasta ahora no hay más que alegría, pero, si se torciera, el gesto de esa gente daría miedo”. De cualquier modo, su amistad con Cipriano Rivas Cherif, sus relaciones con personajes importantes de la política, y el llevar a escena a Alberti, Lorca, o al mismo Azaña -La corona-, no podían sino ponerla en el punto de mira del conservadurismo. Y en el exilio, Xirgu aceptó la presidencia de la Delegación en Uruguay de la Generalitat de Catalunya, constituida por Josep Tarradellas en 1959, y participó en la firma de la carta enviada a J. F. Kennedy para que rectificaran su política internacional de reconocimiento al gobierno de Franco.

Margarita Xirgu nunca volvió a España, aunque años después le fueron devueltos sus bienes y su casa. Vivió entonces en Chile -donde, ya viuda, se casó de nuevo-, viajando y estrenando por toda América, especialmente en Buenos Aires y más tarde en México -donde las obras de Lorca fueron muy aplaudidas-, y fijó su residencia definitivamente en Uruguay, adquiriendo incluso la nacionalidad uruguaya y siendo en este país muy apreciada. Allí dirigió, desde su fundación, la Escuela Multidisciplinaria de Arte Dramático, desarrollando una importante labor que fue reconocida por las autoridades poniendo su nombre a dicha institución tras su muerte.

Seguir toda esta trayectoria y adentrarse en el día a día de la artista y su trabajo es lo que podemos hacer con la lectura de este Epistolario, cuya novedad respecto a otros publicados hasta ahora es la de que recoge -según confirman los editores Manuel Aznar Soler y Francesc Foguet i Boreu- “todas las cartas escritas” que han podido localizar hasta la fecha, abarcando desde 1909 hasta las última en 1969 antes de morir, añadiendo además en anexo las cartas de su marido, Miguel Ortín, de entre 1928 y 1971, y un “Apéndice gráfico”. Se trata de sesenta años de correspondencia diversa, que se presenta ordenada en siete periodos que corresponden a momentos significativos de la vida de Margarita Xirgu, y en dónde la vemos imbuida en los avatares de su trabajo, siempre bajo una gran responsabilidad, intentando compaginar el montaje de buenas obras -en lo que se empeñó siempre-, pero sufriendo si estas no conseguían el favor del público, con la lógica preocupación por no caer en la ruina. Esto a veces la hacía estallar: “Cuantos esfuerzos haga por educar al público son inútiles. Vengan comedias insulsas que halaguen vicios y defectos del público, así se aplauden a sí mismos. ¡Estúpidos!”. También la sentimos cercana en el trato con su familia y sus amigos, especialmente con Alicia Rodríguez y Joaquín Montaner; y conmueve el reiterado deseo expresado a los suyos de ir a España para poder abrazarlos, decisión que frena, además de su mucho trabajo, el dolor de encontrarse una España que la haría sufrir, así como el arraigo que cada vez más sentía por Uruguay y el hermoso lugar donde se asentó al final de su vida en Punta Ballena.

Su última carta está dirigida a su hija Margarita, en ella le cuenta que ingresará “unos cuatro o cinco días” -cree que no serán más- en una clínica de Montevideo donde la van a operar, y de nuevo le dice que desearía ir a Badalona para poderlos abrazar. Pero el postoperatorio se complica, y fallece sin haber podido regresar ni a su casa ni a su país.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (2)    No(0)


Normas de uso

Esta es la opinión de los internautas, no de El Imparcial

No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.

La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.

Tu dirección de email no será publicada.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.