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Novela

Helena Janeczek: La chica de la leica

domingo 08 de septiembre de 2019, 14:41h
Helena Janeczek: La chica de la leica

Traducción de Carlos Gumpert Melgosa. Tusquets. Barcelona, 2019. 352 páginas. 19 €. Libro electrónico: 12,99 €

Por Francisco Estévez

La presente novela es un acercamiento a la figura de la fotógrafa Gerda Taro. Entre sus páginas y en la portada aparece fotografiada por su compañero, Robert Capa, en un café parisino. Poco después ambos viajan a España como periodistas gráficos. Tras un año muere en circunstancias dramáticas embestida por un carro armado. Aquí se reconstruye merced a la verdad estética de la literatura un posible relieve de dicha mujer a través de la mirada de las personas que sobrevivieron, una mujer y dos hombres. No se trata tanto de desvelar el gran amor de jóvenes de Gerda y Capa, más allá o más acá del valor de anécdota, la narración se interesa por la inventiva picaresca de ambos, supervivientes con el destino en sus propias manos, fugitivos en esa ciudad dura que fuera París de fuerte hambre y dura competición entre todos los prófugos. Pero también un París donde se concentró el mundo cultural y no exento de una radiante belleza imaginativa para la pareja, como en aquellos paseos parisinos en los que Robert enseñaba a Gerda a fotografiar, las más de las veces sin carrete en la cámara (la revolución insinuada en estas páginas transcurre en un paseo cualquiera).

El caleidoscopio de un triángulo amoroso. Tres personajes y tres maneras de ver consiguen el negativo de un retrato que el lector deberá positivar para evitar la huida de la protagonista. El continuo movimiento de la protagonista y de ahí la parcial verdad de cada uno de sus narradores. La sobreposición temporal construye contemporáneamente las distintas mujeres, incluidas algunas posibilidades rechazadas, que pudieron ser Gerda Taro. Pero, siempre, al cabo, resulta una mujer vitalista y corajosa. El lector no consigue alcanzar jamás, al igual que los personajes, a esta mujer inasible vista desde tantos ángulos y ojos. Y está bien que así sea, otras formas de narrar son posibles, son legítimas y son de todo punto necesarias.

Esta escritura a la contra en lugar de presentarnos de manera lineal la vida según el ritmo de su cronología, nos da una biografía emocional, quiero decir, una vida novelada de esa melena rubia de Gerda Taro desde Lipsia hasta el París de los años treinta. Nos asaltan los recuerdos de Willy, Ruth y Georg. Y, en especial, sus relaciones con André Friedmann, rebautizado como Robert Capa por ella misma. Un caos errante consigue perfilar la figura más matizada sino exacta pero acaso plena. La verdad estética, en ocasiones, se eleva por encima del sentido de la verdad empírica de la que parte. En este caso, las diversas fuentes históricas y la biografía de Irme Schaber. Buena muestra sería la ficcionalización en esta novela de la anécdota del 1 de mayo. A la postre el juego sutil de un libro de una mujer con la Leica en mano pero a la vez fotografiada por nuestra lectura.

Una mujer que escapa de tantos puntos de vista de igual manera que su propia narración huye de la lógica narrativa habitual del género. Ello puede dificultar, incluso soliviantar la lectura al ocasional lector posmoderno. El falaz revuelo y estéril polémica que ha traído parejo el benemérito Premio Strega italiano cuando Helena Janeczek se ha alzado con él gracias a La chica de la Leica pone de manifiesto el mal endémico que devora sin piedad al arte literario de nuestros tiempos: la sustitución del lector por el consumidor. La poesía sin poesía o, en este caso, la novela sin novela que muchos pseudolectores solicitan. No es la poesía ni la novela ni la literatura en cualquiera de sus nobles formas las que están en aprieto alguno; es el lector el que muere en esta sociedad febril, chillona y rauda donde escasea el tiempo para acometer la silenciosa lectura. Libros como el actual nos remiten a las eternas preguntas: qué queda de nosotros cuando morimos, cómo nos construye el recuerdo de los demás… Preguntas clásicas que lleva haciéndose la Literatura desde el principio.

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