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ORIENT EXPRESS

Un reino cristiano bajo la arena

Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
domingo 08 de septiembre de 2019, 19:58h

Durante más de cinco siglos, por todo el norte de África florecieron las comunidades cristianas. El avance del imperio islámico a partir del siglo VII acabó con la mayor parte. A diferencia de lo que sucedió en el Oriente Próximo, casi nada queda ya de los cristianos de Marruecos, Argelia, Túnez y Libia. En Egipto, los bizantinos combatieron contra los ejércitos del islam, pero fueron derrotados. Las causas aún se debaten entre los historiadores. En todo caso, Egipto cayó muy rápido. Como señala Hugh Kennedy en «Las grandes conquistas árabes», a propósito de la expansión del imperio islámico, «de todas las antiguas conquistas musulmanas, la de Egipto fue la más rápida y la más completa. En un lapso de dos años, el país había quedado totalmente bajo el dominio árabe».

En los dos siglos anteriores a la conquista islámica, cuenta Bożena Mierzejewska, misioneros enviados desde Bizancio habían tratado de evangelizar los reinos de Nubia, la región que se extiende entre el sur de Egipto y el norte de Sudán. El emperador Justiniano (483-565) trató de extender la influencia bizantina a través de la evangelización de los reinos fronterizos. Entre ellos, destacaba el reino de Nobadia -que, a veces, se cita como Nobatia- en la encrucijada de las rutas de comercio que atravesaban el sur del Nilo y que recorrían los mercaderes de oro, marfil y esclavos camino de Egipto. Por esas mismas rutas llegaban a Sudán alimentos, vino y especias. El comercio hizo de Faras, la capital de Nobadia, una ciudad próspera. Gracias a la influencia de la emperatriz Teodora, en torno al año 543 el primer rey nubio fue bautizado por sacerdotes monofisitas. Otros reinos vecinos como Makuria y Alodia también fueron cristianizados por misioneros monofisitas. En el año 569, fueron bautizados el rey, los cortesanos y el pueblo de Makuria. En 580, hizo lo propio el rey de Alodia. Así, las fronteras del imperio bizantino próximas a Sudán gozaron de relativa paz gracias a la entrada de estos tres reinos en la cristiandad.

Sin embargo, la conquista islámica separó a estos reinos del imperio bizantino, que perdió la riquísima provincia de Egipto. Los reinos cristianos de Nubia conservaron contactos con las comunidades cristianas de Egipto, Siria y Etiopía. Siguieron peregrinando a Jerusalén. Hay testimonios de presencia de cristianos nubios en Belén en el año 1335, donde tenían su propio altar en la iglesia de la Natividad. Sin embargo, a medida que el islam avanzaba siguiendo el curso del Nilo, las comunidades cristianas de Nubia entraron en un franco declive hasta que el cristianismo fue reemplazado por el islam en el siglo XIV. La capital de Nobadia quedó sepultada por las arenas del desierto y apenas podían verse algunas ruinas.

En los años 60, el profesor Kazimierz Michałowski, de la universidad de Varsovia, excavó las ruinas de Faras -en el actual Sudán- y exhumó la catedral de la Natividad, un edificio del siglo VIII, con sus maravillosas pinturas cuya antigüedad va desde el siglo VIII al siglo XIV. Se trata de pinturas pintadas con témpera sobre los muros. La colección de imágenes está dividida entre el Museo Nacional en Varsovia y el Museo de Jartum. Gracias a este arqueólogo, egiptólogo y padre de la nubiología, podemos admirar en Europa la belleza de estas pinturas que nos contemplan a través del tiempo. El catálogo de la exposición que han realizado Bożena Mierzejewska y Aleksandra Sulikowska suministra una información valiosísima.

En general, el arte cristiano de Nubia se relaciona con el de Egipto y el de Etiopía. Estas imágenes policromadas de grandes ojos y tonos marrones y ocres nos recuerdan los retratos de Fayum, pero no tienen tanto colorido. En algunos aspectos como su hieratismo, recuerdan a la pintura románica. No son ajenas a la influencia bizantina de los misioneros que evangelizaron Nobadia. Tal vez la pieza más conocida sea la Santa Ana que, con el dedo en los labios, parece ordenar silencio. Ella y su esposo San Joaquín, padres de la Virgen María, eran objeto de devoción como «Theopatores», los «ancestros de Dios». Esta llamada al silencio puede tener su origen en el «silencio divino» al que se refiere San Ignacio de Antioquía al hablar de los tres misterios relativos a la Virgen María: la Divina Concepción, la Virginidad y el Nacimiento del Hijo de Dios. Otra interpretación es, como señala Bożena Mierzejewska, que se refiera a que la santa está inmersa en su oración.

En general, hablamos poco del pasado de los reinos cristianos de África y de las comunidades que desaparecieron con la conquista islámica. Se olvida a menudo que, en buena parte de lo que hoy se considera «Dar-al-islam», floreció la cristiandad antes de la llegada de los ejércitos del Profeta y sus sucesores. En algunos casos, como sucedió con los coptos, el periodo islámico significó una nueva etapa en su historia. En otros, desde Libia hasta Marruecos, significó la desaparición de diócesis como Cartago, la ciudad de San Agustín. Una visita a la colección de Faras, resurgida del desierto y salvada en Varsovia, nos permite atisbar una parte de la historia del cristianismo que corre el riesgo de olvidarse.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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