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Novela

Max Aub: Obras completas, IX. La narrativa apócrifa

domingo 29 de septiembre de 2019, 18:30h
Max Aub: Obras completas, IX. La narrativa apócrifa

Edición crítica y estudio de Joan Oleza, Dolores Fernández Martínez y Maria Rosell, Iberoamericana Vervuert. Madrid, 2019. 870 páginas. 72 €

Por Francisco Estévez

La escritura de Max Aub (París, 1903-México, 1972) estuvo presidida por un convencimiento pleno en su valía, una tenacidad a prueba de desesperanza como atestiguan sus diarios sin caer en el desaliento de la ingratitud lectora lo cual no evitó los muchos enfados lógicos del autor (léase por ejemplo La gallina ciega). En efecto, solo una férrea convicción en la escritura (“escribir es ir descubriendo lo que se quiere decir”), un trabajo diario constante (a pesar de la censura o ennegrecido por Luis Buñuel o Arturo Ripstein) y una fe inquebrantable en la obra pudieron aplacar la querencia de una suerte esquiva y la soledad grande del destierro. A pesar del escaso protagonismo del que gozan nuestros clásicos del siglo XX en la vida cultural española varias empresas defienden el legado de Max Aub en estos últimos tiempos. Muestra de ello es la edición del apasionante epistolario Vuelta sin regreso. Cartas. Max Aub y Dionisio Ridruejo (Instituto Cervantes, 2018), que debiera ser lectura obligatoria de todo español.

Son aquellas cartas un apasionante diálogo que representa una clara voluntad de entendimiento de nuestra historia. Por otro lado, está la benemérita aventura emprendida por Biblioteca Valenciana y reactivada ahora por Iberoamericana Vervuert, unas Obras Completas del autor en edición crítica. De tal modo, llega ahora el volumen noveno: La narrativa apócrifa. Resulta sintomática la curiosa vigencia que reviste en la actualidad literaria esta “Narrativa Apócrifa” de Max Aub.

En un campo literario abarrotado de farfulla, simulación, falseamientos y su consiguiente guirigay en redes, resulta un consuelo, un sedante o un paliativo la lectura sosegada de estos tres volúmenes: Jusep Torres Campalans (1958), Vida y obra de Luis Álvarez Petreña (1932-1965-1971) y Juego de Cartas (1964). No hace falta considerar siquiera la obra poética de Aub, como Antología traducida e Imposible Sinaí, para entender que la escritura apócrifa veteó la carrera literaria entera, de tal modo que no podremos separar una etapa realista de escritura comprometida frente a otra apócrifa, vanguardista, como bien apunta desde la primera página una introducción de singular valor firmada por Joan Oleza donde da cumplida cuenta de la magnífica incorporación del escritor a la tradición europea del apócrifo. Este detalle da cuenta de la portentosa habilidad de Aub o, de otro modo, qué representan el cuestionamiento literario de ese pintor soñado que fue Jusep Torres Campalans sino un detenido estudio sobre el papel que juega la vanguardia, sus límites y responsabilidades.

El apócrifo como antagonista nos sugiere la atenta lectura de Oleza, de “Pessoa comparte la alteridad de sus apócrifos, de Antonio Machado hereda la estrategia estética y los presupuestos ideológicos en que se sustenta”. La disolución del individuo a través de la disolución del lenguaje con su agónico final “Muero porque no puedo descubrir el por qué no moriría. Adiós”. Si la representación es realista la confección es vanguardista gracias al apócrifo quien desea falsear la creación como realidad. Jusep Torres Campalans se presenta como un libro de arte al uso en la época con catálogo de obra, biografía del autor, entrevistas, notas del pintor (las pinturas y dibujos incluidos salen todos de las propias manos de Max Aub).

En Vida y obra de Luis Álvarez Petreña tenemos, sin embargo, una gran exploración de las formas textuales que atraviesa tres momentos grandes de escritura, el inicial hacia mitad de los años 30, otro posterior en los 50 y uno final en el 66. Y así pasa de la fuerte tensión experimental inicial de unas memorias novelizadas con muy escasa presencia de sucesos que anclen la narración, presididas por la fragmentación hasta componer un rompecabezas sin solución con muy distintas facturas en sus tres revisiones. Si la primera edición pudiera definirse como un diario de un escritor apócrifo (Luis Álvarez Petreña) o como bien se sintetiza en prólogo “es la invención de un escritor apócrifo y es la reafirmación de un escritor real, frente a frente” donde late constante el conflicto de posturas contrarias, la tercera edición reescribe la segunda que a su vez retocó la primera además de sintetizar y potenciar la metaficción, incluso la autoficción, pero también la crítica literaria. Todo lo cual tiene brillante culminación en Juego de cartas, donde reaparecen los dibujos de J. C. para trazar con el mayor componente lúdico posible una novela dialogada en torno al personaje Máximo Ballesteros escrita en el envés de una baraja de cartas que es a la postre lo que tiene entre sus manos el lector.

La portentosa edición coordinada por el especialista Joan Oleza junto a los trabajos de Maria Rosell y Dolores Fernández Martínez pone en limpio y anota tres de las obras más estimables del autor, destacadas por su gran creatividad y variada técnica, por su juego multitextual, que evidencian ir mucho más allá de la conocida frase del epitafio de Max Aub: “Hice lo que pude”.

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