Está un poco a desmano, pero creo que he llegado a mi rincón preferido del País Vasco. Si quieren acompañarme, han de coger el metro, eso sí, después de haber visitado el Guggenheim y especialmente el museo Bellas Artes de Bilbao, a mi juicio la pinacoteca provincial más rica de España después del museo de mismo nombre de Sevilla. Se bajan en Algorta y se dirigen hacia el Molino de Punta Galea, bordeando el mar, hacia el fuerte que se ve a lo lejos,en un paseo de suave pendiente, con una luminosidad que no hiere, pues tienen el sol a su izquierda. Los lados del paseo están cubiertos de una maleza contenida, y me atrevo a decir que hasta cuidada: hay todavía en esta mañana del preotoño helechos, algunos cardos y flores amarillas. Se encontrarán con gente que hace ejercicio o que ha salido a tomar el aire. Como no aprieta el calor, no pueden pedir un helado en el puesto que existe por la tarde.
Pasan junto al molino (Aixerrota). Les sorprenderá su fábrica compacta, inalterable desde su construcción en el XVIII, y sus fabulosas aspas, lamentablemente inmovilizadas. Igual les ocurre como a mí que aprecio el camino en compañía. Andar estimula el pensamiento propio si se hace a solas, pero es la oportunidad para el encuentro con amigos que no frecuentas: la tertulia puede practicarse en la sobremesa; pero elpaseo es una ocasión para el diálogo desinhibido y profundo, al que sobra la resonancia, por favorable que sea. Quizás mejor que no rebasen el cementerio que queda a la derecha. En su alrededor, no queda ni rastro de los maizales y huertas que había en la zona, en torno a algún caserío, hace digamos cincuenta años, que fue la primera vez que visité el paraje. Atraviesan entonces un agradable barrio de chalets, no presuntuosos, que podrían temerse, pues después de todo estamos en los aledaños de Bilbao, pero habitadospor sus propietarios que son gente pudiente y de buen gusto: las construcciones evocan la arquitectura idealizada tradicional vasca, sin alardes pero tampoco sin lugar para excentricidades modernistas. Si siguen mis indicaciones descenderán por un terreno que es un césped tupido, flanqueado por ejemplares de altas acacias y otras especies arbóreas.
Hemos llegado donde quería llevarles: la iglesia de Andra Mari de Getxo. No pretendo ilustrarles sobre el significado de la iglesia como núcleo inicial de lo que será la importante población de Algorta, ni sobre sus características arquitectónicas, que se han acumulado desde los orígenes románicos de la iglesia.Les llamará la atención ladisposición de un lateral cubierto que serviría de lugar de celebración, como anteiglesia, de reuniones para la gestión municipal o la elección de representantes forales. En un lado de la torre pueden reparar en alguna leyenda en euskera y la enumeración esculpida de algunos apellidos de notables familias del lugar, que se debió hacer en el primer tercio del siglo XX.
La estampa de la iglesia es semejante a otras que han podido ver en Vasconia, por ejemplo cuando vienen por la autopista desde Castilla o la Rioja en una ladera que se ve antes de desviarse hacia Nanclares de Oca, o en algún pueblo guipuzcoano en el entorno de Iciar, ahora en su viaje a San Sebastián, cuandollegan a Zumaya. Hay iglesias vascas señeras,por ejemplo la de Pasajes de San Pedro, varada en la bahía, o la de Fuenterrabía, presidiendo la villa, que retrata en tantos momentos imperecederos Menchu Gal: el modelo de la Iglesia de Santa María de Getxo puede ser la pintada por Fernando de Amárica en el cuadro que yo prefiero entre todos del Bellas Artes de Bilbao, un lienzo de dimensiones reducidas, cuidado no lo pasen por alto, titulado Misticismo Vasco(Zeanuri).
Es cierto que lo que quizás emociona al visitante del paraje es sobre todo el entorno nemoroso del mismo, que impone, con su silencio y frescor, un recogimiento inevitable. El bosque que rodea la iglesia tiene su continuidad al otro lado de la carretera, justo detrás de un polideportivo que diligentes munícipes han construido con pocomiramiento de la tranquilidad o la estética del lugar:se trata de un especie de jardín botánico en el que diversos ejemplares de árboles se encuentran agrupados por especies. Junto a cada grupo, hablemos de nogales, tilos, olmos, acacias, cedros,robles o encinas, hay un azulejo con la denominación de la especie en latín, euskera y castellano, acompañada de un ingenuo dibujo de sus correspondientes hojas.
El guía de este paseo, que ve el mundo a través de los ojos de escritores y pintores, imagina mientras descansa sobrecogido por la paz del entornola visita al lugar de otros bilbaínos ilustres que sabemos gozaban conlos alrededores de la villa: Miguel de Unamuno y José Miguel de Azaola. Y anota, entristecido, el deambular de algún hombre joven con la cabeza perdida que se deja ver en esta mañana impecable…