El Alto Tribunal advertía a Torra de que no puede volver a esgrimir en el Parlament las resoluciones declaradas anticonstitucionales.
El presidente de la Generalidad, Quim Torra, comparecía ante el Parlament con el telón de fondo de una violencia donde él mismo es a la vez instigador y jefe de las fuerzas que podrían evitarla. Torra tendrá que hacer frente a los críticos dentro del independentismo y fuera. Por distintas razones, ERC y las CUP disienten de la estrategia de Torra tras la sentencia que condena a los responsables del Procés.
El president ha criticado la sentencia y ha desafiado al Tribunal Constitucional, que advirtió al dirigente de que no podía debatir la autodeterminación, al sostener que volverán a hacerlo.
Advierte de responsabilidades penales si ignora o elude las suspensiones que se le han notificado, en referencia a aquellas resoluciones que reivindicaban el derecho de autodeterminación.
En su comparecencia ante el pleno del Parlament para responder a las condenas del Tribunal Supremo a los líderes independentistas del "procés", Torra ha mostrado su "indignación y consternación" por una sentencia que ha calificado de "gran farsa" y de "infame" y que representa, ha dicho, "venganza y escarmiento".
La sentencia, ha denunciado, "entierra los cimientos del derecho" y supone la instauración de un "derecho de Estado contra la disidencia que solo se basa en la sagrada unidad de España" porque "limita a partir de ahora, de manera vergonzante, muchos de los derechos".
En alusión a la suma de condenas que recoge la sentencia del Tribunal Supremo, Torra, que se ha "autoinculpado" simbólicamente, ha afirmado que "si por poner urnas nos condenan a 100 años, la respuesta es clara: habrá que volver a poner urnas para la autodeterminación".