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TRIBUNA

La exhumación de Marisol

jueves 24 de octubre de 2019, 20:25h

Marisol, nieve azul en los ojos, se deshacen los casquetes polares de los que estabas hecha y los que te querían echar. Nieve en polvo, muñecos hechos con el mismo material, cuyas zanahorias mentían si se las colocaban entre las piernas. Pinochos con cara de Dragó. Niña “siempre encendida”, “abierta 24 horas” sus ojos y su garganta, profunda su tristeza de piernas cerradas que no podían correr, jugar a ser estrella cuando el sol se hace de noche y se rompe en sus muchas oscuridades. Jugar a ser mayor es una pérdida de tiempo siempre, y más cuando los mayores te ponen las reglas, líneas rojas, sangrantes, heridas sin explicación, una mujer por colorear sobre fondo gris. Una España vieja en tiempo presente, un Delibes siempre joven que la escribe. El tiempo nunca avanza a la velocidad que quieres, siempre inalcanzable, cuando lo rozas con los dedos se escabulle en una huida siempre hacia delante y certera.

A Marisol le acaban de conceder el Goya de honor de la Academia de Cine a sus 71 años, cuando lleva la mitad de esos años en una libertad total y elegida fuera de su profesión. Elegir no hacer nada laboralmente, y que te den un premio tan importante habla de la mala conciencia de algunos y de la generosidad de otros. Marisol en veinte años trabajó más que otras actrices y actores en toda una vida y mostrando un talento que otros con cincuenta años o casi, todavía prometen alcanzarlo. Seré canallita y daré nombres, lo siento Paz Vega, pero es que eres muy malita y nunca entiendo lo qué dices y lo que es peor, porqué lo dices. O Jorge Sanz, que me cae muy bien y que tiene mérito haber hecho una carrera tan larga con esa dicción tan difícil de imitar y de entender. A mí me encantó en Conan el Bárbaro, y con eso lo digo todo, y él también. Que haya paridad en todo, sobre todo en las críticas, y aquí estos dos ejemplos.

Marisol no estaba muerta. Aunque se merezca este desentierro en forma de premio. Niña-musa de la libertad, a la que cantabas para imaginártela y poder reconocerla algún día. Con “franqueza”, he de decirte que la tuviste siempre entre tus manos de ninfa, entre tus dientecillos de ratilla que quedaron marcados en un queso demasiado curado, mohoso de estar tan expuesto cara al sol.

Marisol, mujer libre, siempre, aun cuando la niña no quería jugar a imitar otras vidas, el personaje siempre está más triste que tú. Vivir de jugar y no jugar a vivir. Ella sabía que la vida buena es la que vas imaginando en tu cabeza revoltosa y que si alguna vez se hace realidad, es una razón para seguir haciéndolo. Soñar con no hacer lo que haces y que se haga realidad. Enamorarte de la libertad y trabajar en ello. Eso es lo que hace Marisol y nada merece más un premio.

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