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ESTRENO EL 8 DE NOVIEMBRE

Crítica. Estafadoras de Wall Street: la perversión del sueño americano

Crítica. Estafadoras de Wall Street: la perversión del sueño americano
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jueves 07 de noviembre de 2019, 22:48h

Wall Street, cual Monte Olimpo del capitalismo, crea a su alrededor toda una mitología en la que autoproclamados dioses y humanos comparten excesos y miserias y de la que se exportan mitos y leyendas en las unos se devoran a los otros en un ciclo sin fin. Hijos que derrocan a padres. Padres que devoran a hijos.

En esta ocasión, no es ni un mito ni una leyenda sino una historia real la que justifica Estafadoras de Wall Street. El relato de cómo unas bailarinas de un club de streeptease se aprovecharon de sus clientes para robarles mientras caían rendidos a sus noches de vino y rosas ketamina mediante.

Un relato en el que se juega con los grises de una escala moral en la que no hay blancos ni negros. O si los hay, se actúa como si no existieran. En la era previa a la gran crisis de 2008, el club epicentro de la película es el lugar en el que los mismos que por la mañana juguetean con los índices bursátiles que mueven el mundo, por la noche despliegan una lluvia de billetes en un festival de drogas, alcohol y magreo que haría las delicias del mismo Baco.

Ahí entra en acción la pareja sobre la que gira Estafadoras de Wall Street: la recién llegada Destiny, interpretada por Constance Wu, que busca aprovecharse del sistema bajo el manto de la mater familias, una suerte de madrina, como es la veterana Ramona, a la que da vida Jennifer López.

En ese momento, el flujo de dinero que entra en la vida de Destiny la lleva a un mundo en el que la hipoteca de su abuela se resuelve con un par de bailes y la conversión de sus sueños se traslada a vestir los mejores zapatos, los bolsos más caros y conducir los coches más grandes. La perversión del sueño americano elevada a la enésima potencia.

Pero volar cerca del sol acarrea consecuencias. Y las llamaradas que acabaron con las alas de Ícaro se transforman aquí en la crisis de 2008. Un fuego que arrasó Wall Street y a los que se alimentaban de él.

En este momento ya el compás de la brújula moral se deja de lado por completo. Se trata de volver a ese Olimpo. No sólo es sobrevivir, es también seguir vistiendo los mejores abrigos.

Para ello, Destiny regresa de su personal purgatorio a los brazos de Ramona, que ya tenía organizada a su banda de estafadoras al estilo clásico: veterana planificadora, la protagonista con remordimientos morales –sólo a veces-, joven prometedora y una bomba díscola en potencia. El plan: aprovecharse de los yuppies supervivientes drogándoles en nuevas noches de desenfreno mientras sus tarjetas descargan crédito a ritmo de Britney Spears. Si ellos no pestañeaban en sus despachos destrozando empresas y trabajos, ¿por qué han de hacerlo ellas?

Autoproclamarse Robin Hood pero para convertir Sherwood en un ático de lujo. Un viaje que también tendría fecha de caducidad. La moral se impone sólo cuando la autoridad te pone contra la pared.

El mérito de Estafadoras de Wall Street, por ende de su directora y guionista, Lorene Scafaria, es vestir este viaje por la ambigüedad moral con un traje en el que se combinan humor, drama y tensión y salir más que bien parada. Un curioso giro negro en su paleta de retratos femeninos, como en Buscando a un amigo para el fin del mundo y Una madre imperfecta, dupla donde actuó también como directora y guionista.

Y en esa lista de aciertos está también el casting. Destaca sobremanera Constance Wu, que obtiene su gran papel dramático tras saltar al estrellato con Crazy rich asians, una comedia que reventó la taquilla estadounidense pero que no ha llegado a las pantallas de estos lares. Wu maravilla con el caramelito de papel que es Destiny. Madurando un personaje que se va transformando capa a capa desde el comienzo hasta el final de la historia.

Sin embargo, en Estafadoras de Wall Street hay también una ladrona de escenas. La Ramona de Jennifer López desborda carisma en cada intervención, empezando con una entrada de personaje de las que hacen época. Un autorregalo de la diva latina, ya que su papel de madrina trasciende la pantalla. Liderando el proyecto desde la compra de los derechos del reportaje de Jessica Pressler hasta su estreno actuando como productora. Un empeño que continúa a posteriori con una nada disimulada campaña pronominación al Óscar.
En algunos casos, cuando se logra hacer saltar los resortes de la crítica en festivales, los estudios y/o productores de las cintas gastan ingentes cantidades de dinero –en ocasiones sobrepasando lo que cuesta la propia película- en relaciones públicas y especialistas en dar alas a candidaturas a actores o películas con las que seguir en el runrún mediático. Así ha pasado con Estafadoras de Wall Street, que destacó en el Festival de Toronto y ha sido nominada a mejor película en los premios Gotham –uno de los referentes del cine independiente americano-.

Un par de movimientos que le han valido a Jennifer López a lanzarse a la carrera por una nominación a actriz secundaria. No en vano, las historias de regresos a lo grande son muy del gusto de Hollywood. López lo sabe y además no disimula en su empeño. Quizás el Óscar sea algo exagerado como medida de valor del papel de Ramona y la cosa se quede en los Globos de Oro, donde este tipo de artimañas suele tener más éxito al doblarse las candidaturas cinematográficas.

Estafadoras de Wall Street

Título original: Hustlers
Año: 2019
País: Estados Unidos
Duración: 110 minutos
Dirección: Lorene Scafaria
Guión: Lorene Scafaria
Fotografía: Todd Banhazl
Reparto: Jennifer Lopez, Constance Wu, Lili Reinhart, Julia Stiles, Cardi B, Mercedes Ruehl, Keke Palmer
Sinopsis: Inspirada en hechos reales. Un grupo de strippers se une para estafar a sus clientes, ricos magnates de Wall Street. Cuando Elizabeth una periodista del New York Magazine comienza a investigar, ellas verán peligrar su negocio y tendrán que afianzar su lealtad por encima de la envidia y la avaricia.
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