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TRIBUNA

La discordia constitucional

domingo 10 de noviembre de 2019, 19:16h

El mundo vive una hora de discordias. En la política, la búsqueda del consenso que estuvo tan de moda en las últimas décadas del siglo XX hoy parece sólo historia, mientras las diferencias emergen sin ambigüedades, al punto de amenazar cambios radicales en diversas sociedades. Unos luchan por la libertad frente a dictaduras que se han perpetuado por años e incluso décadas; otros manifiestan reivindicaciones separatistas que podrían terminar en la división de un país; hay sociedades con reclamos de procesos constituyentes, piden la renuncia de sus gobernantes, cuestionan las elecciones o sencillamente luchan por “radicalizar” la democracia o terminar con ella.

La política siempre ha sido compleja y dinámica, pero en este último tiempo se han sumado a las dificultades muchos problemas novedosos: la rapidez de las comunicaciones, la internacionalización de ciertos procesos, movilizaciones sociales de diverso origen y la irrupción de nuevas fuerzas políticas. Frente a ello, en general la democracia ha permanecido más bien estática, poco innovadora en lo intelectual e institucional, como si el triunfo épico sobre el comunismo en el mundo hace exactamente treinta años, con la caída del Muro de Berlín -o el fin de las dictaduras militares en America Latina- hubiera significado una victoria eterna y sin vuelta atrás.

Sin embargo, los problemas están a la vista y las soluciones no emergen de un día para otro. En algunos países las divisiones son meramente políticas, en otros lugares han vuelto a ser ideológicas y tienen claras contradicciones institucionales. Una de ellas es la demanda por una nueva constitución, por una nueva organización territorial, por un pacto social distinto. Pocas constituciones tienen ese carácter casi sagrado de aquella creada por los padres fundadores de los Estados Unidos, aunque las sociedades en general terminan aceptando y dando continuidad a sus cartas fundamentales, aunque hayan tenido un origen no democrático.

En la actualidad el problema constitucional afecta a democracias y dictaduras, es relevante en Asia, Europa y América Latina, y busca soluciones dentro de la institucionalidad o bien sobrepasándola. En Hong Kong es la lucha por la independencia, en Venezuela es el cambio del proceso bolivariano liderado por Maduro, en Europa surgen otros debates. En el caso de España, la mayor división se produce en torno a la independencia de Cataluña, por la demanda separatista de un sector de esa comunidad. No es casualidad que este haya sido un tema clave en las elecciones de este 10 de noviembre, como uno de los temas de mayor contradicción entre los partidos y candidatos. Muchos gobernantes han dicho en las últimas décadas que se puede discutir cualquier tema en España, incluso el catalán, pero dentro de la Constitución, lo que devuelve el problema al punto de partida: sería necesario cambiar la Constitución para poder resolver ese problema de una buena vez. Adicionalmente, la generación actual -los candidatos a gobernar la representan muy claramente- no tiene el mismo respeto por la transición española ni por la Constitución que la mostrada por la generación post Franco.

Es crucial tener en cuenta que una nación no sólo es una historia y un presente, sino sobre todo un proyecto de futuro, la voluntad de permanecer unidos, de llevar a cabo una misión con unidad y sentido. Es evidente que una crisis sobre vigencia de la Constitución o una disputa permanente sobre ella va horadando las bases de la unidad nacional o de propia legitimidad constitucional. Por lo mismo, es necesario evaluar las alternativas y obrar en consecuencia.

Cicerón se jactaba -en su obra Sobre la República- que ninguna constitución era superior a aquella que los romanos habían recibido de sus antepasados y que les había permitido dar vida a la mejor forma de organización política. Sin embargo, analizando la crisis de la República Romana, José Ortega y Gasset explicaba que hacia el siglo I aC “los estratos de la discordia” mostraban a una sociedad dividida en dos, una sociedad que había dejado “en absoluto de serlo”.

Eso ocurre, precisamente, cuando la sociedad no cambia a tiempo, o cuando algunos -abandonando los principios republicanos- optan por fórmulas de destrucción, a través de la violencia o las guerras civiles. Por lo mismo, las sociedades deben pensar esos problemas antes de que sea tarde, adelantar el diagnóstico para avanzar en la solución de la discordia constitucional, conversando políticamente para evitar que termine resolviéndose por los medios armados. Eso exige varias virtudes que no siempre están presentes en los actores políticos: patriotismo, inteligencia, visión histórica y política, sentido del tiempo, capacidad diálogo, convicciones, creatividad. Para el pais en problemas, requiere que no solo transiten políticos en la discusión pública, sino que también haya estadistas, que miren más allá de la coyuntura.

La política es compleja y dinámica, tanto que puede dejar a sus principales a actores a la deriva, si no logran resolver los problemas a tiempo.

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