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¿HACIA EL FRENTE POPULAR?

lunes 11 de noviembre de 2019, 13:05h
Aunque el desmadejado resultado electoral admita varias fórmulas de Gobierno, entre ellas el apoyo de Casado...

Aunque el desmadejado resultado electoral admita varias fórmulas de Gobierno, entre ellas el apoyo de Casado en la investidura para Sánchez o para un sustituto de Sánchez como Borrell, las izquierdas, Unidas Podemos y los grupos secesionistas de Cataluña y el País Vasco, podrían llegar a un acuerdo que les permita desbloquear la situación. Sin eufemismos, estaríamos en el camino de un Frente Popular.

Pedro Sánchez atizó a Íñigo Errejón para debilitar a Pablo Iglesias. Se equivocó. Iglesias ha resistido, Errejón se ha hundido y el líder podemita será ahora más exigente. Aplaudió Sánchez a Tezanos cuando le instaló en los 150 diputados. Erró el presidente en funciones porque el voluntarismo es siempre vidrioso en el entendimiento de la política. Contribuyó el dirigente socialista de forma indirecta, a través de sus medios de comunicación, a robustecer a Vox. Y acertó, porque la ley d’Hondt es implacable y a Pablo Casado le ha costado un ojo de las urnas la crecida de Abascal.

Ochenta y tres años después de las últimas elecciones generales durante la II República española, se abre para nuestra nación el horizonte de un Frente Popular que ya no tiene las connotaciones de 1936 porque el comunismo, entonces fascinación de los intelectuales y los desfavorecidos, es una reliquia si bien todavía no desdeñable. Conviene recordar, por cierto, que el Frente Popular hizo trampas en 1936, como han demostrado Álvarez Tardío y Villa García en un libro incontestable, y que perdió aquellas elecciones.

A España le esperan tiempos muy difíciles porque, de confirmarse un acuerdo de Frente Popular, la izquierda comunista se esforzará por radicalizar el Gobierno y el Congreso. Peligrará la estabilidad institucional española y se cuarteará nuestra posición internacional. Del sistema creado durante la Transición, que ha proporcionado cuarenta años de paz y prosperidad, solo quedan las raspas. Y ya veremos por cuánto tiempo. Porque algunos de los dirigentes triunfadores aspiran a arrasarlo todo y cuentan para ello con la debilidad de Pedro Sánchez, que no tiene otra aspiración que prolongar su estancia en la poltrona del palacio de la Moncloa.

Conviene recordar, para concluir estas líneas, que por razones todavía sin explicar, Albert Rivera no quiso sentarse a negociar el pasado 28 de abril con Pedro Sánchez, cuando la suma del PSOE y Ciudadanos alcanzó la holgada mayoría de 180 escaños. El líder de Ciudadanos había firmado tres años antes un acuerdo de 150 puntos con el socialista. Ciudadanos era un partido bisagra que podía gobernar dentro de la lógica con la izquierda del PSOE o con la derecha del PP. Sus electores no han entendido la política de Albert Rivera, al que han colocado a los pies de los caballos. Fue durante varios años la esperanza cierta de la política española y ahora le costará mucho salir del albañal en el que ha caído.