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FINAL

Copa Libertadores. Flamengo destroza la mística de River y es campeón | 2-1

Copa Libertadores. Flamengo destroza la mística de River y es campeón | 2-1
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sábado 23 de noviembre de 2019, 23:08h
Dos goles de 'Gabigol' entre el minuto 88 y el 93 remontaron el tanto de Santos Borrè y desataron el paroxismo en un desenlace épico. Dos errores desterraron a la victoria táctica de Gallardo en la primera hora. El cansancio abrió las puertas para el florecimiento tardío de la mejor ofensiva del continente. La mayor hinchada del planeta fútbol volvió a la tierra prometida.

El universo futbolístico volvió a girar su mirada hacia América este sábado. Se disputaba la primera final a partido único en la historia de la Copa Libertadores. Un año después del 'Superclásico' más importante de todos los tiempos, desarrollado en el Santiago Bernabéu, el torneo latinoamericano por excelencia reunía a River Plate y al Flamengo en el Monumental de Lima. En este comienzo de la nueva era para la competición, la sede de la cita por el título también hubo de ser modificada, en esta oportunidad por la crisis socio-política que aflige a Chile. En todo caso, el contexto no nublaba la esencia del brete: se medía el especialista en eliminatorias argentino contra un club que no pisaba esta altura de exigencia en 38 años. El reputado mejor estratega argento frente al entrenador que dejó Europa para reivindicarse. En definitiva, los dos mejores equipos de este curso.

Marcelo Gallardo, que aspiraba a poner la guinda a su imperial obra, no sorprendió con su propuesta y reprodujo el 4-1-3-2 que dejó a Boca en la cuneta de las semifinales. Montiel y Casco aparecían en los costados, con Lucas Martínez Quarta y Javier Pínola cobijando al meta Armani -la zaga de tres centrales quedó descartada-. Por delante, Enzo Pérez sostenía a una medular conformada por la creatividad de Exequiel Palacios y el desborde de Ignacio Fernández y Nicolás de la Cruz. Matías Suárez y Rafael Santos Borré repetían en punta. Juan Fernando Quintero, Leo Ponzio y Lucas Pratto aguardarían turno -todos ellos lejos de su mejor forma física-. Desde la nómina habitual partiría el intento 'Millonario' por alzar su quinto título americano -el tercero en este lustro-.

Jorge Jesús, en su caso, tampoco innovaría con su planteamiento. No obstante, su idea de juego se destacó como la más productiva a lo largo de la temporada, con el Brasileirao en el bolsillo y con presencia en la batalla por el oro continental. Así, Diego Alves emergía custodiado por Rodrigo Caio y el español Pablo Marí, con Filipe Luis y Rafinha en los laterales. Willian Arão volvería a ser el ancla de la potencia física de Gerson y el desequilibrio de Giorgian De Arrascaeta y Éverton Ribeiro. Y la jurisdicción del remate correspondía al máximo goleador del campeonato, Gabriel Barbosa 'Gabigol', y al rompedor Bruno Henrique. Es decir, lo esperado también en una trinchera brasileña ilusionada y protegida por el contenido de su fútbol.

La confrontación entre estos dos colectivos, de aspecto y factura similar en su concepción de este deporte, alzó el telón con el intercambio de presiones adelantadas. El 'Mengao' se dispuso a acaparar una posesión controladora, horizontal, mientras que los bonaerenses apostaron a no arriesgar en la salida de juego y tender a la verticalidad tras robo. Mas, el arranque estaría presidido por las imprecisiones, el respeto mutuo y una intensidad que devendría en una exigencia global sobresaliente desde el prisma físico y técnico. Con las escaramuzas multiplicándose en un prólogo comprimido que no registraría llegadas peligrosas. Siquiera un disparo lejano y desviado de Bruno Henrique.

Las direcciones de ambos escuadrones se conocían bien y les costaría soltarse a los futbolistas. El 'Fla' quiso competir con su defensa en el ecuador del terreno, reclamando la iniciativa, pero River no se dejaría dominar y amenazó con un par de transiciones -sin remate- que acomplejaron a unos brasileños que retrasaron su dibujo y lo pagarían caro. En el minuto 13, con el 'Millonario' jugando y presionando en cancha ajena, Filipe Luis falló un control y Enzo Pérez sembró el 1-0. Abrió el ex del Valencia para el centro atrás, desde la línea de fondo, de Nacho Fernández. Amagaría Matías Suárez y, desde el punto de penalti, Santos Borré ajustó su derechazo a la cepa del poste.

Se inauguraría, desde ese prematuro punto, un examen a la mentalidad del Flamengo. Se calcula que la delegación de Río de Janeiro cuenta de más de 40 millones de aficionados y llevaban casi cuatro décadas sin gozar de una oportunidad semejante. Por ello, la tensión se disparó al tiempo que la ambición posicional táctica de los pupilos del 'Muñeco' aceleraba, refutando su comodidad en el cuerpeo por la gloria. Cada pieza argentina batallaba y ganaba los balones divididos, construyendo la acostumbrada red de ayudas que casi significó el 0-2 en el minuto 20, cuando Matías Suárez desbordó en profundidad y centró para el remate fallido de Nico de la Cruz. La competitividad de la 'Franja' mandaba en el tempo y las sensaciones.

Le costaba mucho al líder de la Serie A brasileña reconocerse en su cortejo coral del balón, acuciados por las emboscadas oponentes y el yacer atenazado por la cornada sufrida. Se cruzaría la media hora con la creatividad de Everton Ribeiro y De Arrascaeta por estrenar. Ambos fueron victimizados por el ardor táctico y la superpoblación central ordenada por Gallardo. Negada la salida por las bandas, la afamada conexión entre líneas carioca fue arrinconada. Y Matías Suárez chutaba, desde la frontal, por encima del arco de Diego Alves. La paleta colorida de Jorge Jesús estaba perdiendo el reto: su zaga se contaminó de dudas a la hora de tratar de salir de la cueva combinando. El nudo que lideraban los atacantes argentinos condujo a la inseguridad a veteranos como Filipe Luis o Rafinha y el adn asociativo brasileño mutó en ciertamente suicida.

Pero no renunció el 'Mengao' a su estilo, a pesar de la exhibición táctica de River y de la montonera de pérdidas en terreno propio. La consigna de no desestabilizarse y olvidar la hoja de ruta prevalecería en el conjunto en desventaja. Se trataba de granjearse tesituras favorables de control e ir domando el ritmo desde el monopolio de la posesión. Sin embargo, en el proceso de persecución de ese objetivo se partirían sus líneas casi en cada recuperación bonaerense, con Nacho Fernández, De la Cruz y Exequiel Palacios creciendo en el lanzamiento de relámpagos al vuelo. Precisamente este último conectaría un latigazo que lamió la madera -en el minuto 37-. La esencia se desnudaría: al menos hasta el descanso, River volaba en la voluntad de hacer descarrilar a su antagonista y los cariocas anhelaban un partido largo y de marcador corto para reagruparse desde el camarín. Y sin mayor incidencia que la hiperbólica brega anatómica, el colegiado decretaría el descanso. Con Armani inédito y 'Gabigol' -7 goles- y Bruno Henrique -cinco goles y cinco asistencias- secos. El libreto de Gallardo había gobernado.

En el entretiempo, el preparador luso Jorge Jesús tenía trabajo -suturar la ruptura de líneas en fase defensiva y el cortocircuito atacante- y un as en la manga: el cansancio argentino coherente con los 45 minutos de derroche volcánico. Por ello no modificaría ni la nómina de efectivos ni la puesta en práctica pensada. Así las cosas, la reanudación emitió un aviso con celeridad: la presión de River casi robó en la frontal de área de 'Fla', pero los espacios dejados promocionaron el primer chut -centrado- de Gabriel Barbosa. Los llamados a remontar habían pactado una mayor soltura y riesgo en la creación de contras, sin caer en el descontrol previo.

La anestesia añorada con anterioridad se tornó selectiva y Matías Suárez y Palacios responderían con una volea mal dirigida -después de un saque de banda intencionado de Casco- y un cañonazo desatinado. El 'Millonario' iba a verse constreñido a abrazar el modelo del pelotazo y búsqueda de la segunda acción -o de la recuperación alta-, saltándose la construcción en la medular. Para evitar conceder hectáreas por recorrer a unas flechas rivales que parecían mejor rimadas con Gerson, Filipe Luis y Rafinha.

Everton Ribeiro iría adquiriendo el papel de maestro de ceremonias desde la mediapunta, traduciendo en vértigo cada pase. De su visión de juego tomó forma la mejor llegada del Flamengo, con la apertura hacia un Bruno Henrique desatado y el centro de éste para el remate de 'Gabigol'. La zaga taponó ese intento pero no el propulsado por De Arrascaeta, sin marca y al borde del área pequeña. Armani salvó a los suyos -minuto 57- en la confirmación de una metamorfosis contra la que River guerreó, acudiendo a sus presiones agobiantes. Mas, pasada la hora de partido, empezaban a llegar tarde las ayudas argentinas y la circulación carioca atisbaba la luz, al fin. Sus piezas escalonadas, con Bruno Henrique dando anchura al campo y los laterales incorporándose.

Jorge Jesús sentaría a Gerson -con molestias- e inyectó el oficio de Diego Ribas -ex del Atlético- para alimentar la distribución que regaban, con más fluidez, De Arrascaeta y Ribeiro. Daba otra vuelta de tuerca ofensiva el luso, subiendo el riesgo. Y Nacho Fernández casi les hizo pagar con un remate alto -minuto 68-, justo antes de dejar su escaño al joven atacante Julián Álvarez -en un movimiento tendente a jugársela a sentenciar al contragolpe-. Las revoluciones ascendían de nuevo y el partido palpitaba hacia el ida y vuelta esperado por el espectador neutral. Condenado al esquema menos entero en cuanto a oxígeno en piernas y pulmones. Con 20 minutos por disputarse, el escenario se susurraba descosido en su desenlace. La negativa de Gallardo a defenderse con la posesión retrasaría sus líneas, regalaría metros y completaría la extinción del timón de Enzo Pérez, Palacios y De la Cruz. El técnico ahondaría en su maniobra supliendo a Santos Borré por el tanque Pratto y a Casco por el versátil defensor Paulo Díaz. Asumían el sufrimiento defensivo como paso necesario.

Una chilena fallida de De Arrascaeta -minuto 76- anunciaría el respingo energético de su colectivo y la caída de River Plate hacia una postura de supervivencia, perdiendo pie en el achique y en la captación de los rechaces. Había llegado la hora del asalto postrero del 'Fla' hacia la meta de Armani, conviviendo con la inteligencia de Pratto para leer la espalda contrincante. Este delantero y Palacios chutarían fuera, llegando desde atrás, al galope del vértigo que le quedaba al bloque argentino en la reserva, pero sólo el desatino en la concreción de los avances había privado a los subordinados de Jorge Jesús de las tablas. El luso quemaría las naves introduciendo a Vitinho por Arão -se quedó sin mediocentros-.

La agonía y la épica descendieron como parámetros a tener en cuenta en el intervalo trascendental. El 'Mengao' se sabía a un error en la entrega del 0-2 y los de la 'Franja' se debatían entre el encierro y la aventura hacia la sentencia. Y en el 88 estallaría por los aires la mística de Gallardo. Pratto -displicente desde su entrada- perdió dos veces el cuero en la medular. En la segunda ocasión Bruno Henrique despegó hacia un slalom punzante que fluyó en forma de centro forzado de De Arrascaeta que 'Gabigol' usó para empatar.

Se reiniciaba la competencia, con la prórroga asomando. Sin embargo, las dos inercias no eran simétricas y el empuje del que no tiene nada que perder hizo de pasadizo hacia la remontada. En el 93 Diego Ribas puso un balón largo para que Gabriel Barbosa lo peleara contra Martínez Quarta -impecable en todo el duelo- y Pínola. Y sobrevino el fallo terrible de éste último, que con un pobre despeje de cabeza patrocinó el zurdazo fulgurante y triunfal de 'Gabigol', confirmado pichichi de esta Libertadores. No cupo minutaje ni gasolina para que el 'Millonario', preso de dos errores puntuales, se levantara de la lona. Pero sí para que Palacios se ganara una roja que rebosaba impotencia -agresión a Bruno Henrique- y para que el goleador y MVP de la cita fuera expulsado -por enfrentarse al banquillo argentino-. La fiesta del Flamengo y su 'torcida' sería imparable. La felicidad tejió lágrimas de unión con el alivio de origen histórico de la plantilla que jugó el fútbol más bello en esta edición del torneo americano. Jorge Jesús se encumbró y Pablo Marí se erigió en el primer español campeón de la Libertadores.

- Ficha técnica:

2. Flamengo: Diego Alves; Rafinha, Rodrigo Caio, Pablo Marí, Filipe Luís; Éverton Ribeiro, Gérson (m.66, Diego), Willian Arão (Vitinho), Giorgian De Arrascaeta (m.94, Robert Piris), Bruno Henrique; y Gabriel Barbosa.

1. River Plate: Franco Armani; Gonzalo Montiel, Lucas Martínez Quarta, Javier Pínola, Milton Casco (m.77, Paulo Díaz); Exequiel Palacios, Enzo Pérez, Ignacio Fernández (m,69, Julián Álvarez), Nicolás De la Cruz; Matías Suárez y Rafael Santos Borré (m,75, Lucas Pratto).

Goles: 0-1, m.14: Rafael Santos Borré. 1-1, m.89: Gabriel Barbosa. 2-1, 92 m. Gabriel Barbosa.

Árbitro: Roberto Tobar (Chile), mostró tarjeta amarilla a Milton Casco, Matías Suárez, Pablo Mari, Enzo Pérez y Gabriel Barbosa. Expulsó a los 94 a Exequiel Palacios por patear a un rival en el piso y a 'Gabigol' por provocar a los jugadores rivales.

Incidencias: primera final a partido único en los 60 años de historia de la Copa Libertadores de América, disputada en el Estadio Monumental de Lima ante unos 80.000 espectadores.

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