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ÓPERA

Aclamado estreno de la ópera Il Pirata, de Bellini, en el Teatro Real

domingo 01 de diciembre de 2019, 18:00h

La noche del sábado el público del Teatro Real pudo disfrutar de una obra poco representada. Se trata de una nueva Producción del Teatro Real en coproducción con el Teatro alla Scala de Milán, bajo la batuta de Maurizio Benini y con la escena a cargo de Emilio Sagi. Los asistentes premiaron con una larga ovación la actuación de los cantantes principales, Javier Camarena, Sonya Yoncheva y George Petean.

El tenor Javier Camarena y la soprano Sonya Yoncheva estuvieron espectaculares en la première de Il Pirata en la noche del sábado. Este diario ha sabido que en uno de los estrenos, Camarena, sorprendido por el brío y potencia de la Yoncheva, se ató los machos y se puso enseguida a su altura, convirtiendo el ensayo –en los que lo cantantes sueles guardarse la voz para el estreno- en una auténtica première. Camarena cantó muy bien. Estuvo convincente, sabiendo imprimir al personaje la fuerza necesaria, pese a que el papel está escrito para un tenor lírico-ligero. Bellini concibió así al protagonista masculino de Il Pirata: agilidad en el canto, agudos estratosféricos, pero fuerza de carácter y gran presencia. Il pirata no puede ser un pusilánime. Por lo tanto, el papel debe interpretarlo un tenor lírico, con gran coloratura; pero con más fuerza y pasta vocal que los tenores líricos al uso. Aquí radica parte del problema de la poca programación de esta obra: hay que ascender repetidamente al Mib sobre agudo y, claro, es difícil encontrar un tenor que aúne un color y prestancia vocal, y sea capaz, además, de ascender a esas alturas del pentagrama. El público mexicano que acudió al estreno aplaudió a Camarena emocionado. Durante los aplausos pudo oírse una voz femenina –sin duda, por el acento, una compatriota- que decía: -“¡Muy bien Javi! (esta admiradora, desde antes de la función, había ido cambiando de butaca a otras que estaban libres, para conseguir estar más cerca del cantante).

La Yoncheva se ganó en el estreno del sábado el “articulo determinado”- si es que no lo tenía ya-. Pese a que, tras el descanso, se acusaba levemente cierto cansancio vocal –lo que es muy comprensible-, concluyó la ópera con una potencia vocal impresionante (quien escribe no pudo evitar reconocer en su timbre – en pasajes determinados- cierto parecido con La divina). Su aria final, conocida como Escena Final de Il Pirata, inmortalizada por la arriba aludida, la Callas -uno de los pasajes más bellos de la ópera italiana-, conmovió a todo. Bellini exige para el papel de Imogene, personaje femenino principal, una soprano llena, pero con gran facilidad para la coloratura, y en estupenda forma física, y La Yoncheva reúne todo eso.

El papel del barítono, Ernesto, Duque de Caldora y esposo de Imogene, no va a la zaga en exigencia vocal. Según Benini, director musical, ésta es una exigencia constante en las óperas belcantistas, de modo que, si no se cuenta con estos activos, es imposible representarlas. El barítono rumano George Petean estuvo a la altura requerida; demostró que Rumanía sigue siendo cuna de buenos cantantes.

En esta producción también intervienen cantantes españoles. El papel de Imogene correrá también a cargo de la española Yolanda Auyanet, que debuta el 1 de diciembre, junto con el tinerfeño Celso Abelo, que lo hace en el papel protagonista, Gualtiero. Otra soprano española, la barcelonesa María Miró, interviene en todas las funciones en el papel de Adele. También cantará todas las funciones el bajo Felipe Bou en el papel de Goffredo.

En cuanto a la escena, dos adjetivos: bella e imaginativa. Emilio Sagi, queriéndolo o no, presenta un escenario minimalista, pero sofisticadísimo en cuanto al color y la fotografía. Un escenario que recuerda la obra del famoso decorador italiano Piero Fornasetti (cielos nublados, mares embravecidos, dorados suntuosos, con motivos complejos y sinuosos; elementos estos usados por el decorador italiano en sus diseños de tejidos, papeles pintados…); y también a nuestro pintor Joaquín Sorolla: personajes vestidos de blanco se proyectan en el techo (fabricado de un metacrilato de espejo; toda la escena, un cubo, tiene este material, que proyecta infinitos planos de los motivos arriba aludidos), recordando al célebre lienzo Paseo a la orillas del mar, del inmortal pintor valenciano.

En definitiva –esto ha quedado claro-, Il Pirata constituye una valiente apuesta para los teatros que la programan, por su exigencia vocal. Vincenzo Bellini (1801-1835) la estrenó a una edad temprana –con tan solo veintiséis años de edad-. En ella el compositor de Catania esboza ya un lenguaje muy propio, el que le caracterizará e inmortalizará años más tarde. Se aprecian, por ejemplo, muchos rasgos que luego aparecerán en otras óperas de su madurez: hay siete acordes orquestales que el autor citará después en La Sonámbula, justo los que preceden, en la última ópera citada, al aria “Ah, non credea mirarti”. También se encuentran elementos que luego volverán, perfeccionados, en Norma (caballeta con Norma y Pollione); Aquí, en Il Pirata, casi todo el lenguaje de Bellini está ya presente y con una fuerza tremenda, que refleja la juventud del compositor.

Al mismo tiempo Bellini demuestra que sabe beber de los grandes maestros; es imposible no reconocer en su material escrito rasgos de Mozart. También comparte elementos con sus coetáneos, Rossini y Donizetti, mayores que él en edad, cuya obra debió de conocer exhaustivamente mientras acudía al Teatro San Carlo de Nápoles. También son reconocibles algunos elementos de la lírica española de la época. En cualquier caso, su lenguaje operístico es decimonónico, pero absolutamente meridional.

Según Joan Matabosh, director artístico del Teatro Real, esta ópera fue la que catapultó a Bellini al éxito, pese a que un tiempo después cayó en el olvido, tras su estreno en 1827. La obra sería rescatada por todo lo alto en 1953, con un reparto que contaba con María Callas como Imogene y Corelli como Gualtiero.

Bellini fue -como lo fue Mozart- un niño prodigio; ya componía obras de entidad a los siete años, además de ser profesor de música de funcionarios importantes. En Nápoles estudió con prestigiosos operistas como Zingarelli. Para su ingreso en la escuela de esta ciudad tuvo que presentar una serie de piezas instrumentales y vocales. Tras el ingreso, acudiría con asiduidad al Teatro San Carlo de Nápoles. Aquí los alumnos del Conservatorio estrenaban obras pequeñas compuestas en el contexto de sus estudios. La ópera de Il Pirata utiliza materiales que en esta época de estudiante Bellini compuso para su opera prima, Adelson e Salvini, estrenada en 1825 en el teatro citado, con estudiantes en los papeles protagonistas. Il Pirata, estrenada dos años más tarde, sería –como dice José Luis Téllez- un resumen, un riassunto de esta ópera juvenil de Bellini, en cuyo primer estreno intervino el tenor Giovanni Battista Rubini en el papel de Gualtiero.

Il Pirata se representará en el Teatro Real hasta el 20 de diciembre. Las funciones están dedicadas a Montserrat Caballé, una de las mejores intérpretes de la protagonista femenina y fallecida hace un año.

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