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TRIBUNA

Medrano, la ausencia deliciosa

domingo 01 de diciembre de 2019, 18:42h

La ausencia deliciosa es la que deja Medrano una vez leído cualquiera de sus libros. Diego, que lo escribe y lo lee todo. Se comió a Umbral y lo cagó por escrito. Una digestión mortal y rosa como la sangre que se decolora al escribirla. Hay que tener muchos cojones para escribir sobre Diego Medrano o simplemente ser un inconsciente. Corro el riesgo de que la maestría de Medrano me deje todavía más en evidencia, pero me apetece flagelarme a costa de reivindicar la figura literaria de este asturiano que se come la literatura para alimentarse a sí mismo. Medrano es un caníbal, un ovetense que obedece a su instinto de supervivencia. Cuando no lee o escribe es peligroso. Cuando lo hace es que lo está siendo. Medrano lo ha leído todo, hasta esto que se me está ocurriendo al dictado de lo que él me marca. Diego es el dictador justo de la palabra.

La verdad no se la merece nadie como decía Umbral, por eso Medrano se la dice a la cara de la frase a esos escritores más sinceros que respetuosos con la frase, que ni la miman ni la embellecen hasta dejarla en perfecto estado de revista para ser adorada. El estilo. Medrano es el estilo, la forma que tienen las frases cuando se las pinta con todos los colores, dejando un negro sobre blanco que llena el cielo de arco iris distintos, de colores que no existen que son siempre los más bellos. La belleza es que Medrano te escupa una frase por escrito. Mala baba es la que tiene Montero, quijote de mercadillo, Cervantes se retuerce en su tumba al ver quien dirige sus designios. Diego, fuiste tú el que me certificó que los verdaderos molinos de viento peligrosos tienen pinta de poeta granaíno de voz tirriosa y prosa política, la peor de todas las mezclas posibles.

Venir a Madrid sin paraguas es una irresponsabilidad. En Madrid llueve literatura a todas horas, en cada taberna de mala muerte, en las calles más siniestras y barojianas, Umbral en el Café Gijón la noche que llegó. Larra suicidándose en cada calle donde le dolía el acto necesario de escribir. Gómez de la Serna paseando por el Rastro y comprando baratijas que son una metáfora de oro. Tú escribiendo todo esto, al acecho, a la vuelta de la esquina donde la literatura siempre se hace plaza y calle Mayor. “Llévate el paraguas por si llueve” es el gran homenaje literario a una ciudad como Madrid que se ha hecho y que se hará seguro en este siglo. Anecdotario avasallador, crónica, narrativa, poética de los bajos fondos, gastronomía variada, de recursos de dandi gourmet y “letraherido”.

Medrano, poeta por donde llora mi alma también de fantoche, marginal. Siempre al margen de la sociedad, de los escritores triunfadores, los más fracasados. La poesía que no está manchada de mierda no limpia los ojos que la leen.

Medrano, escribiendo una novela negra que no se sabe si lo es o lo es demasiado o no lo es nada. Lo de los géneros es una cosa complicada y no solo para la literatura. Algo simple en esta sociedad que sí que lo es. La literatura es muchas veces la vida que debería ser. El crimen de Rambal está cometido por la literatura, asesina como todas las artes, pero ésta especialmente certera. Un instinto animal. La literatura es un lobo para la literatura. En definitiva, un aullido animal dado por nuestra amiga y poeta a la que presentaste su libro, Sara Cabeza.

Es un placer compartir lugar donde escribir, Diego (también contigo, amigo Arnao, y te escribiré pronto, al igual que de Jesús Nieto, el que ha hecho posible todo esto), y que esto haga que estemos más cerca, más aún de lo que consiguen tus textos. Un abrazo.

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