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ORIENT EXPRESS

Acudir al fuego

Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
domingo 01 de diciembre de 2019, 18:46h

El viernes pasado, en el Puente de Londres, un terrorista yihadista llamado Usman Khan mató a dos personas a puñaladas e hirió a otras tres. El asesino ya había estado en prisión por intentar poner una bomba en el edificio de la Bolsa en 2012. Se benefició de una reducción de condena y lo pusieron en libertad a los seis años. Cuando cometió este último crimen, asistía como invitado a una conferencia sobre rehabilitación de presos. La investigación ha revelado que, según los indicios, comenzó a atacar a la gente en el interior del edificio donde la conferencia se celebraba y después salió corriendo y llegó al puente. Allí lo mató la policía de dos disparos gracias a la intervención de varios ciudadanos que pasaban por el lugar.

Por supuesto, en los próximos días, no faltarán voces que se preguntarán si este terrorista padecía alguna enfermedad mental. Tal vez haya quien advierta del peligro de un repunte de la islamofobia o del riesgo de que se estigmatice a todo un colectivo por la acción de un desalmado. Tal vez haya quien señale que, en realidad, tanto los asesinados como su asesino son víctimas por igual y que, por todos ellos, debe sentirse una misma compasión y entonarse un mismo lamento.

Detengámonos, sin embargo, a hablar de esos tipos que se atrevieron a reducir a un terrorista armado con un cuchillo. Esta forma de atentado ya se ha visto en Europa. Israel padeció una oleada de terrorismo con cuchillos en 2015 y 2016 y este “modus operandi” reaparece cada cierto tiempo. En esta ocasión, Usman Khan, que blandía dos cuchillos, no logró matar a más personas porque algunos valientes se lo impidieron. Le hicieron frente y lo rodearon en el puente. Al menos dos de ellos, saltaron una valla metálica y se fueron a él para detenerlo. Hubo quien utilizó un extintor. Los vídeos que se han ido publicando dejan constancia del arrojo de estos hombres que se enfrentaron a un asesino.

No es la primera vez que ocurre. El 11 de septiembre de 2001, algunos pasajeros y miembros de la tripulación del avión United Airlines Flight 93 intentaron recuperar el control del aparato y pelearon con los terroristas que lo habían secuestrado. La aeronave se terminó estrellando contra el suelo en Pennsilvania. Fuera cual fuese el objetivo contra el que los terroristas pretendiesen estrellar el avión, no pudieron alcanzarlo. El español Ignacio Echeverría murió luchando con su monopatín contra uno de los terroristas del atentado de Londres de 2017 y salvó la vida de una chica francesa a la que el terrorista, también esta vez, estaba apuñalando. Su ejemplo de coraje enorgulleció a toda España.

Durante veinticinco siglos, nuestra civilización ha celebrado el heroísmo y recordado a quienes sacrifican su vida para salvar a otros. Horacio escribió que “dulce y honorable es morir por la patria”. El terrorista suicida muere para matar mejor y de forma más efectiva, pero los héroes no buscan morir, sino salvar a otros. Hay una diferencia moral insalvable entre una muerte y otra.

El Credo legionario, un cuerpo lleno de héroes de los que casi nunca se habla, reza que “La Legión, desde el hombre solo hasta la Legión entera acudirá siempre a donde oiga fuego, de día, de noche, siempre, siempre, aunque no tenga orden para ello”. Se llama “el espíritu de acudir al fuego” y debería enseñarse en los colegios desde la primaria. Ese espíritu de valor y sacrificio es el que hace grandes a los pueblos y el que inspira la resistencia y la victoria frente a las tiranías (no se engañen: eso y no otra cosa son el islamismo y el yihadismo).

Esta columna rinde hoy homenaje a esos ciudadanos que se fueron por el terrorista en lugar de salir huyendo.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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