www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

ESCRITO AL RASO

Desaceleración económica y economistas acelerados

lunes 02 de diciembre de 2019, 20:29h

Al este del Edén monclovita, Bruselas y demás, todo son preocupaciones. Algún experto de la cosa económica paneuropea ya ha dicho que el progresismo no nace con los gestos simbólicos, sino con unas buenas reformas técnicas y estructurales, pero lo que prometen es subida de impuestos como la tasa de transacciones financieras, la llamada “tasa Google” y un alza fiscal de Sociedades. No habrá, sin embargo, impuesto a la banca, ni derogación completa de la (infame) reforma laboral, ni subida del IRPF a los millonarios, ni control del precio de la vivienda: parece un programa tributario del Pepé. En Hacienda, María Jesús Montero dice que no habrá subidas masivas de impuestos a los que más tienen, no vayan a echarse a la mar en pateras. Escuela de cantos de sirenas progresistas para no ahuyentar al Ulises capitalista, inversor, tenedor y mecenas. La reivindicación social se acaba en sí misma ante la perspectiva del Poder y la CEOE pide moderación: Garamendi no quiere una Revolución de Octubre, porque en lugar de hacer política se haría bolchevismo y ya no quedan sóviets ni en Galapagar.

Entre las múltiples ignorancias de nuestra clase política está la financiera, porque los buenos economistas se dedican a escribir para el Financial Times o dan clase en el Graduate Institute de Ginebra. Porque la economía tiene su erótica, que es más que un pacto del abrazo, un preacuerdo o los niños en la guardería. Un país crece atrayendo inversores, como en un juego de seducción: hay inquietud en un empresariado que no ha sido seducido. En la plaza Mayor crece el “belén viviente” bajo los soportales: decenas de personas se protegen del frío bajo los cartones de los frigoríficos y las televisiones de plasma de los muy ricos. Se nos ha quedado como marca de eso que Franco llamaba la raza: los epulones y el lumpen, la familia de la Moraleja que lleva a los niños a ver las casetas y el paquistaní que canta con una rana en la boca vendiendo bichitos de silicona y libélulas fosforescentes a un euro. El pacto de la política económica entre Pedro y Pablo, santos apóstoles de la gobernabilidad, es continuista.

Nadia Calviño se ha gastado mucho en llamadas al Ibex por miedo a que el relato de Iglesias de “que viene el lobo empresario” le haya podido molestar a alguien e incluso ha viajado a Bruselas la semana pasada para decirles que son tiempos de concordia económica, de políticas fiscales que no pongan en riesgo el crecimiento, de concierto financiero, de recortes en medio de la aceleración y blablablablá. La derechona calla mientras Rodrigo Rato toma el sol a cuadros en la trena y Luis de Guindos “vicepreside” el BCE y da consejos y recaditos desde la planta 40 de la sede en Fráncfort. “Hace falta estabilidad”, ha dicho, igual que nos dijo Maruja, la pescadera de Mostenses, el otro día, mostrando la pieza con sus guantes rosas: “Mire qué merluza llevo, está viva”. Diciembre se nos va a hacer eterno, Maruja. Porque Calviño ha prometido estímulos “verdes”, que se podrían entender tanto como de un desarrollo de política ecológica como de una pornocracia en la que el sexo ha dejado de ser tabú hace décadas y los universitarios se entregan al desenfreno. El desnudo integral ya lo hizo en 2006 Albert Rivera, el niño del Ibex como lo llamaba Pablo Iglesias, tapándose las vergüenzas. Su disgusto le ha costado, que fue un precursor de lo verde a este lado de los Pirineos. Ahora solo lo hace –el “peep” show– delante de su chica al son de los grandes éxitos. No sabemos si primero fueron los empresarios o el desnudo. El caso es que el personal anda en la anécdota y no pendiente de la insuficiencia social. España, sí, como ese sex shop democrático que incita al pecado de la carrera política de tantos y tantos que se dedicaron otrora a oficios más dignos, como el de cómico. Ay.

Pero más allá de la retórica nacional y los economistas acelerados, nuestra política económica y laboral depende ahora mismo más de ideólogos que de tecnócratas, como la comunista galaica Yolanda Díaz, que promete –dice– con su keynesianismo de “realpolitik” que defenderá los intereses de los trabajadores. Progreso, progreso y más progreso. Veremos si la dejan. Porque lo malo no es hacer ideología, sino solo ideología, con uno de los índices de pobreza infantil más elevados de Europa –el nuestro es el cuarto en el ranking de la UE: nos adelantan en la exclusión infantil Rumanía, Bulgaria y Grecia– y una tasa de desigualdad social disparada, con la cuarta parte de la población en riesgo de exclusión (26,1%). España es insuficiente para los españoles: es el séptimo país de la Unión Europea con más pobreza y eso todavía no lo ha gritado nadie entre desnudo y desnudo. Porque la de las mayorías silenciosas sigue siendo la revolución pendiente. Lo demás, incluso la excusa de la desaceleración… es dar gato por liebre.

Twitter: @dfarranz

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (3)    No(0)


Normas de uso

Esta es la opinión de los internautas, no de El Imparcial

No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.

La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.

Tu dirección de email no será publicada.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.