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TRIBUNA

Galdós y el Ejército (y 2)

José Manuel Cuenca Toribio
sábado 14 de diciembre de 2019, 19:18h

La idea de Galdós del Ejército como reserva postrera de la España constitucional permanecería inmutable en su pensamiento hasta el término de su existencia. La “infame reacción”, torcedor tozudo de los destinos más venturosos del país, no tenía, a la postre un debelador más implacable y efectivo. Así, acaso en ningún otro pasaje de la obra galdosiana, tan atravesada de élan castrense, llega alcanzar dicho pathos la vibración y fuerza que al término de una de las escenas de la obra teatral Doña Perfecta (1896), cuando se identifica absolutamente la patria con la institución militar: “Es la patria armada- dirá el ingeniero Pepe Rey al escuchar los lejanos clarines del destacamento que se aproxima a Orbaneja para defenderla de la guerrilla carlista-, nuestra madre, a quien adoramos, defectuosa, imperfecta, como quiera que sea. Por ella vivimos, por ella morimos” (O.C., IV. Madrid, 1976, p.42.)

Pese a tan rotundo pronunciamiento en pro del Ejército como elemento axial de la identidad de la contemporaneidad nacional, Galdós obvió en su vasta obra, conforme se recordaba en el artículo precedente, calibrar el papel de las Fuerzas Armadas en la modernización de la sociedad española, cuando, efectivamente, disponía de todos los recursos para acometer la tarea con hartas posibilidades de éxito en su empeño. Ninguno de sus lectores desconoce al respecto el rico y enjundioso material que acerca de la milicia decimonónica encierra su asombrosa producción, en cantidad y calidad. Dejado su análisis –tal vez con exceso- al cuidado de profesionales castrenses, quizá haya llegado el momento de que las jóvenes hornadas del menester de Clío roturen, según sus preocupaciones y técnicas, una vertiente de la obra galdosiana que, a buen seguro, no defraudará sus hallazgos muy estimables en la búsqueda de los elementos decisivos de nuestra contemporaneidad.

En una hora como la presente, remecida por toda suerte de augurios y polémicas acerca del protagonismo de las grandes instituciones, repensar a Hobbes sin renunciar por ello ni un instante al legado inmarcesible de la Ilustración resulta de todo punto obligado. Para confrontar la misión y el deber social de las corporaciones y organismos articuladores básicos de la estructura del Estado, detenerse en el análisis de la función del Ejército en un Sistema constitucional no será incuestionablemente un ejercicio ocioso.

Y, sin duda, la pluma liberal e insobornablemente democrática echará sombra amiga sobre una empresa intelectual y política a la que cada día la actualidad de nuestro país peralta su urgencia y necesidad, más allá de los esfuerzos por escamotearla en pro de un irenismo insustancial.

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