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Ensayo

José Antonio Vázquez Taín: Pulso al Estado

domingo 19 de enero de 2020, 22:48h
José Antonio Vázquez Taín: Pulso al Estado

Espasa. Barcelona, 2019. 250 páginas, 18,90 €.

Por Alfredo Crespo Alcázar

En Pulso al Estado. Claves para entender el juicio del procés, el juez José Antonio Vázquez Taín no solo analiza lo ocurrido durante el juicio del procés, sino que también nos ofrece su opinión acerca de la dinámica rupturista impulsada por el separatismo catalán en los últimos años, particularmente a partir de 2011. Previamente, caracteriza con precisión milimétrica el modus operandi de los nacionalismos periféricos en nuestro país: Tras dos décadas de manipulación educativa y de control de los medios de comunicación, el nacionalismo catalán ha logrado que una parte de la población no se sienta identificada con España, hasta el extremo de que en determinadas zonas los profesionales universitarios tienen problemas con el manejo del castellano” (p. 37).

Hay una idea fundamental que recorre toda la obra: el procés obedeció a un plan rigurosamente establecido por el Gobierno de Cataluña. En consecuencia, la participación popular no resultó espontánea, tal y como insistieron los acusados durante el juicio. En íntima relación con este argumento, Vázquez Taín aporta otro que no debe caer en la marginalidad: el incremento de los partidarios de la independencia se produjo “casualmente” cuando la Generalidad asumió posiciones netamente soberanistas, en un momento en el que también salía a relucir la corrupción de CiU.

Como resultado, las instituciones políticas catalanas elaboraron un arsenal de documentos y subvencionaron a numerosas organizaciones cuya finalidad última consistía en subvertir la legalidad vigente y declarar la independencia, empleando la violencia contra la Policía Nacional y la Guardia Civil. Como el juicio certificó, la mal llamada “revolución de las sonrisas”, se transformó en escraches y ataques contras las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado cuando trataban de realizar su trabajo (efectuar registros, impedir votaciones ilegales…) ante la inacción de los Mossos d´esquadra. La Fiscalía reflejó este hecho: “Les bastaba con la pasividad de los Mossos d´esquadra para que una resistencia organizada en la ciudadanía y constantes incidentes puntuales generasen la intimidación suficiente para llevar a cabo sus planes” (p. 186).

En esta estrategia concertada y organizada, se observaron actores diferenciados que siguieron actuaciones complementarias, sobresaliendo al respecto: el Gobierno catalán, los Mossos d´esquadra, la Asamblea Nacional de Cataluña (ANC) y Omnium Cultural. Además, el aludido carácter planificado también se ha detectado en el modus operandi de los Comités de Defensa de la República el pasado mes de octubre tras conocerse la sentencia del procés. En palabras del autor: La Constitución hace años que no rige en Cataluña, de ahí que la mitad del pueblo odie a la otra mitad. Y, por ello, toda la violencia que, con posterioridad a la sentencia, se está desplegando en las ciudades catalanas es responsabilidad de los acusados y de quienes, junto a ellos, atacaron el orden constitucional” (p. 232).

Con todo ello, los “procesistas” han logrado éxitos en el terreno de la opinión pública, producto de su apelación machacona a un sintagma con el que han obtenido múltiples adhesiones, algunas procedentes de sectores nada sospechosos de connivencia con el separatismo: “votar no es delito”. Frente a la simplicidad de tal aserto, en la sentencia del juicio puede leerse que: La democracia presupone, es cierto, el derecho a votar, pero es algo más que eso. Supone también el respeto por los derechos políticos que el sistema constitucional reconoce a otros ciudadanos, el reconocimiento de los equilibrios entre poderes, el acatamiento de las resoluciones judiciales y, en fin, la idea compartida de que la construcción del futuro de una comunidad en democracia solo es posible respetando el marco jurídico que es expresión de la soberanía popular” (p. 225).

En lo que al juicio concierne, el autor reivindica la impecable actuación del Tribunal Supremo. En efecto, pese a los intentos por parte de los acusados de cuestionar la justicia en España y desprestigiar nuestra imagen internacional, durante su desarrollo se produjo un respeto escrupuloso de los derechos de partes: En el juicio del procés había que demostrar que el Estado de Derecho, lejos de ser una suerte de represión vengativa del Ejecutivo, es la garantía del equilibrio de poderes, de la igualdad de todos ante la ley y la herramienta de la paz social frente al caos de la jauría y del triunfo del más fuerte” (p. 94). No obstante, Vázquez Taín se inclina por sostener que efectivamente hubo delito de rebelión ya que los acusados han creado en Cataluña una realidad ajena al orden constitucional.

En definitiva, una obra de necesaria lectura escrita desde el rigor jurídico y contextualizada adecuadamente a partir de una radiografía precisa en la que se abordan los principales hechos (o provocaciones) cometidos por el Gobierno de Cataluña en la última década (9-N, 1-0, ley de transitoriedad, Declaración Unilateral de Independencia…). El autor considera que la aplicación de la sentencia solventaría la actual crisis; sin embargo, se muestra pesimista en tanto cuanto también estima que la solución política prevalecerá sobre la jurídica.

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